Entrevista efectuada por Devan Jensen                  
Brent L. Top es el presidente del Departamento de Doctrina e Historia de la Iglesia en BYU.
Devan Jensen es el editor ejecutivo en el Centro de Estudios de Religión.

            Jensen: En el año 2012 usted publicó What’s on the Other Side? What Gospel Teaches Us About the Spirit World. [¿Qué Hay en el Otro Lado? Lo que el Evangelio nos Enseña Acerca del Mundo de los Espíritus] ¿Por qué escribió este libro, y cómo se relaciona con alguna de sus publicaciones anteriores sobre ese tema, tal como Glimpses Beyond Death’s Door [Destellos de Más Allá del Umbral de la Muerte]? [Nota del Traductor: Las obras citadas en este artículo no están disponibles en español]

            Top: He estado investigando y escribiendo sobre el tema de la muerte y el mundo de los espíritus por más de veinte años. En 1993, publiqué (con Wendy mi esposa, como co-autora) Beyond Death’s Door. Recientemente, la editorial Covenant publicó una nueva edición del libro bajo el título Glimpses Beyond Death’s Door. Debido a esa investigación y a otras publicaciones anteriores, se me pidió que diera conferencias y que impartiera clases sobre ese tema durante la Semana de Educación en BYU y en otras sedes. Además en 1997 fui invitado a enseñar, haciendo equipo con el Dr. David Busath (médico y profesor de biología y fisiología), a la clase de honores, un coloquio de un semestre de duración titulado: “La Vida Después de la Vida—Un Examen Multi-disciplinario del Fenómeno de la Experiencia Cercana a la Muerte.” Esa fue una gran experiencia debido a que tuvimos eruditos y personas, miembros y no miembros de la Iglesia que han tenido esas experiencias, que les ofrecieron a los estudiantes perspectivas especiales sobre el tema.

            Hace unos años, la editorial Deseret Book me pidió que preparara una serie de disertaciones acerca de lo que los Santos de los Últimos Días enseñan sobre del mundo de los espíritus. Se publicaron en un juego de dos discos compactos titulados What’s on the Other Side? [¿Qué Hay en el Otro Lado?]. No mucho tiempo después el departamento de Educación Continua de BYU me pidió que hiciera una presentación en la Semana de Educación para ser transmitida en BYUTV con el título “What Is This Thing That Men Call Death?” [¿Qué Es Esta Cosa Que Los Hombres Llaman Muerte?]. Esa transmisión y los discos compactos se hicieron muy populares, y tanto Deseret Book como BYUTV recibieron muchas solicitudes de las citas y fuentes que usé en esas charlas. Recibí muchas peticiones de personas que querían las pláticas y las referencias porque deseaban compartirlas con alguien que había perdido a un ser querido. Así que, esa es la forma en que surgió el libro ¿Qué Hay en el Otro Lado? Deseret Book me pidió que pusiera esas pláticas en forma de libro para que la gente pudiera tener las fuentes. Organicé el contenido en paquetes relativamente cortos e incluí algo de material nuevo. Trata, principalmente, de las enseñanzas de los apóstoles y profetas SUD, entrelazadas con algunas fuentes no SUD que son importantes y fascinantes. El propósito del libro tiene dos aspectos: (1) informar, en un formato de fácil lectura, al mostrar algunas de las mejores fuentes SUD y no SUD sobre el tema y (2) inspirar y consolar a quienes lloran la pérdida de un ser querido y fortalecer los testimonios individuales con respecto al plan de salvación.

            Jensen: Dijo que ha estado investigando y escribiendo sobre este tema por más de veinte años. ¿Cómo fue que se interesó en el tema de la muerte y el mundo de los espíritus?

            Top: Creo que de una forma u otra todos estamos interesados en el tema. De hecho, mientras mas viejos seamos, más nos interesamos. Mi interés en el tema empezó al fin de los años 1970 y principios de los 1980 con la publicación de dos libros de mayor venta a nivel nacional: Return from Tomorrow escrito por George Ritchie y Life After Life escrito por el Dr. Raymond Moody. De allí en adelante empecé a examinar la literatura SUD sobre el tema y me familiaricé con algunas de las famosas experiencias cercanas a la muerte y los encuentros con el mundo de los espíritus que vivieron los líderes y miembros de la Iglesia. En los años 1990, el interés público en el fenómeno de las experiencias cercanas a la muerte aumentó, aún dentro de los círculos de los Santos de los Últimos Días. Se hicieron programas de televisión, películas y libros acerca de la vida después de la muerte. Recuerdo que en esa época, en una clase de la Escuela Dominical los miembros de la Iglesia mencionaron un libro muy popular que contaba la experiencia cercana a la muerte de un miembro de la Iglesia. Esa persona había estado en el programa de Oprah Winfrey, que como sabemos es la “¡validación de toda verdad!” El resultado fue que algunos miembros, sin darse cuenta, veían y usaban dichas experiencias como si fueran doctrina. Eso fue lo que me atrajo al tema y motivó mi investigación—no tanto las experiencias por sí mismas—sino la doctrina de la Iglesia. Me gustan las escrituras y las palabras de los profetas que establecen las doctrinas del reino. Las historias del mundo de los espíritus o las experiencias cercanas a la muerte son interesantes, pero la doctrina es esencial. Eso se convirtió en el principio que guía mi investigación. Mi enfoque total al escribir los libros Glimpses Beyond Death’s Door y ahora What’s on the Other Side? se basa en estas dos preguntas: ¿Qué enseña nuestra doctrina, y cómo nos ayuda a entender mejor y a discernir éstas experiencias? ¿Cómo pueden estas experiencias ilustrar, resaltar y ayudarnos a entender mejor nuestras doctrinas particulares con respecto a la muerte y el mundo de los espíritus?

            Jensen: ¿Qué quiere decir con “nuestras doctrinas particulares”? ¿De qué manera son distintas las enseñanzas SUD de otras doctrinas cristianas con respecto a después de esta vida?

            Top: Permítame contestar esas preguntas con un par de experiencias. En el año 1990, Robert Millet (que también ha escrito mucho acerca de las enseñanzas SUD con respecto a la vida después de la muerte) y yo asistimos a una conferencia anual de la Asociación Internacional para el Estudio de las Experiencias Cercanas a la Muerte, que ese año se celebró en Washington, D.C. No sabíamos que esperar. ¿Iba a consistir la conferencia de lo que llamaríamos “excéntricos”—“buscadores de OVNIS” gente con sombreros de aluminio—y cosas así? Pero no fue nada parecido a eso. Hubo científicos, doctores, teólogos y clérigos de distintas iglesias,  eruditos en muchas disciplinas académicas, y muchos buenos hombres y mujeres que habían experimentado algún tipo de encuentro con el mundo de los espíritus y que buscaban encontrar el significado de eso. Tan impresionante como fue esta reunión, lo que más me impactó fue el que la mayoría de esas personas conocían en lo general las creencias SUD acerca de lo que sigue a esta vida. Al sentarnos a comer con un grupo de los asistentes, fuimos bombardeados con preguntas sinceras y tuvimos conversaciones interesantes acerca de nuestras creencias. Eso me hizo comprender que poseemos doctrinas profundas y exclusivas concernientes al papel del espíritu y que probablemente las damos por hecho. La segunda experiencia ocurrió varios años después, mientras el hermano Millet y yo visitabamos a un pastor de los Discípulos de Cristo, que también era maestro de teología en una universidad en Nashville, Tennessee. Este hombre estaba escribiendo un libro acerca de lo que las distintas denominaciones cristianas enseñan acerca de la vida de ultratumba. Tuvimos una conversación muy interesante. Lo que más recuerdo fue su descripción de la teología SUD como “sofisticada y profunda.” Declaró que es posible que los mormones no comprendan qué tan profundas y exclusivas son sus creencias acerca del mundo de los espíritus. Eso me impresionó fuertemente. Recientemente, leí una declaración que lo confirma. Los escritores Coleen McDanell y Bernhard Lang, en su libro Heaven: A History [El Cielo: Una Historia] publicado por la Yale University Press, escribieron:
Las expresiones de la naturaleza del amor y de la esperanza de una reunión en los cielos persisten en la cristiandad contemporánea. Sin embargo, tales sentimientos no se sitúan dentro de una estructura teológica. El esperar encontrarse con su familia después de la muerte es un deseo y no un argumento teológico. . . . Los sacerdotes y pastores le pueden decir a los familiares que encontrarán a sus seres queridos en el cielo como una forma de consolación, pero el pensamiento contemporáneo no apoya esa creencia como lo hizo en el siglo diecinueve. Ya no hay un compromiso teológico fuerte hacia el cielo moderno [1] 
Y aquí está la parte que me llamó la atención y que una vez más confirma el poder de la doctrina: 
La excepción más importante a esta advertencia es la enseñanza de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, cuyos miembros son conocidos como mormones. La perspectiva moderna del cielo—que enfatiza la cercanía y la similitud del otro mundo con el nuestro y que defiende la naturaleza del amor, de la familia, del progreso y del trabajo—tiene su mayor proponente en el conocimiento de la vida de ultratumba que tienen los Santos de los Últimos Días (SUD). Mientras que la mayoría de los grupos cristianos contemporáneos omiten las creencias en la vida de ultratumba, lo que le sucede a la gente después de morir es crucial para las creencias y rituales SUD. Esa teología celestial no es el resultado de una mera especulación, sino de revelación dada a los líderes, anteriores y actuales, de la iglesia. 
El conocimiento SUD de la vida de ultratumba no ha tenido. . . . ninguna alteración desde que José Smith lo articuló. Si algo ha pasado, es que los Santos de los Últimos Días del siglo veinte se han vuelto mas audaces en su aseveración de la importancia de su teología celestial. . . . A la luz de lo que perciben como un mundo cristiano que ha abandonado la creencia en el cielo, muchos Santos de los Últimos Días, sienten una mayor responsabilidad de definir el significado de la muerte y la vida eterna.”[2]
            Esta declaración es muy interesante, y ayuda a explicar el por qué tengo el sentimiento y la responsabilidad de enseñar esta doctrina importante. De igual manera, todos deberíamos sentir la responsabilidad de aprender tanto como podamos acerca de ésta—no solamente por la forma en que la doctrina enriquezca nuestra vida—sino también porque puede bendecir al mundo e informar a quienes buscan la verdad pero “no saben donde hallarla” (véase DyC 123:12–14). El Profeta José Smith enseñó:
Todos los hombres saben que tienen que morir. Y es importante que entendamos las razones y causas del porqué estamos expuestos a las vicisitudes de la vida y de la muerte; y cuál es el designio y propósito de Dios en que vengamos al mundo, suframos aquí y luego salgamos de este lugar. . . . No es sino razonable suponer que Dios nos revelaría algo relacionado con el asunto, y es un tema que deberíamos estudiar más que cualquier otro. Deberíamos estudiarlo de día y de noche, porque el mundo nada sabe respecto de su verdadera condición y relación. Si tenemos el derecho de pedir algo a nuestro Padre Celestial debe ser el conocimiento sobre este importante tema. [3]
            Jensen: En base a sus años de investigación y enseñanza, ¿qué malas interpretaciones doctrinales o posibles errores al enseñar acerca del mundo de los espíritus ha encontrado entre  los Santos de los Últimos Días? ¿Qué recomendaciones daría usted para resolver estos problemas?

            Top: Permítame compartir tres principios rectores que trato de seguir. Estos principios se aplican no solamente a la investigación, a la enseñanza y al escribir acerca del mundo espiritual, sino también a todo lo que estudiamos y enseñamos acerca del evangelio. Primero, yo diría que: enseñe lo que dicen las escrituras, no lo que no dicen. Permítame ilustrarlo con una de las escrituras más citadas referentes al mundo de los espíritus: Alma 40:11–14. En el versículo once Alma dice: “Ahora bien; respecto al estado del alma entre la muerte y la resurrección, he aquí, un ángel me ha hecho saber”—esa es una fuente autorizada muy buena—“que los espíritus de todos los hombres, en cuanto se separan de este cuerpo mortal, sí, los espíritus de todos los hombres, sean buenos o malos, son llevados de regreso a ese Dios que les dio la vida.”

            Alma enseña claramente que hay un período de espera desde el tiempo de la muerte hasta la Resurrección. Esa es “doctrina confiable”. No hay lugar para malas interpretaciones allí. Alma lo dice clara y definitivamente, pero es la siguiente parte del pasaje la que a menudo se mal interpreta. En los versículos 12 al 14, Alma dice:
Y sucederá que los espíritus de los que son justos serán recibidos en un estado de felicidad que se llama paraíso: un estado de descanso, un estado de paz, donde descansarán de todas sus aflicciones, y de todo cuidado y pena. Y entonces acontecerá que los espíritus de los malvados, sí, los que son malos. . . estos serán echados a las tinieblas de afuera; habrá llantos y lamentos y el crujir de dientes. . . Así que éste es el estado de las almas de los malvados; sí, en tinieblas y en un estado de terrible y espantosa espera de la ardiente indignación de la ira de Dios sobre ellos; y así permanecen en este estado, como los justos en el paraíso, hasta el tiempo de su resurrección.
            Muchas veces he oído que los miembros interpretan el pasaje de esta manera: “Vean, las escrituras muestran que los justos están en el paraíso y los inicuos en la prisión espiritual.” Sin embargo, notarán que Alma no usa el término prisión espiritual en ninguna parte. Tampoco define quienes son los justos. Aún así con frecuencia hacemos nuestras conclusiones y decimos: “bueno, esos son los miembros de la Iglesia, y solamente los miembros de la Iglesia pueden  estar en el paraíso.” Pero eso no es lo que dice Alma. Lo que quiero aclarar aquí es que las palabras que usamos mucho cuando hablamos del mundo de los espíritus en el contexto de la doctrina de los Santos de los Últimos Días son: paraíso, prisión e infierno. Creamos en nuestra mente definiciones limpias, claras y concretas de dichos términos y las delineaciones entre ellos, pero las escrituras no lo hacen.

            De acuerdo con las escrituras, esos tres términos se pueden aplicar a cualquiera o a todos los espíritus en el mundo espiritual, dependiendo del contexto específico con los que se usan en las escrituras. Por ejemplo, el Presidente Joseph F. Smith enseña en Doctrina y Convenios 138 que todos los espíritus de los muertos veían su muerte como una servidumbre o “prisión” hasta la gloriosa reunión del cuerpo y del espíritu en la resurrección. Así mismo, aprendemos en las escrituras que toda la gente—los justos, los inicuos y todos los que estén entre esos—son relevados de muchas de las condiciones de nuestro mundo caído y mortal. Así que, cuando mueran van a estar en un estado de descanso. En este contexto, todos los espíritus experimentan un grado de paraíso. De hecho, en el discurso de King Follett, el Profeta José Smith declaró que cuando Jesús le dijo al hombre en la cruz: “hoy estarás conmigo en el paraíso” (Lucas 23: 43), se estaba refiriendo al mundo de los espíritus. De este modo, paraíso se puede aplicar a todos los espíritus, y prisión se aplica a todos los espíritus.

            Con respecto a la palabra infierno, la gente puede sufrir el infierno aquí en la mortalidad. Sin embargo, el infierno del que Alma está hablando, no lo sufren quienes no han escuchado el evangelio o quienes no han sido tan fieles, de acuerdo a su grado de conocimiento, como pudieron haber sido. Alma está hablando de los espíritus de los malvados que “no tienen parte ni porción del Espíritu del Señor, porque escogieron las malas obras en lugar de las buenas; por lo que el espíritu del diablo entró en ellos y se posesionó de su casa—estos serán echados a las tinieblas de afuera” (Alma 40:13). Está hablando de los hijos de perdición. Ese versículo no nos dice nada de la vasta mayoría de los espíritus que han vivido sobre la tierra. Alma está hablando acerca de los rectos (y recuerden que no nos define el término) en un extremo, y de los malvados en el otro extremo; y no nos dice nada acerca de todos los que están en medio. Sin embargo, tomamos este pasaje de Alma 40 y tratamos de decir que es la declaración definitiva con respecto a las condiciones del mundo de los espíritus. No creo que sea eso lo que Alma está diciendo o tratando de implicar. Creo que Alma solamente está explicando estos dos extremos. Así que cuando nos preguntamos: de acuerdo con los libros canónicos, ¿que tanto sabemos acerca del mundo de los espíritus? la respuesta es “no tanto como creemos saber.”

            En donde algunas ocasiones nos metemos en problemas—y ciertamente he cometido ese error—es cuando tratamos de entender la limitada información que hay en las escrituras y ponerla en un diagrama o en una presentación de PowerPoint, suponiendo que refleja plenamente lo que las escrituras enseñan acerca del mundo de los espíritus. En realidad, las escrituras no nos dan un diagrama, una gráfica, un mapa, unas fotos, o una imagen de Google Earth del mundo de los espíritus.

            Es claro que los antiguos tenían algún conocimiento del mundo de los espíritus. En el Antiguo Testamento, el autor de Eclesiastés escribió que cuando morimos “v[olvemos] a Dios” (Eclesiastés 12:7) Jesús, hablándole al ladrón en la cruz, dijo: “Hoy estarás conmigo en el paraíso” (Lucas 23: 43). Existen otras referencias en el Nuevo Testamento a la vida de ultratumba. Cuando Jesús caminó sobre el agua hacia sus discípulos, tuvieron miedo, pues creyeron que veían un fantasma o espíritu (véase Mateo 14:26). Pedro enseñó claramente que Cristo fue a predicar el evangelio en el mundo de los espíritus (véase 1 Pedro 3:18–20; 4:6), pero no nos da ninguna descripción de lo qué es ni en donde está. Así que creían en una forma de vida después de la muerte, pero ni el Antiguo ni el Nuevo Testamento nos dan muchos detalles.

            No deberíamos tomar estos u otros pasajes para decir algo que el autor no esté diciendo. Por ejemplo, Doctrina y Convenios 138 brinda revelación sobre el mundo de los espíritus, pero el Presidente Joseph F. Smith se enfoca en la obra redentora que se efectúa en el mundo de los espíritus, no en darnos una declaración definitiva de quienes está allí, en donde están, o si todos los espíritus malvados están en el hemisferio norte y los justos en el hemisferio sur o viceversa. Las escrituras no lo hacen. El capítulo 40 de Alma no nos da todo lo que hay que saber, y tampoco lo hace Doctrina y Convenios 138. Se requiere la revelación moderna—y los comentarios proféticos modernos—para enseñarlo. Eso nos lleva al segundo punto: Conozca lo que es doctrina y la que no es.

            La doctrina oficial de la Iglesia nos llega por medio de los libros canónicos y por los profetas, videntes y reveladores. El élder Neil L. Anderson enseñó en la conferencia general de octubre de 2012: “Hay un importante principio que gobierna la doctrina de la Iglesia. Todos los quince miembros de la Primera Presidencia y del Quórum de los Doce enseñan la doctrina; no está escondida en un oscuro párrafo de un discurso.” [4] De igual modo, el élder D. Todd Christofferson enseñó en la conferencia de abril de 2012: “Al mismo tiempo, se debe recordar que no toda declaración que haya hecho un líder de la Iglesia, pasada o presente, necesariamente constituye doctrina. Comúnmente se da por entendido en la Iglesia que una declaración hecha por un líder en una ocasión a menudo representa una opinión personal que, aunque bien pensada, no quiere decir que sea oficial o se vincule a toda la Iglesia.”[5] Es importante que recordemos que la doctrina se hallará en las declaraciones oficiales de los Hermanos, así como en las publicaciones y manuales de la Iglesia, y se enseñará abierta y repetidamente en la conferencia general. En lo que respecta al mundo de los espíritus la doctrina oficial es muy limitada.

            Hay muchas otras cosas que han dicho y publicado los líderes de la Iglesia y los miembros fieles—particularmente en el siglo diecinueve—que son interesantes, informadas y, en muchos casos, hasta inspiradas pero que no necesariamente son doctrina oficial. Algunas de mis favoritas son las declaraciones de Brigham Young, Parley P. Pratt y de otros pero que probablemente caerían en esta categoría. Eso no quiere decir que no las usemos al enseñar, o que no sean ciertas, pero nosotros y nuestros estudiantes debemos reconocer la jerarquía apropiada de las fuentes autorizadas. Creo que el artículo de Robert L. Millet “¿Cuál es Nuestra Doctrina?” [6] es un recurso excelente. Eso me lleva a mi tercer principio rector. Es lo que yo llamo El Principio Apócrifo.

            Cuando el Profeta José Smith estaba trabajando en la traducción de la Biblia (La Traducción de José Smith) el Señor respondió a su pregunta con respecto a que si debía traducir o no los Libros Apócrifos (véase DyC 91). Me encanta el principio que se enseñó. Aunque se refería específicamente a los Apócrifos, yo creo que tiene aplicación a lo que estudiamos y enseñamos del evangelio en lo general y a la doctrina del mundo de los espíritus en particular. El Señor dice: “Contienen muchas cosas verdaderas.” Y entonces el Señor dice que hay muchas cosas en ellos que no son verdaderas y “que son interpolaciones de los hombres” (DyC 91:1–2) Interpolaciones es una palabra interesante que ya no usamos mucho. ¿Significa lo mismo que interpretaciones u opiniones? No, literalmente significa: inserciones o adiciones no autorizadas a las escrituras. Ya sea que estemos leyendo inserciones, adiciones, opiniones, especulaciones o interpretaciones, las palabras del Señor deben guiarnos: “Por tanto, quien los lea, que entienda, porque el Espíritu manifiesta la verdad; y el que sea iluminado por el Espíritu logrará beneficio de ellos. Y el que no reciba por medio del Espíritu no puede beneficiarse” (DyC 91:4–6). Creo que ese mismo principio se aplica perfectamente a las enseñanzas acerca de la muerte y el mundo de los espíritus. Hay algunas cosas incluidas en las declaraciones de los primeros Hermanos que son especulación, interpretación u opinión pero que no necesariamente son falsas. Y tenemos que ser guiados y dirigidos por el Espíritu para saber qué es verdad, qué es doctrina, y como aplicarla en nuestras propias vidas.

            Jensen: Mencionó que no tenemos en las escrituras una gran cantidad de información con respecto al mundo de los espíritus. ¿Qué tanto aprendemos de las enseñanzas de los profetas de los últimos días? ¿Nos puede dar algunos ejemplos?

            Top: Estoy sorprendido por lo que dijeron y con la frecuencia que hablaron los primeros Hermanos acerca del mundo de los espíritus. El Profeta José Smith enseñó mucho sobre la muerte y el mundo de los espíritus, lo que él llamaba: “los principios de consolación.” [7] De hecho, algunos de los discursos más grandiosos del Profeta los pronunció en funerales. Creo que eso se debía a que el tema estaba en su mente después de las muertes de su padre, sus hermanos, sus hijos, y muchos de sus amigos cercanos y también porque estaba profundamente preocupado por muchos de los primeros Santos que habían perdido seres queridos. Virtualmente, todas las familias en Nauvoo habían sido tocadas por la muerte, en especial, la de los niños. Por eso, los Santos estaban preocupados acerca de lo que iba a suceder con sus ancestros y seres queridos fallecidos. Se preguntaban si sus antepasados podrían ganar la exaltación como se los había enseñado el Profeta José—y habló mucho sobre el tema. Me gusta mucho esta declaración del Profeta. Fue narrada por Benjamin F. Johnson, en lo que describe como una visita del Profeta a los Johnson en Ramus, Illinois. Benjamín dice que el Profeta: “con un respiro profundo, como si fuera un suspiro de cansancio . . . se sentó pesadamente en la silla y dijo: ‘¡Oh! estoy muy cansado; tan cansado que con frecuencia anhelo mi día de descanso. Porque, ¿qué ha habido para mí en esta vida sino tribulación?’”[8] Cuando se piensa en todo lo que los Santos habían pasado, especialmente en Missouri, y como es que después de haber llegado a lo que pensaban sería un lugar de paz y descanso en Nauvoo, las nubes de tormenta se empezaron a juntar otra vez. Debieron preguntarse “¿Cuando hallaremos descanso?” Eso me hace recordar las palabras del himno de los pioneros—un clásico mormón—¡Oh, está todo bien!: “Aunque morir nos toque sin llegar. / ¡Oh, está todo bien!”[9] Esta promesa de una eventual paz y descanso es el centro de las enseñanzas del Profeta acerca de la muerte, el mundo de los espíritus y la consolación. Les testificó repetidamente a los fieles: “todo está bien” al morir—o como lo declaró una revelación anterior—“los que mueran en mí no gustarán la muerte, porque les será dulce” (DyC 42:46). En la visita comentada anteriormente, le dijo a Benjamin F. Johnson: “Desde que era joven, he sido perseguido por mis enemigos, y ahora ¡hasta mis amigos se están empezando a unir con ellos para odiarme y perseguirme! ¿Por qué no habría de desear mi hora de descanso?” Y entonces, dijo: “No estaría lejos de ustedes, y aun del otro lado del velo estaría trabajando con ustedes todavía, y con un poder grandemente aumentado, para continuar este reino.”[10]

Creo que esta historia resalta otra doctrina importante del evangelio restaurado enseñada repetidamente por los profetas y apóstoles, y es que el mundo de los espíritus está aquí en la tierra y los espíritus de nuestros seres queridos que han partido, en realidad están entre nosotros. Para mí, este es también un principio vital de consolación. Esta doctrina es muy consoladora para los Santos así como es única entre las creencias cristianas acerca de la vida de ultratumba. Nuestros familiares y amigos fallecidos no se han ido, tampoco están lejos, muy lejos, en algún cielo distante. El Profeta José Smith enseñó: “No están lejos de nosotros, y conocen y entienden nuestros pensamientos, sentimientos y movimientos, y a menudo sufren por eso.” [11] Brigham Young enseñó que el mundo de los espíritus está aquí en la tierra,[12] y Parley P. Pratt dio una explicación muy amplia sobre cómo y por qué es ese el caso.[13] Joseph F. Smith dijo: “creo que nos movemos y tenemos nuestro ser en la presencia de mensajeros celestiales. No estamos separados de ellos. . . . Estamos relacionados muy de cerca a nuestros seres queridos, a nuestros antepasados, a nuestros amigos, a los socios y compañeros de trabajo que se nos han adelantado al mundo de los espíritus.”[14] Creo que es la doctrina exclusiva de la salvación para los muertos la que realmente le da significado personal a la doctrina del mundo de los espíritus. Las enseñanzas de los primeros Hermanos enfatizaron la cercanía de nuestra familia, la cercanía del mundo de los espíritus, la relación entre los dos reinos, y el hecho de que los espíritus continúan interesados y ocupados en la obra del Señor en ambos lados del velo.

            Jensen: En su opinión, ¿por qué cree que los primeros Hermanos enseñaron tanto sobre el mundo de los espíritus? ¿Hablaban más de eso de lo que se hace hoy en la Iglesia?

            Top: No estoy seguro de que los primeros Hermanos hablaran más frecuentemente o más extensamente sobre el tema que los líderes de hoy, pero claramente, hay algunas enseñanzas muy fascinantes de Brigham Young, Heber C. Kimball, Jedediah Grant, Orson y Parley Pratt y otros. Estoy convencido, al igual que otros eruditos, de que Brigham Young tuvo experiencias cercanas a la muerte, una de las cuales sucedió justo antes de que los Santos entraran al Valle de Salt Lake en julio de 1847. Esa puede ser una de las razones por las que él habló mucho acerca del mundo de los espíritus. Yo creo que se puede ver la evidencia de su encuentro personal con el mundo de los espíritus en la siguiente declaración:
Puedo decir con respecto a la partida de nuestros amigos, y nuestra propia partida, que he estado lo suficientemente cerca para entender la eternidad de forma que he tenido que ejercer mucha más fe para desear vivir que la que jamás he ejercido en toda mi vida. El fulgor y la gloria del siguiente departamento es inexpresable. No existen allí los lastres que llevamos aquí de forma que al avanzar en años tropezamos y hemos de ser muy cuidadosos para no caer. . . . Pero allá, ¡qué diferente! . . .
Aquí, constantemente estamos asediados con enfermedades y sufrimientos de distintas clases, . . . pero en el mundo de los espíritus somos libres de todo esto y disfrutamos vida, gloria e inteligencia.[15]
            Hay otra experiencia cercana a la muerte muy bien documentada de uno de los primeros Apóstoles SUD y que hizo una contribución importante a las enseñanzas doctrinales con respecto al mundo de los espíritus. Es la experiencia de Jedediah M. Grant, consejero del Presidente Brigham Young. Fue relatada por el Presidente Heber C. Kimball durante el funeral del Presidente Grant. El Presidente Grant habló de la luz y amor increíbles que disfrutó en el mundo de los espíritus. “También habló de los edificios que vio allí, resaltando que el Señor le había dado sabiduría a Salomón y le puso oro y plata en sus manos para que pudiera demostrar su destreza y habilidad, y dijo que el templo erigido por Salomón era muy inferior que cualesquiera de los edificios ordinarios que vio en el mundo de los espíritus.” El Presidente Grant dijo que lo más espantoso de su vida fue el tener que regresar a la tierra porque la mortalidad palidece en comparación a lo que experimentó más allá del velo.[16]

            Hay un par de pasajes en la Doctrina y Convenios que creo que son profundos para ayudarnos a entender como es el mundo de los espíritus y como se compara a nuestra existencia mortal. El primero se encuentra en la sección 77. La revelación no usa específicamente el término mundo de los espíritus ni habla directamente de la doctrina de la vida después de la muerte, pero enseña un principio que entonces podemos aplicar a nuestra comprensión de esas cosas. Hablando del simbolismo del libro del Apocalipsis, el Señor le dijo al Profeta José: “siendo lo espiritual a semejanza de lo temporal, y lo temporal a semejanza de lo espiritual.” Luego lo aplica al cuerpo espiritual y dice: “el espíritu del hombre a semejanza de su persona.” Brigham Young dijo que este es un principio importante porque no solo nos dice que dentro de nuestro tabernáculo terrenal hay un espíritu inmortal que, por lo general, se ve como nuestro cuerpo, sino también porque nos dice que en gran medida el mundo de los espíritus se ve y está organizado como el mundo terrenal. “siendo lo espiritual a semejanza de lo temporal.” Y lo enfatizó cuando dijo: “Cuando estén en el mundo de los espíritus, todo aparecerá tan natural como las cosas ahora. Los espíritus se familiarizarán con los espíritus en el mundo de los espíritus—conversarán, se mirarán y usarán toda manera de comunicarse entre sí—con la misma familiaridad que lo hacían mientras estaban en el cuerpo. Allí, como aquí, todas las cosas serán naturales y las entenderán como entienden aquí las cosas naturales.”[17]

            Para mí, esta no solamente es una importante contribución a nuestro entendimiento de la doctrina, sino también otro “principio de consolación.” Nos enseña no solamente que nuestros seres queridos fallecidos están cerca de nosotros sino que están involucrados en actividades familiares. Algunos pueden pensar que lo único que hacen los espíritus en el otro lado es flotar en las nubes, tocando el arpa. Otros pueden pensar que lo único que se hace allá es la obra misional. Algunas veces bromeo en mis clases diciendo que si al pasar al otro lado encuentras que te están predicando eso no es una buena señal. Pero sabemos que esto tampoco es cierto. Estaremos enseñando y se nos enseñará, serviremos y nos servirán; al igual que aquí. Eso me lleva a otro pasaje de las escrituras que es vital para entender la doctrina del mundo de los espíritus y lo que se hace allí. El Profeta José Smith enseñó que “la misma sociabilidad que existe entre nosotros aquí, existirá entre nosotros allá” (DyC 130: 2). Aunque específicamente estaba hablando de la vida después de la Resurrección, creo que se aplica en cierta medida a la vida en el mundo de los espíritus. Allí, conversaremos, lloraremos, reiremos y nos ocuparemos, al igual que aquí, en cosas importantes y productivas.

            Sin embargo, debo admitir que me he preguntado cómo es que el mundo de los espíritus, según lo enseñó Brigham Young, se verá tan natural como aquí en la tierra, especialmente cuando se lee acerca de “gloria inexpresable,” edificios que rebasan la grandeza del Templo de Salomón, jardines que son incomparables en su belleza y color. En son de broma digo que la vida terrenal se podría comparar con la televisión regular cuando la inventó Philo Farnsworth, y que el mundo de los espíritus se parece más a la televisión a colores de alta definición, mejorada con una resolución y detalles hermosos increíble. Hay una frase en la declaración del Profeta José Smith, en donde habló de la “misma sociabilidad,” que puede ilustrar este principio: “pero la acompañará una gloria eterna que ahora no conocemos” (DyC 130:2; énfasis agregado). Otra vez, como lo mencioné anteriormente, estoy aplicando los principios de este texto al mundo de los espíritus. Los espíritus de los justos, cuando menos, poseerán un nivel de gloria que les brinda capacidades y les permite experiencias que no podemos tener de la misma manera en este mundo caído y con cuerpos físicos mortales. Eso explica algunas de las enseñanzas extraordinarias de los primeros Hermanos. Por ejemplo, Brigham Young enseñó que cuando entremos en el paraíso seremos libres de “viajar con la velocidad del relámpago.” Comparó ese movimiento espiritual, que incluye lo que ahora llamamos “viaje en el tiempo” con el relámpago o la electricidad (quizás ahora podríamos incluir la fibra óptica, los satélites y la Internet). Estos, dijo Brigham, “brindan una gran ilustración de la habilidad y el poder del Todopoderoso. . . . Cuando pasemos al mundo de los espíritus poseeremos una cierta medida de este poder.”[18] Quizás esto es lo que quiso decir el Profeta José cuando describió a los espíritus de los justos como que estaban “envueltos en llamas de fuego.”[19] Este es otro ejemplo de las capacidades aumentadas de los cuerpos espirituales.

            El élder Orson Pratt habló extensamente del modo de comunicación en el mundo de los espíritus. Ahí, dijo, la comunicación no depende de las ondas de sonido ni de los nervios auditivos en nuestros oídos. En vez de eso, nos comunicamos de mente a mente, de espíritu a espíritu. En mi investigación me encontré con muchos relatos de personas (no SUD) que estuvieron cerca de la muerte que hablaban de esta comunicación telepática. Eso puede sonar como algo sacado de Viaje a las Estrellas, pero en realidad las escrituras y los profetas describen eso como el “espíritu de revelación”—o sea, que Dios le habla a nuestra mente y corazón (véase DyC 8:2–3). José Smith enseñó que la comunicación es “independiente de la afinidad de este tabernáculo mortal, pero [que se] revela a nuestro espíritu como si no tuviéramos cuerpo.”[20] Eso es comunicación perfecta.

            Hay otro aspecto de esta capacidad ampliada de los espíritus justos en el mundo de los espíritus que realmente anhelo; la capacidad aumentada para aprender y tener conocimiento. El Presidente Brigham Young declaró: “No dejaré de aprender mientras viva, ni cuando llegue al mundo de los espíritus; pero allá aprenderé con una mayor facilidad.”[21] El élder Orson Pratt también enseñó que la capacidad de los espíritus para aprender será “ampliada grandemente,” casi como si tuviéramos cincuenta sentidos en vez de cinco. “En lugar de pensar en un canal,” declaró Pratt, “el conocimiento fluirá de todas partes; vendrá como la luz que fluye del sol, penetrando por todas partes, informando al espíritu y dándole conocimiento concerniente a diez mil cosas al mismo tiempo; y la mente podrá recibir y retener todo.”[22] ¡Wow! ¿No te hace sentir como que quieres morir? Estas son solamente unas pocas de las enseñanzas de los profetas y apóstoles acerca del mundo de los espíritus. Son como copos de nieve en la punta superior de un témpano de hielo. ¿Pueden ver ahora que lo que enseña el evangelio restaurado—por medio de las escrituras y los profetas—acerca del mundo de los espíritus y del plan de salvación, es mucho más comprehensivo y profundo de lo que se puede ilustrar en un diagrama en el pizarrón o en una transparencia de PowerPoint?

            Jensen: En sus libros usted menciona muchas fuentes y personas que no son de la fe SUD. Alguien que usted cita con frecuencia es Emanuel Swedenborg. ¿Quién es y que podemos aprender de él?

            Top: Swedenborg fue un científico sueco del siglo dieciocho, era ingeniero y filósofo religioso que también era fiel cristiano creyente de la Biblia. El decía que se le había permitido visitar lo que nosotros llamamos el mundo de los espíritus (él lo llamó “cielo e infierno”) de forma frecuente y prolongada. Describió lo que vio y aprendió en esas experiencias en su obra clásica, Heaven and Hell [Cielo e Infierno], que se publicó primeramente en latín en el año 1758 y en inglés en 1812. Ralph Waldo Emerson, lo llamó “uno de los gigantes de la literatura” y una de las mentes más brillantes en la historia humana.[23] La razón por la cual lo cito, a él y a otros como él que fueron bendecidos con conocimiento y experiencias espirituales, se relaciona con el Principio Apócrifo del que hablé antes. Usando el espíritu para discernir la verdad, podemos aprender y aplicar lo que aprendemos de ellos.

            Me gusta mucho la declaración del Presidente Howard W. Hunter: “Todos los hombres comparten el patrimonio de la luz divina. Dios opera entre sus hijos en todas las naciones, y los que buscan a Dios tienen derecho a recibir más luz y conocimiento, no importa cual sea su raza, su nacionalidad o sus tradiciones culturales.”[24] Brigham Young dice, “‘El mormonismo’ incluye toda la verdad.” Dice además, “Si los infieles poseen una verdad, le pertenece al ‘mormonismo’. . . . No existe verdad alguna que no pertenezca al Evangelio.”[25] Como Santos de los Últimos Días reconocemos que tenemos parámetros muy definidos para establecer la doctrina oficial, pero no creemos poseer una esquina en el mercado de la verdad y la inspiración. Creemos que todos los pueblos de la tierra son los amados hijos de Dios y que Él se comunica con ellos también ya que desea que regresen a Él y gocen de las bendiciones de la plenitud de su gloria.  Da experiencias, conocimiento y revelación a todo tipo de personas. Algunas veces eso “se traduce” o se interpreta de acuerdo con su propia cultura y tradiciones religiosas, y ahí es donde debemos discernir cuidadosamente. En el año 1978, la Primera Presidencia escribió: “Los grandes líderes religiosos del mundo, como Mahoma, Confucio, y los Reformadores, así como los filósofos Sócrates, Platón, y otros, recibieron una porción de la luz de Dios. Dios les dio verdades morales para iluminar a naciones enteras y para traer un mayor entendimiento a las personas.”[26] De acuerdo con esas verdades, creemos que Dios les ha dado y les seguirá dando a todos los pueblos el conocimiento suficiente para ayudarles en su sendero hacia la salvación eterna, ya sea en esta vida o en la venidera. ¡Qué eso no nos preocupe ni por un segundo! Hemos de regocijarnos de que el Señor les de una porción de Su verdad con respecto al mundo del más allá.

            Emanuel Swedenborg, en mi opinión, fue uno de los muchos a quienes el Señor ayudó a conocer grandes verdades del evangelio. Fue un hombre del Renacimiento en el más completo sentido de la palabra. ¿Se equivocó en algunas cosas? Absolutamente. Pero también supo muchas cosas correctas y estoy convencido de que el Señor lo inspiró y le ayudó a entender cosas dentro del contexto del mundo en el cual vivió, y fue mucho antes de que se restaurara el evangelio.

            Las enseñanzas de Swedenborg sobre el mundo de los espíritus son profundas en muchas formas. En cierta manera parecido a Carl S. Lewis (a quien con frecuencia citan los Santos de los Últimos Días), Swedenborg tiene una manera exclusiva de decir cosas que ilustran e informan nuestro entendimiento de la doctrina. Eso es el por qué es importante que tengamos en mente el Principio Apócrifo cuando leamos y estudiemos las experiencias de otras personas. En el libro Glimpses Beyond Death’s Door, usamos muchas experiencias de no miembros de la Iglesia. Son valiosas porque no llevan ningún “equipaje” o interpretación religiosa particular. Solamente describen su experiencia cercana a la muerte. Eso fue alentador y era lo que yo, como autor, estaba buscando ya que no quería historias tendenciosas; quería únicamente que describieran sus experiencias. Tales narraciones nos permiten ver la experiencia y preguntar: ¿cómo se relaciona esto con lo que sabemos por revelación y por los libros canónicos? No quiero de ninguna manera que una persona que lea mis libros piense que la experiencia cercana a la muerte (o encuentro con el mundo de los espíritus) de alguien establece la doctrina; porque no lo hace. Las experiencias de otras personas nos ayudan a entender, o nos dan un momento de “asombro” , pero, como lo enfaticé más arriba, las escrituras y las palabras de los apóstoles y profetas son las que establecen la doctrina de la Iglesia.

            Jensen: Mi abuelo tuvo una experiencia cercana a la muerte, y dijo que se le dio la oportunidad de escoger entre regresar a su familia o quedarse en el mundo de los espíritus. ¿Es eso algo común en los relatos que ha leído?

            Top: Sí, eso es muy común en la literatura de las experiencias cercanas a la muerte. Probablemente, todos tenemos un antepasado, pariente, amigo o conocido que ha tenido una  experiencia cercana a la muerte o algún tipo de destello más allá del velo. Es probable que haya cuando menos dos razones por las cuales no sabemos mucho de eso. En nuestra cultura SUD, algunos verían esas experiencias como algo muy sagrado o personal para comentarlo a la ligera. Por otro lado, quienes han tenido este tipo de experiencias pueden pensar que están locos o los doctores les han dicho que tuvieron alucinaciones o reacciones a medicamentos (aunque las verdaderas experiencias cercanas a la muerte son diametralmente diferentes a esas). En una encuesta realizada por Gallup hace muchos años, se encontró que una de cada 18 personas en los Estados Unidos había tenido una experiencia cercana a la muerte. Eso me dice que son mucho más comunes de lo que pensaríamos. Si tales estadísticas fueran algo exactas, eso significa que mas de medio millón de miembros de la Iglesia han tenido ese tipo de encuentros con la vida de ultratumba. ¡Ese es un pensamiento asombroso!

            Mi propio suegro tuvo una de tales experiencias antes de morir. Nunca dijo que se le hubiera dado a escoger el regresar a la tierra, pero no teníamos duda de que “regresó” a fin de terminar su misión en la mortalidad. Por qué algunos tienen, y otros no, la oportunidad de escoger si regresan, no lo sé, ni tengo idea. Pero me parece un concepto fascinante porque con frecuencia se menciona que el Profeta José Smith enseñó que tenemos un tiempo señalado para morir y que ningún hombre justo muere antes de tiempo. [27] Yo creo que eso indica que la hora señalada para morir es un espacio relativo de tiempo más que una fecha específica; la obra es de tanta importancia en ambos lados del velo, que puede ser que no importe el cuando mueres exactamente, y por eso, a algunos se les permite escoger.

            Jensen: ¿Cuáles son las dos o tres cosas más importantes que ha aprendido durante sus años de investigación sobre el mundo de los espíritus y las doctrinas relacionadas?

            Top: Esa pregunta es difícil, igual que si me preguntara cuál de mis nietos es el favorito. Una de las razones del por qué he realizado toda esta investigación y he estado trabajando en esto durante más de veinte años es porque no solamente es una investigación interesante que me ayuda a entender la doctrina de la muerte, sino porque es extraordinariamente motivadora. Mientras más estudio acerca del mundo de los espíritus, más se enriquece mi vida, El conocer el que será allá y entonces nos ayuda a saber cómo debería ser aquí y ahora. Conocer lo que dice el evangelio sobre el morir nos enseña mucho acerca del vivir.

            Shakespeare compartió este sentimiento cuando dijo: “Sé absoluto [o podríamos decir, “preparado”] para la muerte; como consecuencia, tanto la vida como la muerte serán más dulces.”[28] Ahí está el eslabón directo entre esta vida y la siguiente. Algunas personas podrán pensar que el estudiar acerca de la muerte y el mundo de los espíritus, es algo morboso, pero en realidad, es muy inspirador. Epíteto, el filósofo griego del primer siglo enseñó: “Mantén a la muerte . . . delante de tus ojos a diario. . . . Así no tendrás malos pensamientos nunca, ni codiciarás algo sin medida.”[29] Sería de muy mal gusto decir “Deja que la muerte esté siempre delante de tus ojos” pero ¿acaso no es lo que hacemos al obedecer la amonestación del Señor: “reposen en vuestras mentes las solemnidades de la eternidad” (DyC 43:34)? El recordar que todos cruzaremos el umbral de la muerte algún día y daremos un informe de nuestras vida nos ayuda a enfocarnos en las cosas que más importan. El élder Orson Pratt lo dijo de mejor forma:
Y no se olviden de ver hacia los gozos que nos esperan adelante, si lo hacemos nos haremos descuidados, inactivos y perezosos, y pensaremos que no vemos mucho adelante que podamos esperar; pero si mantenemos nuestra mente en el premio que yace adelante—en los vastos campos de conocimiento que se verterán sobre los justos—y en las glorias que se revelarán y en las cosas celestiales que hay en el estado futuro, estaremos en alerta continua; somos seres que han de vivir aquí por tan solo lo que sería un momento. Dejen que estas cosas penetren profundamente en nuestras mentes continuamente, y nos harán felices y atentos en hacer a nuestros prójimos lo que nos gustaría que ellos nos hicieran. Con el fin de no estar faltos de alguna de estas cosas, es la razón por los que he hablado del tema del estado futuro del hombre en los últimos dos domingos, para incitar las mentes limpias de los Santos para que nos preparemos para las cosas que están adelante, no muy lejos, y que todas las acciones de nuestra vida influyan en el futuro.[30]
            Otra de mis cosas favoritas resultado de mi investigación se relaciona con eso. Es el concepto de hacer una revisión de nuestra vida. Una de las observaciones más comunes que las personas que han tenido una experiencia cercana a la muerte, o de alguna manera un tipo de encuentro con el mundo de los espíritus, es que hablan de que la vida pasó ante sus ojos—que pasaron por un cierto tipo de juicio. Esto me parece fascinante a la luz de las escrituras y la doctrina que tenemos.

            Muchos no miembros de la Iglesia, no solamente vuelven a vivir sus vidas y ven eventos específicos, sino que experimentan las consecuencias de las decisiones que han hecho, lo que incluye algunas veces el ver la forma en que sus decisiones afectaron la vida de otras personas. Da un poco de miedo el pensar en eso. Cuando muera, no solamente veré mi vida sino que experimentaré el impacto, bueno o malo, que mi vida y mis decisiones tuvieron en otras personas. Para mí, eso es algo muy interesante—especialmente a la luz de Alma 41—en donde Alma le enseña a su hijo la doctrina de la restauración. En resumen, dice lo siguiente: “Lo que hemos pensado, hecho y dicho, nos será restaurado.” Siempre me he preguntado cómo será eso posible. Si has obrado mal, ¿como es que se te restaurará el mal? Si has hecho el bien, ¿como se te restaurará el bien? El apóstol Pablo le llama la ley de la cosecha; lo que siembres, cosecharás (véase Gálatas 6:7, 9). En la vida, hasta cierto grado, vemos como funciona esto. Pero en el mundo de los espíritus la ley de restauración es una recompensa perfecta y absolutamente justa para nuestros hechos en la vida. Obtenemos lo que dimos. Experimentaremos todos los efectos de nuestras decisiones. La primera pregunta que salta en respuesta a esto es, ¿qué hay del arrepentimiento? y si me he arrepentido ¿tendré que pasar por la revisión de mi vida? La respuesta es que cuando nos arrepentimos, la Expiación de Jesucristo nos limpia y purifica; somos hechos nuevas criaturas. Así que, sí, tendremos una revisión de la vida, pero será de la vida de la nueva criatura, o de la nueva vida que Cristo ha creado en nosotros. Esa es otra de las grandes doctrinas del mundo de los espíritus que me inspira y me motiva.

            Yo diría que la otra gran doctrina que he aprendido—o al menos ha sido reforzada poderosamente en este caso específico—es la increíble obra de salvación que se efectúa en el mundo de los espíritus. Por supuesto, yo ya conocía la doctrina, pero ahora tengo un aprecio aún mayor por la misericordiosa obra del Señor que se hace allí. Tiene aplicación directa a todos nosotros porque estaremos involucrados de algún modo en dicha obra. El Presidente Wilford Woodruff enseñó que el sacerdocio y los oficios que tengamos en esta vida irán con nosotros al mundo de los espíritus. Nos ocupamos allá en el mismo tipo de servicio y ministerio en que usamos el sacerdocio aquí. “Todo hombre fiel está en su quórum allí,” enseñó, “todo apóstol, todo setenta, [todo sumo sacerdote] todo élder, etc. que haya muerto en la fe, tan pronto como pasa al otro lado del velo, entra a la obra del ministerio, y allí hay que predicar mil veces más que lo que hay aquí.”[31]

            También, el Presidente Joseph F. Smith enseñó que las mujeres tienen un papel muy importante en el mundo de los espíritus. La mitad de la población del mundo son mujeres, y ¿quién les predicará y les ministrará? ¡Por supuesto que las mujeres fieles! El Presidente Smith enseñó que estarán: “totalmente autorizadas y conel poder de predicar el evangelio y ministrar a las mujeres en tanto que los elderes y los profetas les están predicando a los hombres.” De forma particular, me gusta la frase siguiente en la declaración del Presidente Smith: “Las cosas que experimentamos aquí son típicas de las cosas de Dios y de la vida más allá de nosotros.”[32] Me gusta pensar que el templo es el modelo perfecto de la forma en que opera la obra del Señor en el mundo de los espíritus. Piensen en el orden y la organización allí—hombres y mujeres ocupados en la obra del Señor—bendiciendo las vidas de la gente y acercándolas a nuestro Padre Celestial, sirviendo juntos en la Casa del Señor en roles complementarios y vitalmente importantes. Tenemos una obra importante que hacer aquí, pero hay una enorme obra que hacer en el otro lado. Los profetas nos han enseñado repetidamente la urgencia de la obra de salvación por los muertos en esta última dispensación. Cuando comprendemos la urgente necesidad de que la gente de este lado del velo haga la historia familiar y la obra del templo, obtenemos un destello de las necesidades críticas en el otro lado. El élder Neal A. Maxwell hizo esta observación interesante: “En el otro lado del velo hay unos setenta mil millones de personas. Necesitan el mismo evangelio, y aquí se hacen relevos para que ayuden en la obra del Señor allá. Todo relevo de esta vida de un individuo justo también es un llamamiento para nuevas labores. Esto lo entienden todos los que tienen una esperanza verdadera.” Lo siguiente me parece especialmente consolador y reconfortante:

Por tanto, aunque extrañamos mucho a los justos que han partido de aquí, cientos podrán sentir su influencia allí. Un día, esos cientos le agradecerán a los familiares del fallecido por haberse privado graciosamente aquí de una asociación más extensa con ciertos personas, a fin de que pudieran ayudar a cientos allá. En la ecología de Dios, el talento y el amor nunca se desperdician. Quienes tienen esperanza entienden esto también.[33]

El élder Maxwell dijo también:
Puede ser que una vida necesite ser “recortada” en unos veinte años según lo veamos—pero si es así, puede ser para que esa persona—preste servicios especiales en el mundo de los espíritus, servicios que beneficiarán a miles de nuevos vecinos con quienes la persona vivirá durante toda la eternidad.[34]
            Hace poco tuve una experiencia conmovedora relacionada con esto. Una de mis misioneras, fue atacada con cáncer y falleció en muy corto tiempo. Apenas tenía 26 años de edad. Al pasar un tiempo con ella poco antes de que muriera, quiso saber acerca del mundo de los espíritus. Que consuelo tan grande fue para ella, para mí, para su familia, y para todos los misioneros, la doctrina del mundo de los espíritus y el plan de salvación tal como se ha enseñado por los profetas y apóstoles. Sabemos que la muerte no es el fin. Aunque su vida mortal fue acortada, ella no perderá ninguno de los gozos, privilegios y oportunidades. Mientras se preparaba para dejar la mortalidad e ir al mundo de los espíritus, me dijo que estaba muy emocionada por seguir siendo misionera, por continuar predicando el evangelio y dando su testimonio; y por tener como compañero misional a un hermano suyo que la había precedido en la muerte. Fue un gran ejemplo de la esperanza en Cristo y de “tener la firme esperanza de un mundo mejor” (Eter 12:4). Aunque es muy difícil para nosotros perder a alguien en la mortalidad, debemos recordar que pueden ser una bendición increíble para quienes están en el otro lado. Y algún día, quienes hayan sido bendecidos y traídos al evangelio por los esfuerzos de nuestros seres queridos, nos lo agradecerán, y toda la tristeza y la soledad que sentimos, palidecerán en comparación con el gozo que vendrá. Ese es un “principio de consolación” muy poderoso.

            En conclusión si fuera a resumir el por qué esta doctrina es tan importante para mí, diría que porque me informa de las grandes bendiciones que nos esperan en ese lado del velo. Me recuerda poderosamente que viva mi vida plenamente y en pureza, y que me halle en el servicio de mis semejantes. Me enseña que recibiré mayores bendiciones espirituales en mi vida—tanto aquí como en el más allá—al bendecir a quienes me rodean. Cuando entiendo esto, me siento motivado a dar más. Se me ha recordado una y otra vez: El prepararme para morir, afecta mi vivir, pero mi vivir me prepara para morir. Esa es para mí, una de las doctrinas grandiosas. Para mí, eso explica el por qué el Profeta José Smith dijo que en el contexto del plan de salvación, esta es una doctrina que debemos estudiar más que cualquier otra. Como dijo, es una doctrina que debería estar en nuestras mentes de día y de noche. Ese es el por qué he pasado la tercera parte de mi vida estudiando la muerte y el mundo de los espíritus.  He tenido la intención y la esperanza de que mis escritos y enseñanzas consolarán a los que lloran e inspirarán a todos a vivir más completamente el evangelio.
Axact

Dastin Cruz

Soy de Perú y miembro de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Servi como misionero en el estado de Oaxaca, México. En este blog trato de dar a conocer nuestras creencias y la doctrina de la iglesia, a su vez aclararando temas que en ocasiones son malinterpretados. Hoy debido a toda la información que circula en la red es importante estar informado sobre nuestras creencias, doctrinas e historia a fin de explicarlas con mayor claridad. Agradezco en especial por su apoyo al amor de mi vida, Ana Rosa Lopez Cruz

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