Por Roger Nicholson
Traductor: Antonio A. Caballero
(Fuente de Traducción: www.evidenciaslibrodemormon.org)

Resumen: Este ensayo tiene por objeto examinar el método de traducción del Libro de Mormón desde la perspectiva común, no académica, de un miembro creyente del siglo XXI, teniendo en cuenta tanto lo que se aprende en la Iglesia y lo que se puede aprender de los registros históricos que ahora están fácilmente disponibles. ¿Qué sabemos? ¿Qué debemos saber? ¿Cómo puede un creyente Santo de los Últimos Días conciliar relatos aparentemente contradictorios en el proceso de la traducción? Se maneja un examen de fuentes históricas para proporcionarnos una comprensión más plena y más completa de la complejidad que existe de los primeros acontecimientos de la Restauración.  Estos registros provienen tanto de fuentes creyentes y no creyentes, y cierto escepticismo debe ser empleado en la elección de aceptar algunas de las interpretaciones ofrecidas por algunas de estas fuentes como un hecho.  Sin embargo, un examen de estas fuentes ofrece una imagen más grande, y las respuestas a estas preguntas proporcionan una mirada esclarecedora en la historia de la Iglesia y en la evolución de la historia de la traducción. Este ensayo se centra principalmente en los métodos e instrumentos utilizados en el proceso de traducción y cómo un fiel Santo de los Últimos Días podría ver esto como una prueba adicional de la veracidad del Evangelio restaurado.

En su libro de 1916, “The Birth of Mormonism” (El nacimiento del mormonismo), John Quincy Adams ofrece esta, digamos colorida, descripción del proceso de traducción del Libro de Mormón. 
El proceso de traducir las planchas de “egipcio reformado” era simple aunque peculiar. Todo se realizó con los anteojos de Urim y Tumim, pero para cualquiera que los usara, que no fuera José, era la muerte instantánea. Hasta cuando se los ponía, la luz se volvía tan cegadora que se veía obligado a mirar a través de su sombrero. Es más, cuando estaba inmerso [en la traducción], ningún ojo profano podía verle a él o al sombrero. José únicamente, detrás de una manta estirada cruzando la habitación, miraba al interior de su sombrero y leía las místicas palabras [1].
Cualquier Santo de los Últimos Días será capaz de clasificar inmediatamente los elementos familiares y desconocidos de este relato. Vemos el Urim y Tumim y la manta que escuda al traductor de otros en la habitación, pero ¿qué es toda esa habladuría de un sombrero? 

Cómo Santo de los Últimos Días activo, no puedo recordar los tiempos en los que no estaba familiarizado con la historia de la traducción del Libro de Mormón. El relato con el que estamos bastante familiarizados, de la escuela dominical y seminario, describe a José usando el Urim y Tumim (los intérpretes nefitas) para mirar las planchas de oro mientras que una cortina le separaba de su escriba. José dictaba a su escriba todo el texto del Libro de Mormón, retomando al día siguiente justo donde lo habían dejado el día anterior y el texto se escribió sin ninguna puntuación [gramatical]. José nunca requirió que se le volviera a leer cualquier parte del texto anterior cuando se reanudaba la traducción al día siguiente. 

La mayor parte de la traducción se realizó durante un período de casi tres meses y el texto resultante es extraordinariamente consistente, no sólo por sí mismo, sino con la Biblia. Las circunstancias que rodean la traducción y la producción del Libro de Mormón sólo pueden ser consideradas como milagrosas cuando son reflexionadas por un miembro creyente de la Iglesia.

Sin embargo, existe otra historia con la que muchos se han familiarizado en los últimos años. Representaciones modernas del proceso de traducción tales como la que se muestran en la popular serie animada de televisión South Park [2], describe a José mirando a una piedra en el fondo de su sombrero y dictando a su escriba sin usar una cortina. La popular enciclopedia virtual Wikipedia, muestra una “representación artística del siglo XXI de José Smith traduciendo las planchas doradas al examinar una piedra clarividente en su sombrero [3].” 

Buscar en Google “Book of Mormon translation” (traducción del Libro de Mormón) o “seer stone Joseph Smith” (piedra clarividente José Smith), produce un gran número de dichas imágenes, muchas de ellas ofrecidas por sitios web que son críticos sobre lo que la Iglesia proclama como verdad. Ésta es una forma de proceder que no aprendí en seminario y hay anécdotas sobre Santos de los Últimos Días que, cuando se les presentaron estas descripciones, simplemente negaron que se haya utilizado en alguna ocasión semejante método, atribuyendo dichas representaciones a fuentes “anti-mormonas”.

También han contribuido a la confusión las representaciones del proceso de traducción hechas por artistas. Los Santos de los Últimos Días están bastante familiarizados con varias interpretaciones artísticas de José y Óliver mientras realizaban la traducción. Algunos representan a José y su escriba sentados en una mesa con una cortina en medio. Otros muestran a José y Óliver sentados en una mesa, sin que se vea una cortina y las planchas claramente visibles, aunque sabemos que, antes de convertirse en uno de los “Tres testigos”, a Óliver no se le estaba permitido ver las planchas. 

Una cosa que tienen en común estas tres escenas es que no muestran el Urim y Tumim, aunque de hecho, sepamos que se utilizó un instrumento para traducir durante el proceso. No vemos ninguna piedra de cristal montada en un par de “anteojos”, ni vemos la pechera [4]. Definitivamente nunca vemos a José contemplar el fondo de su sombrero mientras dictaba.

El siglo XXI nos ha dado acceso a una rica fuente de recursos históricos que, en décadas pasadas, eran simplemente inaccesibles para cualquier Santo de los Últimos días. Ahora uno tiene que preguntarse: ¿Cuál de éstas representaciones es correcta? 

En la búsqueda de una respuesta, empezamos por un manual actual de la Iglesia para que nos proporcione nuestra primera pista. La siguiente descripción del proceso de traducción aparece en el manual del estudiante de 2003 “Church History In The Fulness Of Times” (“Historia de la Iglesia en el cumplimiento de los tiempos” al cual nos referiremos de ahora en adelante como el manual del estudiante).
Poco se sabe sobre el propio proceso de traducción del registro, primeramente porque aquellos que más sabían sobre la traducción, José Smith y Óliver Cowdery, fueron los que menos hablaron al respecto. Además, Martín Harris, David Whitmer y Emma Smith, quienes asistieron a José, no dejaron descripciones contemporáneas. Los registros poco precisos que documentaron mucho tiempo después eran frecuentemente contradictorios [5].
Es perfectamente lógico [pensar] que aquellos que estaban directamente involucrados u observaron la traducción, pudieran tener la información más precisa. Entonces, ¿qué dijeron aquellos testigos que parece haber sido contradictorio?, ¿hubo otros testigos que puedan arrojar luz a estos acontecimientos?, ¿qué tenían que decir las fuentes externas sobre el proceso de traducción? Como resume el investigador Santo de los Últimos Días Brant Gardner: “¿Qué relatos deberíamos creer?, ¿qué relatos sobre la traducción podríamos o deberíamos contar?, ¿qué relatos son los verdaderos? Para esta última pregunta sugeriría que todos son verdaderos, es decir, son verdaderos para las personas que los cuentan [6].”

¿Que dijeron José y Óliver?

El lugar lógico para empezar es con la propia traducción. ¿Qué dijo José Smith sobre el proceso de traducción del Libro de Mormón? Al parecer no habló mucho sobre el propio proceso de traducción que se usó para producir el Libro de Mormón, salvo destacar que se realizó “por el don y poder de Dios.” El manual del estudiante dice que José, de forma deliberada, no dió muchos detalles sobre el proceso.
El profeta era reacio a dar detalles sobre la traducción. En una conferencia de la Iglesia celebrada del 25 al 26 de octubre de 1831 en Orange, Ohio, Hyrum solicitó que se proporcionara información de primera mano sobre el surgir del Libro de Mormón, pero el profeta dijo: “No estaba previsto revelar al mundo los detalles de cómo salió a la luz el Libro de Mormón.” En 1833, José explicó al editor de un periódico lo esencial sobre este tema, pero dio pocos detalles, manifestando que el Libro de Mormón fue “hallado por medio de la ministración de un santo ángel y traducido a nuestro idioma [el inglés] por el don y poder de Dios.” Su explicación se corresponde con Doctrinas y Convenios, donde dice que se le otorgó “el poder para traducir el Libro de Mormón mediante la misericordia y el poder de Dios” (DyC 1:29) y que el Señor “le dio poder de lo alto para traducir el Libro de Mormón, por los medios preparados de antemano” (DyC 20:8) [7].
José decía de forma consistente, a las personas que preguntaban, que había traducido por medio del don y poder de Dios. No deseaba centrar la atención en cómo, sino en el resultado. Puesto que José decidió no revelar detalles, es indispensable analizar qué dijeron los otros testigos de la traducción para conseguir una imagen más precisa de los métodos utilizados.

Óliver Cowdery era el siguiente testigo más cercano a la traducción, ya que en la mayor parte [del tiempo] ejerció de escriba. Algunas de las descripciones de Óliver sobre la traducción son muy consistentes con respecto a la historia con la que ya estamos familiarizados. Sin embargo los comentarios de Óliver merecen una revisión más detallada. Retomaremos los comentarios de Óliver más adelante.

¿Que dijeron Martin Harris, David Whitmer y Emma Smith?

El manual del estudiante hace referencia a “registros poco precisos” dados “mucho tiempo después” por Martin Harris, David Whitmer y Emma Smith. ¿Qué contienen esos documentos posteriores?, ¿cómo contradicen lo que sabemos sobre el proceso de traducción?

Hay dos cosas en común entre estas tres descripciones: (1) todas fueron dadas casi al final de la vida de la persona y (2) todas describen el uso de un instrumento para traducir metido en un sombrero. En primera instancia, estos relatos pueden parecer poco consistentes con respecto a la historia con la que hoy estamos familiarizados, pero existe una buena razón para ello.

Cerca del final de su vida, en 1879, casi 49 años después de la publicación del Libro de Mormón, Emma Smith Bidamon fue entrevistada por su hijo José Smith III. Emma describió lo que recordaba sobre el proceso de traducción: “Al escribir para tu padre, frecuentemente transcribía día tras día, a menudo sentándome en la mesa junto a él, sentado con su cara metida en el sombrero con la piedra dentro y dictando hora tras hora sin nada entre nosotros [8].”

Esta descripción hace surgir algunas preguntas inmediatas. ¿Dónde está el Urim y Tumim?, ¿dónde está la cortina?, ¿por qué usaba José un sombrero?, ¿dónde están las planchas? Es muy fácil observar que la descripción de Emma parece contradecirse con lo que aprendemos en la escuela dominical.

Las descripciones de David Whitmer sobre el proceso de traducción también fueron dadas casi al final de su vida, con dos descripciones notables aportadas en 1885 y 1887, más de 55 años después de la publicación del Libro de Mormón. Whitmer sostenía que José le explicó el método y proporciona algunos detalles que Emma no dió.
[José] Usó una piedra llamada “piedra clarividente” tras haber sido despojado de los “intérpretes" por causa de una transgresión. Después de permitir que Martin Harris se llevase las 116 páginas de manuscritos del Libro de Mormón, a José le retiraron los “intérpretes” como castigo, aunque estaba autorizado a seguir traduciendo usando una “piedra clarividente” que tenía en su posesión y que ponía dentro de su sombrero, en el cual introducía su cara, declarando (a mi y a otros) que los caracteres originales aparecían en un pergamino y debajo la traducción en inglés [9].
Cabe destacar que Whitmer menciona los intérpretes (los cuales conocemos como Urim y Tumim) como si fueran diferentes a la “piedra clarividente.” Whitmer está indicando que a José le quitaron los intérpretes después de la pérdida de las 116 páginas y no se lo devolvieron. Menciona el uso de una piedra y un sombrero, tal y como lo hizo Emma. Una vez más no se menciona la cortina.

A estas alturas uno podría preguntarse si estas documentaciones concuerdan con lo que la Iglesia ha enseñado. Sin embargo, el Élder Russell M. Nelson citó una declaración de 1887 de David Whitmer a un grupo de nuevos presidentes de misión en 1992. Esta descripción se encuentra en la revista Ensign de julio de 1993 y en la página web oficial de la iglesia (lds.org). Elder Nelson declaró:
Los detalles de su milagrosa forma de traducir siguen sin conocerse plenamente. Aún así tenemos algunas valiosas apreciaciones. David Whitmer escribió:
“José Smith ponía la piedra clarividente dentro del sombrero y colocaba su cara en el sombrero, ajustándoselo bien para no dejar pasar la luz; y en la oscuridad brillaba la luz espiritual. [Entonces] aparecía un trozo de algo semejante a un papiro y sobre él se mostraba el escrito. De uno en uno emergían los caracteres y bajo ellos estaban las interpretaciones en inglés. El hermano José dictaba en inglés a Óliver Cowdery, el cual era su escriba principal y cuando se transcribía y se repetía de vuelta al hermano José para ver que era correcto, entonces desaparecía y otro carácter con su interpretación aparecía. Por consiguiente el Libro de Mormón fue traducido por medio del don y poder de Dios y no por cualquier poder del hombre.” (David Whitmer, An Address to All Believers in Christ, Richmond, Mo.: n.p., 1887, p. 12.)[10].
Está claro que Élder Nelson conoce la piedra y el sombrero. Al parecer, no es la única referencia hacia esos objetos entre las publicaciones de la iglesia. Al buscar en lds.org el término “seer stone translation” (traducción piedra clarividente), se genera la siguiente descripción procedente de un artículo publicado en septiembre de 1974 en la revista para niños oficial de la iglesia, El Amigo: “Para ayudarle con la traducción, José encontró junto con las planchas de oro un “curioso instrumento que los antiguos llamaron Urim y Tumim, que constaba de dos piedras transparentes colocadas en una montura con forma de lazo sujeto a una pechera.” José también utilizó para traducir una roca marrón con forma de huevo llamada piedra clarividente [11]."

Aparentemente, las descripciones de Emma Smith y David Whitmer no son las únicas diferentes al proceso con el que estamos familiarizados, sino que la Iglesia ha mencionado periódicamente parte de esa información. 

Más tarde examinaremos la opinión de Martín Harris. Martín estaba muy involucrado con los inicios del proceso de traducción, ya que desempeñó el trabajo de escriba para José durante las primeras 116 páginas de manuscritos. Como se indica en el manual del estudiante, casi al final de su vida, Martin Harris también ofreció una descripción del proceso de traducción. Martín concedió una entrevista a Joel Tiffany en 1859, en la cual describió el instrumento para traducir comúnmente conocido como el Urim y Tumim.
Las dos piedras, colocadas en un lazo de plata, eran de unas dos pulgadas (5,08 cm) de diámetro, perfectamente redondeadas y de unas cinco-octavas partes de una pulgada de grosor en el centro; aunque no tan gruesas en los laterales, donde coincidían con el lazo. Estaban unidas por medio de una varilla de plata con un diámetro de unas cinco-octavas partes de una pulgada y de casi cuatro pulgadas (10,16 cm) de largo, con lo cual, las dos piedras hacían ocho pulgadas (20,32 cm). Las piedras eran blancas, con aspecto de mármol pulido, con algunas estrías grises. Nunca me hubiera atrevido a mirarlas poniéndolas en un sombrero, porque Moisés dijo que “ningún hombre podía ver a Dios y vivir” y al observar a través de ellas podíamos ver cualquier cosa deseada; y no podía sacar de mi mente el deseo de ver a Dios. Además, teníamos el mandamiento de no dejar a nadie que las mirara, excepto por mandamiento de Dios, no sea que viera alguna cosa y pereciera [12].
Esta descripción es bastante interesante, porque Harris explica que, en vez de una piedra, lo que se metía dentro del sombrero eran los intérpretes nefitas. De hecho, la declaración de Martín parece contradecir las declaraciones de David y Emma concerniente a que José usaba su propia piedra clarividente. Además, las tres declaraciones parecen no coincidir con la historia con la que estamos familiarizados sobre el uso que le dió José al Urim y Tumim, sentado detrás de una cortina y mirando las planchas mientras dictaba a Oliver Cowdery.

Los anteojos y el sombrero

Para comprender mejor la visión que se tenía sobre el proceso de traducción por aquel entonces, podemos examinar cómo fue descrito por los periódicos contemporáneos. En 1829, el periódico neoyorquino “Rochester Advertiser and Daily Telegraph” informó sobre la traducción del Libro de Mormón. Es comprensible que el artículo tuviera un tono escéptico.
Y después de excavar una corta distancia en “la madre tierra”, ¡la Biblia dorada fue encontrada junto con un enorme par de anteojos! Sin embargo, [a José] se le mandó que no permitiera que ningún ser mortal las viera, ¡“bajo un castigo no inferior” a la muerte instantánea! ¡Por lo tanto fueron cuidadosamente envueltos y ocultados de la “vulgar mirada de los pobres y débiles mortales!” Se decía que las hojas de la biblia eran planchas de oro, de unas 8 pulgadas (20,32 cm) de largo, 6 (15,24 cm) de ancho y una octava parte de una pulgada (1/8 de 2,54 cm) de grosor, en las que se tallaron caracteres o jeroglíficos. Al poner los anteojos en el sombrero y mirar en él, Smith podía (por lo menos, eso dijo) interpretar dichos caracteres.[13]
Esta narración parece coincidir con el relato de Martín Harris, que decía que los intérpretes nefitas se ponían dentro de un sombrero. Observe también que a los anteojos no los llamaban Urim y Tumim. ¿Utilizó José realmente un sombrero junto con los intérpretes nefitas? También vemos en la evocación de 1859 de Martín, que “nunca se hubiese atrevido a mirarlas” porque “ningún hombre podía mirar a Dios y vivir,” siendo ampliado, por el artículo de prensa de 1829, con el “castigo” de una “muerte instantánea.” Es probable que éste relato, o uno similar, sea el génesis de la historia que John Quincy Adams resume en 1916 sobre la amenaza de la “muerte instantánea” esperando caer sobre cualquiera, menos José, que se atreviera a usar los intérpretes.

Esta descripción periodística no era una aberración. La misma descripción fue repetida, casi un mes después, en una revista neoyorquina llamada “The Gem: A Semi-Monthly Literary and Miscellaneous Journal”: “Mediante la colocación de los anteojos en un sombrero y mirando en su interior, Smith traduce los caracteres al inglés.”[14]

Cuatro meses después, en febrero de 1830, se cita a Martín Harris en el “New York Telescope”:
Prosiguió hasta el lugar y encontró la biblia junto con un enorme par de anteojos.... Se dice que mostró algunos de estos caracteres al profesor Samuel L. Mitchell, de esta ciudad, quien no pudo traducirlos. Martin Harris volvió y propuso a José Smith la labor de traducirlos: el cual, "mediante la colocación de los anteojos en un sombrero y mirándolos, José Smith dijo que podía interpretar estos caracteres.”[15]
En junio de 1830, “The Cincinnati Advertiser” mencionó una “piedra blanca” y el sombrero.
Un individuo con el nombre de José Smith, el cual reside en la zona alta del Condado de Susquehanna, nos dicen que ha estado, durante los últimos dos años, dedicando su tiempo, como él dice, por inspiración, en una nueva biblia. Insinuó que Dios le había confiado una biblia de oro que ha estado siempre oculta al mundo. Smith pondría su cara en un sombrero, en el que había una piedra blanca y hacía como el que leía en ella, mientras que su ayudante transcribía. [16]
La mención de una “piedra blanca” concuerda con la descripción de Harris sobre los intérpretes nefitas. Todos estos artículos de prensa coinciden completamente con la descripción dada por Martín Harris en 1859, después de 30 años. Por lo tanto, parece ser que Martín Harris contó una historia que concuerda. Tenemos evidencias de que Martín Harris, tanto en el momento en que se producía la traducción así como en el final de su vida, percibió que José usó los intérpretes nefitas o “los anteojos” junto con un sombrero para poder traducir los caracteres de las planchas de oro. Se ve claramente el uso del sombrero como parte del proceso de traducción. La descripción de Martín coincidía con el período en el que él era escriba, que a su vez correspondía con el de la traducción de las 116 páginas perdidas del manuscrito. La idea de que el Urim y Tumim fueran puestos en un sombrero no se parece mucho a la imagen mental que podamos tener de José usando los anteojos como un par de gafas para mirar las planchas. Sin embargo, recuerden que Martín describió las piedras en “the interpreters” como “blancas, al igual que el mármol pulido, con algunas estrías grises.” Lo cual no implica necesariamente que fueran transparentes.

Las alusiones en los periódicos sobre el posicionamiento de los anteojos dentro de un sombrero, continuaron durante varios años después de la publicación del Libro de Mormón. El 15 de octubre de 1831, el “Daily Albany Argus” mencionó la necesidad de escudar los intérpretes de la luz ambiental. “¡El predicador dijo que encontró en el mismo lugar dos piedras, con las que se le habilitaba a descifrar los jeroglíficos de las planchas, mediante la colocación de las mismas sobre sus ojos y poniendo su cabeza en un rincón oscuro![5] “The Morning Star” de Limerick, Maine (7 de marzo de 1833) declara que “un ángel le dió un par de anteojos que puso dentro de un sombrero y así leyó y tradujo, mientras que uno de los testigos lo escribía a partir de lo que dictaba”.[6] Cabe destacar que estos artículos de prensa siguen sin hacer referencias al término “Urim y Tumim,” hasta 1833 y en vez de eso se refieren a los intérpretes nefitas como “piedras” o “anteojos.”

En 1834 “The Protestant Sentinel” no conocía o no quiso usar el término Urim y Tumim para referirse a los anteojos, pero eran bastante conscientes de la posición de los anteojos en el sombrero. El relato evolucionó en cierto modo, hasta el punto que las planchas también se encontraban dentro del sombrero.
La frase “ayudar la visión mental” es digno de mención. Aunque no sabemos de donde cogió la idea el escritor, la declaración implica que los anteojos no funcionaban necesariamente como un par de gafas, sino más bien como una piedra clarividente.En el año 1828, se documentó que un tal José Smith, de Palmyra, condado de Wayne, Nueva York, un joven sin estudios e incapaz de leer su propio nombre, encontró varias reliquias de mucha antigüedad, unas planchas doradas junto con un par de anteojos. Los anteojos fueron diseñados para ayudar la visión mental bajo unas circunstancias un tanto peculiares. Debían ajustarse e incrustar el rostro en un sombrero. Hecho eso ¡Smith podía interpretar los misterios sagrados de las planchas, en el que yace, hipotéticamente, en el fondo del sombrero![17]
En 1835, cinco años después de que se publicara el Libro de Mormón, “The New York Weekly Messenger” aseguró que, tanto la “plancha” como las “dos suaves y planas piedras” se ponían dentro del sombrero.
Smith actuaba como si hubiese encontrado unas planchas doradas o de bronce, con hojas que recuerdan las de un libro, escondidas en una caja enterrada hacia la que fue guiado por medio de un ángel en 1827, [decía] que lo escrito en ellas estaba en el “idioma egipcio reformado”, que fue inspirado a traducir lo escrito o grabado, poniendo plancha por plancha dentro de su sombrero junto con dos piedras suaves y planas (encontradas en la misma caja) e introduciendo su cara, que él no podía escribir, pero mientras traducía, un tal Óliver Cowdery escribía.[18]
Aunque en el relato se introducen algunas variaciones entretenidas comparado con lo que sabemos actualmente, una cosa que concuerda con todos los artículos periodísticos mencionados hasta ahora, es que todos mencionan el uso de los intérpretes nefitas (los anteojos) y el sombrero.

Incluso William, el hermano del profeta, 53 años después de la publicación del Libro de Mormón, mencionó que José ponía el Urim y Tumim dentro del sombrero.
Las tradujo por medio del Urim y Tumim, (que obtuvo junto con las planchas) y el poder de Dios. El modo por el que se hizo esto fue mediante la observación del Urim y Tumim, que se pusieron dentro de un sombrero para excluir la luz, (las planchas reposando tapadas cerca) y leyendo en voz alta la traducción que aparecía en las piedras por el poder de Dios.[19]
Joseph Knight era un buen amigo del profeta José. En sus registros se identifican el Urim y Tumim como gafas. Knight también menciona el sombrero de forma significativa.
Ahora su método de traducción era: ponía el Urim y Tumim dentro de su sombrero y oscurecía su visión, seguidamente tomaba una frase y ésta aparecía con brillantes caracteres latinos, a continuación se lo dictaba al escriba y éste lo transcribía, después desaparecía, surgía la siguiente frase y así sucesivamente. Pero si no se escribía bien no desaparecía hasta que estuviese correctamente y así vemos que era impresionante. De este modo fueron traducidas en su totalidad.[20]
Estos documentos presentan un dilema al considerar la idea de que José pusiera los anteojos, los cuales conocemos como Urim y Tumim, dentro de un sombrero durante el proceso de traducción. Normalmente asumimos que José tenía las planchas sobre la mesa y las miraba a través de los anteojos.

Los anteojos y el sombrero

Para comprender mejor la visión que se tenía sobre el proceso de traducción por aquel entonces, podemos examinar cómo fue descrito por los periódicos contemporáneos. En 1829, el periódico neoyorquino “Rochester Advertiser and Daily Telegraph” informó sobre la traducción del Libro de Mormón. Es comprensible que el artículo tuviera un tono escéptico.
Y después de excavar una corta distancia en “la madre tierra”, ¡la Biblia dorada fue encontrada junto con un enorme par de anteojos! Sin embargo, [a José] se le mandó que no permitiera que ningún ser mortal las viera, ¡“bajo un castigo no inferior” a la muerte instantánea! ¡Por lo tanto fueron cuidadosamente envueltos y ocultados de la “vulgar mirada de los pobres y débiles mortales!” Se decía que las hojas de la biblia eran planchas de oro, de unas 8 pulgadas (20,32 cm) de largo, 6 (15,24 cm) de ancho y una octava parte de una pulgada (1/8 de 2,54 cm) de grosor, en las que se tallaron caracteres o jeroglíficos. Al poner los anteojos en el sombrero y mirar en él, Smith podía (por lo menos, eso dijo) interpretar dichos caracteres.[1]
Esta narración parece coincidir con el relato de Martín Harris, que decía que los intérpretes nefitas se ponían dentro de un sombrero. Observe también que a los anteojos no los llamaban Urim y Tumim. ¿Utilizó José realmente un sombrero junto con los intérpretes nefitas? También vemos en la evocación de 1859 de Martín, que “nunca se hubiese atrevido a mirarlas” porque “ningún hombre podía mirar a Dios y vivir,” siendo ampliado, por el artículo de prensa de 1829, con el “castigo” de una “muerte instantánea.” Es probable que éste relato, o uno similar, sea el génesis de la historia que John Quincy Adams resume en 1916 sobre la amenaza de la “muerte instantánea” esperando caer sobre cualquiera, menos José, que se atreviera a usar los intérpretes.

Esta descripción periodística no era una aberración. La misma descripción fue repetida, casi un mes después, en una revista neoyorquina llamada “The Gem: A Semi-Monthly Literary and Miscellaneous Journal”: “Mediante la colocación de los anteojos en un sombrero y mirando en su interior, Smith traduce los caracteres al inglés.”[2]

Cuatro meses después, en febrero de 1830, se cita a Martín Harris en el “New York Telescope”:
Prosiguió hasta el lugar y encontró la biblia junto con un enorme par de anteojos.... Se dice que mostró algunos de estos caracteres al profesor Samuel L. Mitchell, de esta ciudad, quien no pudo traducirlos. Martin Harris volvió y propuso a José Smith la labor de traducirlos: el cual, "mediante la colocación de los anteojos en un sombrero y mirándolos, José Smith dijo que podía interpretar estos caracteres.”[3]
En junio de 1830, “The Cincinnati Advertiser” mencionó una “piedra blanca” y el sombrero.
Un individuo con el nombre de José Smith, el cual reside en la zona alta del Condado de Susquehanna, nos dicen que ha estado, durante los últimos dos años, dedicando su tiempo, como él dice, por inspiración, en una nueva biblia. Insinuó que Dios le había confiado una biblia de oro que ha estado siempre oculta al mundo. Smith pondría su cara en un sombrero, en el que había una piedra blanca y hacía como el que leía en ella, mientras que su ayudante transcribía. [4]
La mención de una “piedra blanca” concuerda con la descripción de Harris sobre los intérpretes nefitas. Todos estos artículos de prensa coinciden completamente con la descripción dada por Martín Harris en 1859, después de 30 años. Por lo tanto, parece ser que Martín Harris contó una historia que concuerda. Tenemos evidencias de que Martín Harris, tanto en el momento en que se producía la traducción así como en el final de su vida, percibió que José usó los intérpretes nefitas o “los anteojos” junto con un sombrero para poder traducir los caracteres de las planchas de oro. Se ve claramente el uso del sombrero como parte del proceso de traducción. La descripción de Martín coincidía con el período en el que él era escriba, que a su vez correspondía con el de la traducción de las 116 páginas perdidas del manuscrito. La idea de que el Urim y Tumim fueran puestos en un sombrero no se parece mucho a la imagen mental que podamos tener de José usando los anteojos como un par de gafas para mirar las planchas. Sin embargo, recuerden que Martín describió las piedras en “the interpreters” como “blancas, al igual que el mármol pulido, con algunas estrías grises.” Lo cual no implica necesariamente que fueran transparentes.

Las alusiones en los periódicos sobre el posicionamiento de los anteojos dentro de un sombrero, continuaron durante varios años después de la publicación del Libro de Mormón. El 15 de octubre de 1831, el “Daily Albany Argus” mencionó la necesidad de escudar los intérpretes de la luz ambiental. “¡El predicador dijo que encontró en el mismo lugar dos piedras, con las que se le habilitaba a descifrar los jeroglíficos de las planchas, mediante la colocación de las mismas sobre sus ojos y poniendo su cabeza en un rincón oscuro![5] “The Morning Star” de Limerick, Maine (7 de marzo de 1833) declara que “un ángel le dió un par de anteojos que puso dentro de un sombrero y así leyó y tradujo, mientras que uno de los testigos lo escribía a partir de lo que dictaba”.[6] Cabe destacar que estos artículos de prensa siguen sin hacer referencias al término “Urim y Tumim,” hasta 1833 y en vez de eso se refieren a los intérpretes nefitas como “piedras” o “anteojos.”

En 1834 “The Protestant Sentinel” no conocía o no quiso usar el término Urim y Tumim para referirse a los anteojos, pero eran bastante conscientes de la posición de los anteojos en el sombrero. El relato evolucionó en cierto modo, hasta el punto que las planchas también se encontraban dentro del sombrero.
La frase “ayudar la visión mental” es digno de mención. Aunque no sabemos de donde cogió la idea el escritor, la declaración implica que los anteojos no funcionaban necesariamente como un par de gafas, sino más bien como una piedra clarividente.En el año 1828, se documentó que un tal José Smith, de Palmyra, condado de Wayne, Nueva York, un joven sin estudios e incapaz de leer su propio nombre, encontró varias reliquias de mucha antigüedad, unas planchas doradas junto con un par de anteojos. Los anteojos fueron diseñados para ayudar la visión mental bajo unas circunstancias un tanto peculiares. Debían ajustarse e incrustar el rostro en un sombrero. Hecho eso ¡Smith podía interpretar los misterios sagrados de las planchas, en el que yace, hipotéticamente, en el fondo del sombrero![7]

En 1835, cinco años después de que se publicara el Libro de Mormón, “The New York Weekly Messenger” aseguró que, tanto la “plancha” como las “dos suaves y planas piedras” se ponían dentro del sombrero.
Smith actuaba como si hubiese encontrado unas planchas doradas o de bronce, con hojas que recuerdan las de un libro, escondidas en una caja enterrada hacia la que fue guiado por medio de un ángel en 1827, [decía] que lo escrito en ellas estaba en el “idioma egipcio reformado”, que fue inspirado a traducir lo escrito o grabado, poniendo plancha por plancha dentro de su sombrero junto con dos piedras suaves y planas (encontradas en la misma caja) e introduciendo su cara, que él no podía escribir, pero mientras traducía, un tal Óliver Cowdery escribía.[8]
Aunque en el relato se introducen algunas variaciones entretenidas comparado con lo que sabemos actualmente, una cosa que concuerda con todos los artículos periodísticos mencionados hasta ahora, es que todos mencionan el uso de los intérpretes nefitas (los anteojos) y el sombrero.

Incluso William, el hermano del profeta, 53 años después de la publicación del Libro de Mormón, mencionó que José ponía el Urim y Tumim dentro del sombrero.
Las tradujo por medio del Urim y Tumim, (que obtuvo junto con las planchas) y el poder de Dios. El modo por el que se hizo esto fue mediante la observación del Urim y Tumim, que se pusieron dentro de un sombrero para excluir la luz, (las planchas reposando tapadas cerca) y leyendo en voz alta la traducción que aparecía en las piedras por el poder de Dios.[9]
Joseph Knight era un buen amigo del profeta José. En sus registros se identifican el Urim y Tumim como gafas. Knight también menciona el sombrero de forma significativa.
Ahora su método de traducción era: ponía el Urim y Tumim dentro de su sombrero y oscurecía su visión, seguidamente tomaba una frase y ésta aparecía con brillantes caracteres latinos, a continuación se lo dictaba al escriba y éste lo transcribía, después desaparecía, surgía la siguiente frase y así sucesivamente. Pero si no se escribía bien no desaparecía hasta que estuviese correctamente y así vemos que era impresionante. De este modo fueron traducidas en su totalidad.[10]
Estos documentos presentan un dilema al considerar la idea de que José pusiera los anteojos, los cuales conocemos como Urim y Tumim, dentro de un sombrero durante el proceso de traducción. Normalmente asumimos que José tenía las planchas sobre la mesa y las miraba a través de los anteojos.

El Urim y Tumim como anteojos

Cómo se ha dicho anteriormente, ninguno de los artículos periodísticos contemporáneos impresos durante los años 1830 a 1833 mencionan el Urim y Tumim. En cambio, mencionan unos anteojos o una piedra blanca. Entonces, ¿cómo fue que los anteojos encontrados por José Smith llegaran a ser conocidos como el Urim y Tumim? Una de las primeras referencias al Urim y Tumim como anteojos que se conoce, apareció en el periódico de la iglesia SUD [(Santos de los Últimos Días)] “The Evening and Morning Star” en enero de 1833, tres años después de la publicación del Libro de Mormón. El texto es interesante, ya que parece ser una de las primeras veces que se utiliza el término Urim y Tumim para identificar los instrumentos de la traducción.
El Libro de Mormón, como una revelación de Dios, posee algunas ventajas sobre la antigua escritura: no ha sido teñida por la sabiduría del hombre o por el quita y pon de alguna palabra latina para suplir deficiencias. Fue traducido por el don y poder de Dios, por medio de un hombre inculto, gracias a la ayuda de un par de intérpretes o anteojos (quizás en la antigüedad fueran conocidos como Terafines o Urim y Tumim).[11]
Nótese el uso de la palabra “quizás”. No dá la sensación de que por aquel entonces se asociara de forma generalizada el término Urim y Tumim a los intérpretes.

Incluso La Iglesia Reorganizada de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días incidió en que el término Urim y Tumim se empezó a utilizar únicamente después de 1833.
Las pruebas son claras y positivas, la historia de la traducción con el Urim y Tumim no se remonta más allá de 1833 o entre ese año y 1835; puesto que no se puede encontrar en ningún documento impreso de la Iglesia de Cristo hasta finales de 1833 o en el año 1834. El “Libro de Mandamientos” para la Iglesia de Cristo, publicado en Independence, Mo., en 1833, no contiene ninguna alusión al Urim y Tumim; aunque el término fue introducido en algunas de revelaciones de la reimpresión del “Libro de Doctrinas y Convenios” en 1835.[12]
Hasta ahora parece que la asociación del término Urim y Tumim con los anteojos empezó a usarse varios años después de la publicación del Libro de Mormón. Incluso es posible que el término no hubiese sido utilizado durante el transcurso de la propia traducción. Sin embargo, el historiador D. Michael Quinn opina que es posible que el término se utilizara ya en 1828. “Éste fue el término usado, en el “Historial de Manuscritos de la Iglesia”, para el objeto con el que se recibieron las primeras revelaciones de 1830 y esta declaración sobre el Urim y Tumim apareció en los encabezamientos de estas primeras revelaciones en Doctrinas y Convenios desde 1921 hasta el presente.[13]”

Sin embargo, Quinn también resalta que “no había ninguna referencia sobre el Urim y Tumim en los encabezamientos del Libro de Mandamientos (1833) o en los encabezamientos de la únicas ediciones de Doctrinas y Convenios preparadas durante la vida de Smith (en 1835 y 1844).”[14]

Finalmente, en 1836, encontramos una referencia del Urim y Tumim en una publicación no SUD. El relato fue impreso en el “Ohio Observer”. Truman Coe residía en Kirtland, Ohio, pero no era miembro de la Iglesia. Éste aparentaba repetir lo que José Smith u otro miembro de la Iglesia de Kirtland, le había dicho y de hecho usaba el término Urim y Tumim para referirse a los intérpretes. Es interesante que Coe no mencione el uso de un sombrero. “El proceso de traducción fue tan maravilloso como el descubrimiento. Al poner su dedo en uno de los caracteres e implorar por ayuda divina, procedía a mirar a través del Urim y Tumim, vería el significado escrito en un inglés sencillo en una pantalla frente a él.”[15]

Brant Gardner señaló que Coe “seguramente no aceptó el relato de forma literal,” pero que al “parecer lo contó sin sarcasmos ni distorsiones.” Gardner menciona también que la historia de Coe “provee una imagen sobre la traducción que ha perdurado desde 1836 hasta hoy.”[16] Desde luego, el relato de Coe parece acercarse mucho a la historia que usamos en la Iglesia en el presente, incluso se correlaciona con algunas obras de arte modernas que muestran a José sentado en una mesa con su dedo en las planchas.

Declaró que un ángel fue enviado por Dios para hacerle saber donde fue escondido el libro, que lo buscó y encontró, que en las planchas de oro las palabras estaban grabadas en un idioma que ningún hombre podía entender y que dos grandes joyas, que recordaban a unos diamantes, les fueron entregadas, con las cuales, al ponerlas en los ojos a modo de anteojos, le permitían llegar al significado y traducir el Libro de Mormón al inglés. Estas joyas eran, según dijo, el Urim y Tumim del Antiguo Testamento.[17]En 1840 encontramos un documento hostil que utiliza el término Urim y Tumim para referirse a los intérpretes. En éste registro, los anteojos se ponen en los ojos y no se menciona el uso de un sombrero.

Una entrevista de 1891 con William Smith, hermano del profeta, ofrece una descripción del Urim y Tumim y su vínculo con la coraza. Por aquel entonces, cuando William dió su descripción, el término Urim y Tumim ya se había utilizado durante muchos años para describir los intérpretes nefitas. William dijo que “un lazo de plata recorría la parte superior de una piedra, rodeando la otra por debajo de la misma, para pasar por debajo de la primera formando así una figura en 8 horizontal muy similar a un par de anteojos.” William también dijo que los anteojos eran “demasiado grandes para José” y que José “sólo podía ver a través de una [piedra] a la vez, usando una y en ocasiones la otra. Al colocar su cabeza en un sombrero, o en cualquier objeto oscuro, no necesitaba cerrar un ojo mientras miraba por una de las piedras. De ese modo, cuando sus ojos se empezaban a cansar, aliviaba su esfuerzo.”[18]

William dijo que José “miraba a través de” las piedras “de una en una,” lo cual naturalmente implica que miraba las planchas a través de ellas, sin embargo, el poner su “cabeza dentro de un sombrero o en algún objeto oscuro” parece contradecir la idea de que las planchas estuviesen en el otro lado de las piedras. Debido a que los intérpretes nefitas tenían la forma de unos “anteojos” evidentemente asumimos que José tenía que mirar a través de los intérpretes directamente a los caracteres de las planchas.

Los anteojos y la piedra

Teniendo en cuenta que los artículos periodísticos contemporáneos concuerdan completamente con la descripción ofrecida por Martín Harris durante su vejez concerniente a que en los inicios del proceso de traducción los anteojos eran usados con un sombrero, ¿qué debemos hacer con las descripciones de Emma Smith y David Whitmer? Ambos especifican el uso de una “piedra clarividente” y un sombrero. La roca no se menciona mucho en publicaciones de la iglesia, pero hay algunos casos notables. Como ya se señaló con anterioridad, “The Friend” menciona dos instrumentos de traducción, asegurando que “José encontró junto con las planchas de oro” un Urim y Tumim, que consistía en dos piedras transparentes posicionadas en un lazo de metal acoplado a un peto” y que “José también usó una roca marrón con forma de huevo para traducir, llamada piedra clarividente.”[19]

Aquí tenemos una evidencia de que José utilizó más de un instrumento durante el proceso de traducción. Una confirmación adicional se puede encontrar en un artículo de Edward Stevenson, impreso en el “Deseret News” en 1881, en el cual cita a Martín Harris diciendo “que el profeta tenía en posesión una piedra clarividente, con la que también se le permitía traducir al igual que con el Urim y Tumim y que después usó la piedra clarividente por comodidad.”[20]

Ahora vemos que Martín conocía la existencia y distinguía dos instrumentos de traducción diferentes. De hecho, podemos aprender, de la “Ensign” de enero de 1988, que Martín no sólo sabía que José usó tanto los intérpretes nefitas como la piedra clarividente, sino que de hecho, en una ocasión, intercambió la piedra de José por una diferente con la intención de poner a prueba su habilidad para traducir.
Desde el 12 de abril hasta el 14 de junio, José tradujo mientras Martín escribía, con sólo una cortina entre ellos. De vez en cuando se tomaban un descanso de la ardua tarea, a veces yendo al río y tirando piedras. Una vez, Martín encontró una roca que se parecía mucho a la piedra clarividente que José usaba en algunas ocasiones en lugar de los intérpretes y la sustituyó sin que el profeta lo supiera. Cuando se reanudó la traducción José se detuvo durante mucho tiempo y entonces exclamó, “Martín, que pasa que todo está oscuro como en Egipto.” Entonces Martín confesó que deseaba que “cesaran las bocas de los incrédulos,” los cuales le dijeron que el profeta memorizaba las frases y simplemente las repetía. [21]
Martín quería pruebas de que José realmente era capaz de usar la piedra para traducir. Ya que no se atrevía a mirar los anteojos debido al mandamiento del Señor, sólo se hubiera atrevido a cambiar la piedra clarividente de José. Emma Smith también nos confirma que José alternaba entre el Urim y Tumim y la piedra clarividente. Emma declaró: “Ahora, lo primero que mi marido tradujo fue traducido por medio del Urim y Tumim y fue la parte que Martín Harris perdió, después de eso utilizó una pequeña piedra, sin llegar a ser negra pero más bien de un color oscuro.”[22]

Con esta declaración, Emma establece un período de tiempo para la transición entre los intérpretes nefitas y la piedra clarividente. Declarando que ocurrió después de la pérdida de las 116 páginas y al reanudar la traducción.

Davíd Whitmer, quien después de la pérdida de las 116 páginas solamente observó la traducción, también podía distinguir entre el Urim y Tumim (los anteojos) y la piedra clarividente.
Ahora manifiesto, con la aprobación y autorización de David Whitmer, que él no dice que, en alguna ocasión, José Smith tradujera en su presencia con ayuda del Urim y Tumim, sino por medio de una piedra opaca de un color oscuro, llamada "piedra clarividente" que colocaba en la copa de un sombrero [por dentro], en el cual José ponía su cara para así excluir la luz exterior. Entonces, una luz espiritual empezaría a brillar y delante de José aparecería un pergamino sobre el cual había una línea de caracteres procedentes de las planchas y debajo la traducción en Inglés; por lo menos, por lo que dijo José.[23]
Otra entrevista a Whitmer señala que, aunque José no estaba autorizado por el Señor a mostrar el Urim y Tumim, si estaba capacitado para mostrar a otros su piedra clarividente. 
Que José tenía otra piedra llamada “la piedra del vidente” y “piedra examinadora”, es bastante seguro. Ésta piedra se expuso a otros con frecuencia y ayudó a mitigar su espantosa curiosidad; pero el Urim y Tumim nunca, exceptuando posiblemente a Oliver Cowdery.... Lo que el Élder David Whitmer creía era que la traducción se hacía por medio de “la piedra del vidente”, como él la llamaba, en vez de con los intérpretes y la declaración de Emma Smith (Bidamon) concuerda con Whitmer, tal como se publicó en el “Herald” algunos años después. La única discrepancia entre las declaraciones de los testigos está relacionada con los detalles de la traducción; y, como se ha mostrado anteriormente, David y Emma, básicamente, no sabían cómo se usaba el Urim y Tumim, ya que ninguno lo vio. El lector podría amablemente tener en cuenta que a nadie se le permitía ver las planchas o el Urim y Tumim, salvo por mandato de Dios. A los ocho testigos se les permitió ver y manipular las planchas, tal como se ha mencionado con anterioridad; a nadie más.[24]
En 1886, David Whitmer indica que José usó su propia piedra clarividente para traducir todo el texto de nuestro Libro de Mormón actual. En esta entrevista, Whitmer declara que los anteojos nunca fueron devueltos después de la pérdida de las 116 páginas y que una piedra clarividente fue entregada a José Smith con el propósito de continuar la traducción.
Sin embargo, por medio de ferviente oración y humillación, el profeta encontró, una vez más, el favor y se le otorgó una extraña piedra con forma oval, de color chocolate, más o menos del tamaño de un huevo, aunque más aplastado. Se prometió que ésta serviría para el mismo propósito que el ya desaparecido Urim y Tumim (éste último era un par de piedras transparentes acopladas en una montura con forma de lazo que recordaba mucho a un par de anteojos). Con esta piedra fue traducido todo el Libro de Mormón actual.[25]
No obstante, la aseveración de Whitmer, que indica que José recibió una piedra, es probable que no sea correcta, puesto que José ya poseía al menos una piedra clarividente antes de recibir los intérpretes nefitas. Uno podría suponer que el ángel se llevó la piedra de José, al mismo tiempo que se llevó las planchas y los intérpretes nefitas y después se la devolvió tras haberla consagrado con el fin de traducir. Sin embargo, no hay evidencias que confirmen que este sea el caso, salvo el hecho de que José estaba autorizado a usar la piedra con ese fin.

José no sólo poseía una piedra clarividente antes de recibir los intérpretes nefitas, sino que: Ya estaba bastante familiarizado con su funcionamiento. Matthew B. Brown apuntó que “José Smith supuestamente dijo en 1826, mientras estaba siendo interrogado por un tribunal, que al principio, cuando obtuvo su piedra clarividente personal, lo ponía en su sombrero y descubrió que el tiempo, el lugar y la distancia eran fulminados; que todos los obstáculos que hubiere en medio eran retirados y que poseía uno de los atributos de la deidad, un ojo que todo lo ve.”[26]

Brown pasa a señalar que Brigham Young confirmó este punto de vista, “Cuando José tenía una revelación tenía, por así decirlo, los ojos del Señor. Veía cómo ve el Señor.”[27]

De hecho, al recibir los intérpretes nefitas, José los ve como una versión más poderosa que la piedra que ya poseía. Joseph Knight recordó que José parecía estar más emocionado de recibir las gafas que las propias planchas de oro. Después de que José regresara de recuperar las planchas, Joseph Knight recordó,
Después del desayuno José me llamó a otra habitación, puso su pie en la cama, inclinó la cabeza sobre su mano y dijo: -“Bien, estoy decepcionado.” -“Bien,” dije yo, “lo siento.” -“Bueno,” dijo él, “estoy muy decepcionado. Es diez veces mejor de lo que me esperaba.” Entonces, se fue a medir el largo, ancho y grosor de las planchas y dijo, “parecen ser de oro”. Pero al parecer esperaba más de las gafas, o Urim y Tumim, que de las planchas, puesto que dijo, “puedo ver lo que sea. Son prodigiosas. Ahora están escritas con símbolos y las quiero traducidas.”[28]
La idea de que los intérpretes nefitas fueran una versión más poderosa de la piedra clarividente de José es interesante, puesto que implica que había algo especial sobre las propias piedras. Sin embargo, que las piedras eran superiores, es más probable que fuera una impresión propia de José, porque esas piedras habían sido consagradas por Dios con el propósito de ver cosas.

A pesar de todo, la idea de que los intérpretes nefitas fueran superiores a la “piedra clarividente” común, fue aceptada por Joseph Fielding Smith, apóstol e historiador de la iglesia del siglo XX. Como respuesta a las argumentaciones que indicaban que José pudo haber usado su propia piedra clarividente durante la traducción del Libro de Mormón, Élder Smith aseguró de forma rotunda que él no creía que eso fuera cierto, puesto que la piedra era inferior a los intérpretes nefitas. En Doctrinas de Salvación, publicada en 1956, Smith declaró que consideraba dichas argumentaciones “rumores.”
Aunque la declaración sobre que el profeta José Smith usó una piedra clarividente durante parte de la traducción de los anales la realizaron algunos escritores y a pesar de que la información apunta a que de hecho tenía en su posesión dichas piedras, no existe ninguna declaración de autenticidad, en toda la historia de la iglesia, que afirme el uso de dicha piedra durante esa traducción. Toda información es rumorología y personalmente no creo que esa piedra fuera usada con ese propósito. El razonamiento que ofrezco para esta conclusión se encuentra en el mandato del Señor al Hermano de Jared, tal como se recoge en Éter 3:22-24. Éstas piedras, el Urim y Tumim, las cuales fueron entregadas al Hermano de Jared, fueron preservadas con el propósito de traducir los anales, tanto los jareditas como los nefitas. Entonces, al profeta se le recalcó nuevamente por Moroni que estas piedras fueron entregadas con ese mismo propósito. No parece muy razonable suponer que el profeta pudiera sustituir algo evidentemente inferior bajo dichas circunstancias. Pudo haber sido así, pero es muy fácil que circulara un relato de este tipo, debido al hecho de que el profeta tenía en su posesión una piedra clarividente, la cual pudo haber utilizado para otros propósitos. [29]
Hasta ahora hemos probado que existen múltiples declaraciones de testigos y fuentes de la Iglesia que confirman que, durante el proceso de traducción del Libro de Mormón, José alternó el uso de los anteojos, o intérpretes nefitas, con una piedra clarividente. La siguiente pregunta es: ¿Por qué José pasó de un instrumento de traducción a otro? ¿Fue, como indicó Martín Harris, simplemente por “comodidad”?

Una posible explicación es que el tamaño de los intérpretes pudiera ser un obstáculo para su uso. William Smith describió a los intérpretes nefitas como “demasiado grandes para José y sólo podía ver a través de uno a la vez, usando unas veces uno y otras el otro.”[30] Charles Anthon, quien tuvo que obtener su información por medio de Martin Harris, dio detalles adicionales cuando escribió que “estos anteojos eran tan grandes que si una persona se atreviera a mirar a través de ellos, sus dos ojos tendrían que enfocarse en uno de los cristales, simplemente, los anteojos en cuestión eran, en conjunto, demasiado grandes para la anchura de una cara humana.”[31]

En 1839, John Corrill confirmó que José había devuelto el Urim y Tumim al ángel antes de que el Libro de Mormón fuera publicado, apuntando que “Después de finalizar la traducción, las planchas y las piedras de Urim y Tumim fueron devueltas nuevamente y escondidas por el ángel con un sabio propósito y la traducción se publicó en el invierno del A. D. 1829 y 30.”[32]

Otra explicación posible es que los intérpretes nefitas nunca fueran devueltos a José y que se esperara de él que continuara la traducción con su propia piedra clarividente. David Whitmer parece indicarlo como posibilidad cuando declara que a José le retiraron el Urim y Tumim y se le “dio” una piedra clarividente.

En base a estos relatos, parece ser que José empezó el proceso de traducción usando los intérpretes nefitas y que puede que en algún momento los usara con un sombrero. Es posible que tras la pérdida de las 116 páginas pasara a usar su propia piedra clarividente, o que continuara usando los “anteojos” nefitas, nuevamente con el sombrero. De hecho, debido a las continuas declaraciones sobre el uso del sombrero durante la traducción, no es posible saber con certeza si José usaba los intérpretes nefitas o la piedra clarividente dentro del sombrero durante ese período de tiempo. Una cosa sí que parece cierta en base a las declaraciones de los testigos  —durante el transcurso del proceso de traducción, posterior a la pérdida de las 116 páginas, José se sentaba a la vista, sin una cortina, dictando a su escriba mientras miraba dentro de su sombrero.

Los anteojos y la piedra como Urim y Tumim

En cierto momento, varios años después de la publicación del Libro de Mormón, tanto los intérpretes nefitas (los anteojos) como la piedra clarividente fueron llamadas Urim y Tumim. Cuando el término Urim y Tumim se introdujo en 1833 no hacía referencia exclusivamente al instrumento que José recogió junto con las planchas, sino que también se refería a la propia piedra clarividente que ya poseía José antes de la traducción del Libro de Mormón. En 1907, Élder B. H. Roberts asoció claramente el término tanto a la piedra como a los intérpretes nefitas.
La piedra clarividente que se menciona aquí era de color chocolate, una piedra con la forma similar a un huevo, la cual el profeta encontró mientras excavaba un pozo junto con su hermano Hyrum. Poseía las cualidades del Urim y Tumim, ya que por medio de ella, (como se ha descrito anteriormente) así como por medio de los “intérpretes” encontrados junto con los anales nefitas, José podía traducir los símbolos grabados en las planchas. [33]
En cualquier conversación de la Iglesia, se asume que el Urim y Tumim son los intérpretes nefitas que José recuperó junto con las planchas. Únicamente los que están familiarizados con los orígenes pueden darse cuenta de que había más de un instrumento de traducción. El término Urim y Tumim, se refiere a cualquier instrumento usado con el propósito de traducir o recibir revelación.

La Ensign de enero de 2013 esclarece que José usó varios instrumentos de revelación y que todos se denominaban Urim y Tumim.
Aquellos que creían que las revelaciones de José Smith consistían en que la voz del Señor les hablaba, también aceptaron la milagrosa manera en que fueron recibidas. Algunas de las primeras revelaciones del profeta José llegaron por los mismos medios con los que se tradujo el Libro de Mormón de las planchas de oro. En la caja de piedra que contenía las planchas de oro, José encontró lo que los profetas del Libro de Mormón llamaban “intérpretes,” o una “piedra, que brillará en las tinieblas hasta dar luz” (Alma 37:23-24). [José] describió los instrumentos como “anteojos” y se refirió a ellos usando un término del Antiguo Testamento, Urim y Tumim (véase Éxodo 28:30).


Asimismo, algunas veces, aplicaba el término a otras piedras que poseía, llamadas "piedras clarividentes" porque le ayudaban a recibir revelaciones como vidente. El profeta recibió algunas de sus primeras revelaciones por medio del uso de estas piedras clarividentes.[34]
La idea de que pudiera haber más de un Urim y Tumim no es inusual y sólo tenemos que mirar en la Biblia. El Urim y Tumim que se menciona en la Biblia no es el mismo instrumento usado por los nefitas o por Joseph Smith. Sin embargo, las referencias bíblicas sobre el Urim y Tumim asocian el instrumento a una coraza. En Éxodo 28:30 leemos: "Y pondrás en el pectoral del juicio el Urim y el Tumim, para que estén sobre el corazón de Aarón cuando entre delante de Jehová." En Levítico 8:8 leemos: "Le puso luego encima el pectoral y en él puso el Urim y Tumim." Desde la web oficial de la Iglesia, lds.org, aprendemos que el Urim y Tumim era "un antiguo instrumento o herramienta preparado por Dios y utilizado por José Smith para ayudar en la traducción del Libro de Mormón. Dios proveyó un Urim y Tumim para Sus profetas de la antigüedad (véase Éxodo 28:30; 1 Samuel 28:6; Esdras 2:63).

El Urim y Tumim no es un instrumento único: Dios no dio el Urim y Tumim, sino que proveyó de un Urim y Tumim. Puede que haya más de un instrumento llamado “Urim y Tumim.”

El Urim y Tumim de La Biblia también se usaba para recibir revelación y se menciona en 1 Samuel 28:6, “Y consultó Saúl a Jehová, pero Jehová no le respondió, ni por sueños, ni por el Urim ni por profetas.”

¿No habló José del Urim y Tumim?

Durante la última parte de su vida, José Smith claramente llamaba Urim y Tumim a los instrumentos usados para la traducción. En el “Elders Journal” de 1838 José Smith dijo: “Las obtuve y junto a ellas el Urim y Tumim, mediante los cuales traduje las planchas y de ese modo llegó el Libro de Mormón.”[1] 

Un ejemplo más conocido es la carta Wentworth, impresa en la edición del uno de marzo de 1842 de la revista “Times and Seasons.” José Smith escribió, “Junto con los anales se encontró un instrumento curioso, el cual los antiguos llamaban “Urim y Tumim”, que consistía en dos piedras transparentes montadas en unos aros en forma de lazo asegurado a un pectoral. Por medio del Urim y Tumim traduje el registro por el don y poder de Dios.”[2]

Pero, ¿Utilizó José el término Urim y Tumim para referirse a los instrumentos de traducción durante la época en que traducía el Libro de Mormón? En el manual “Las enseñanzas de los presidentes de la Iglesia: José Smith”, se da crédito a José Smith cuando leemos: “El ángel se regocijó al devolverme el Urim y Tumim.”[3] En principio, a partir de esta declaración, parece que José usa el término Urim y Tumim para referirse a los anteojos nefitas durante la época en que estaba traduciendo. Sin embargo, un vistazo a la nota a pie de página del comentario, revela que el texto procede de un manuscrito de Lucy Mack Smith de 1845 sobre la historia de la vida del profeta, el cual fue escrito mucho después de que el término Urim y Tumim se usara de forma generalizada. Además, al examinar el texto original del manuscrito de 1845 de Lucy, podemos ver algunas alteraciones interesantes. En su origen, el texto fue escrito parcialmente en tercera persona por Lucy.
“Entonces continué (José) con mis súplicas a Dios sin cesar para que, a lo mejor, ejerciera nuevamente su misericordia sobre mi y el 22 de septiembre tuve la alegría y satisfacción de recibir nuevamente los anales, he empezado la traducción y ahora Emma escribe para mi, pero el ángel dijo que si obtenía las planchas otra vez, el Señor mandaría a alguien para escribir por mí y confío en que así sea” -también dijo que el ángel parecía alegrarse cuando le devolvió las planchas y le dijo que estaba complacido con su fe y humildad, así como que el Señor estaba complacido con él y que lo amaba por su arrepentimiento y diligencia en la oración, con la que había realizado su deber los suficientemente bien como para recibir el registro y se me permitía volver a trabajar en la traducción.[4]
Después del descarte y sustitución de palabras y con todas las menciones de “las planchas” y “el registro” sustituidas ahora por “el Urim y Tumim, el texto completo se lee como si hubiese sido escrito por el propio José.”
“Continúo,” dijo José, “mis súplicas a Dios sin cesar para que, a lo mejor, ejerza nuevamente su misericordia sobre mi y en el 22 de septiembre tuve la alegría y satisfacción de recibir nuevamente el Urim y Tumim; he empezado la traducción y ahora Emma escribe para mi, pero el ángel dijo que el Señor mandaría a alguien para que escribiera para mí y confío en que así sea - también dijo que se alegraba de devolverme el Urim y Tumim y que Dios estaba complacido con mi fe y humildad y me amaba por mi arrepentimiento y diligencia en la oración, con la que había realizado su mandamiento lo suficientemente bien como para recibir el Urim y Tumim y se me permitía volver a trabajar en la traducción.”[5]
Puesto que Lucy es quien escribió originalmente el texto de la declaración de José [Smith], hemos determinado que esta referencia al Urim y Tumim es una declaración tardía de segunda mano. El uso de ese término para referirse a los instrumentos de traducción no es sorprendente, pero su uso como sustituto para las referencias de las planchas es inusual. Cuando la historia de Lucy fue publicada en 1853, originalmente no había indicios de que el nombre "Urim y Tumim" hiciera referencia a las planchas y ahora parece que fue el mismo José Smith quien había dicho esas palabras.
[José] dijo, “cuando el ángel se fue continué, sin cesar, con mis súplicas a Dios y el día veintidós de septiembre, tuve la alegría y satisfacción de volver a recibir el Urim y Tumim, con los que nuevamente he comenzado a traducir y Emma escribe para mi, pero el ángel dijo que el Señor me mandaría un escriba y confío en que su promesa será verificada. El ángel parecía estar complacido conmigo al devolverme el Urim y Tumim y me dijo que el Señor me amaba por mi fidelidad y humildad.”[6]
En el siglo XIX, era una práctica común reescribir los registros en tercera persona como si fueran en primera persona. Lo mismo pasó con “History of the Church.”

Oliver Cowdery y el Urim y Tumim

Cabe la posibilidad de que Oliver Cowdery, como escriba de José durante la época de traducción que desembocó en el texto actual del Libro de Mormón, sea el mejor testigo del método utilizado para la traducción. Algunos de los registros de Oliver sobre el proceso de traducción, hacen referencia al Urim y Tumim y los intérpretes nefitas. Por ejemplo, en 1834, W.W. Phelps escribió una carta a Oliver Cowdery resaltando que la traducción se llevó a cabo “gracias a la ayuda del “Urim y Tumim,” y “de los intérpretes nefitas” o anteojos divinos.”[7] Oliver escribió un artículo en el “Latter Day Saint´s Messenger and Advocate” en el que describía el proceso de traducción:
Fueron días que nunca serán olvidados -el sentarse bajo el sonido de una voz dictada por inspiración del cielo, ¡despertando, a más no poder, la gratitud de este pecho! Desde su boca, continué escribiendo día tras día sin interrupción, al mismo tiempo que traducía con el Urim y Tumim, o como dirían los nefitas: “intérpretes”, la historia o registro llamado “El Libro de Mormón.”[8]
El “Messenger and Advocate” era un periódico de la Iglesia y su audiencia era principalmente miembros de la Iglesia. Está claro que, entre los miembros de la iglesia, para el año 1834 se aceptaba el nombre Urim y Tumim para los instrumentos utilizados durante la traducción. No apreciándose ninguna distinción entre los intérpretes nefitas y la piedra clarividente.

Después de que Oliver dejara la Iglesia, continuó manteniendo su testimonio sobre el Libro de Mormón, a pesar de que dejara de creer que José Smith fue llamado para liderar la Iglesia. Hay una cita muy conocida circulando por internet atribuida a Oliver Cowdery que se usa como evidencia de que Oliver se volvió escéptico con su papel en la traducción del Libro de Mormón y que mencionó de forma específica el uso de la piedra clarividente como Urim y Tumim. Se cree que Oliver dijo lo siguiente en 1839:
A veces, cuando traducía de las planchas por medio del “Urim y Tumim” sin que siquiera éstas estuvieran a la vista, tuve momentos de escepticismo en los cuales me preguntaba seriamente si el profeta y yo éramos hombres con sentido común.
Pero creí en ambos, tanto en el vidente como en la “Piedra clarividente,” así como en lo que el primer élder proclamó como revelación de Dios, lo acepté como tal y me comprometi con una mente alegre y un corazón contento y una pluma rauda; puesto que creí que él era el alma de honor y verdad, un joven que moriría antes que mentir.[9]
El documento que contiene estas declaraciones está reconocido como fraude histórico, aunque, después de que saliera a la luz en 1906, fué aceptado como genuino durante muchos años. El documento esta constituido básicamente por frases escritas por Oliver Cowdery, extraídas de varios estudios de 1834 y 1835 del periódico “Latter Day Saints´ Messenger and Advocate” y posteriormente colocadas en diferentes contextos. El documento también reformula conceptos discutidos en “An Address to All Believers in Christ” de David Whitmer. [10] Richard Lloyd Anderson explica el origen de éste fraude en la revista “Ensign” de abril de 1987.
En 1906 “the mountain evangelist” (la montaña evangelista) R. B. Neal, un líder de la Asociación Anti-mormona Americana, publicó un documento con mucha algarabía pero ninguna evidencia de autenticidad. El reverendo Neal declaró que lo publicado era una reimpresión que procedía de otro documento de 1839 que explicaba la apostasía de Oliver Cowdery: “Defence in a Rehearsal of My Grounds for Separating Myself from the Latter Day Saints.” R. B Neal aseguró: “No ha salido a la luz ningún documento más importante desde que me involucré en esta contienda.” Con tales convicciones, uno puede estar seguro de que el reverendo Neal pudo haber presentado alguna evidencia para probar que el original realmente existía. Pero lo único que tenemos es su primera impresión de 1906, la cual no dice nada sobre por qué nunca se ha oído hablar de dicho documento hasta mediados del siglo en el que falleció Oliver Cowdery.[11]
Hay otro asunto concerniente a Oliver Cowdery que tenemos que tener en cuenta. Sabemos que, en algún momento durante el proceso de traducción, Oliver Cowdery deseaba traducir. Su intento y subsecuente fracaso al hacerlo, ha proporcionado a la Iglesia una de las lecciones básicas más conocidas. La mayoría de los miembros de la Iglesia están bastante familiarizados con la lección ofrecida en Doctrina y Convenios 9:7-9:
He aquí, no has entendido; has supuesto que yo te lo concedería cuando no pensaste sino en pedirme. Pero he aquí, te digo que debes estudiarlo en tu mente; entonces has de preguntarme si está bien; y si así fuere, haré que tu pecho arda dentro de ti; por tanto, sentirás que está bien. Mas si no estuviere bien, no sentirás tal cosa, sino que te sobrevendrá un estupor de pensamiento que te hará olvidar lo que está mal; por lo tanto, no puedes escribir lo que es sagrado a no ser que lo recibas de mí.
La lección aprendida es una muy poderosa y define para los Santos de los Últimos Días el modo por el cual podemos recibir revelación personal. Elder Richard G. Scott habló sobre esto en la Conferencia General de abril de 2007.
Algunas malas interpretaciones acerca de la oración se pueden aclarar al comprender que las Escrituras definen los principios de una oración eficaz; sin embargo, ellas no aseguran cuándo se va a recibir la respuesta. De hecho, Él responderá de una de estas tres maneras, Primero: sentirás la paz, el consuelo y la seguridad que confirma que tu decisión es correcta. O segundo: sentirás un sentimiento de inquietud, de estupor de pensamiento que indica que lo que has escogido no es lo correcto. O tercero -y ésta es la más difícil- no sentirás ninguna respuesta.[12]
El intento fallido de traducir por parte de Oliver proporcionó esta valiosa lección a las generaciones venideras. Sin embargo, cuando consideramos el proceso de traducción en sí mismo, ¿nos preguntamos alguna vez qué método habría utilizado Oliver en su intento de traducir? Sabemos que Oliver no estaba autorizado para ver las planchas o los intérpretes nefitas hasta que se convirtió en uno de los tres testigos. Es más, normalmente asumimos que el proceso de traducción requirió el uso de los intérpretes nefitas y la observación de las planchas. Aquí tenemos una contradicción: El intento de traducir por parte de Oliver no cuadra con la imagen cotidiana de José y Oliver sentados en una mesa y separados por una cortina.

Entonces, ¿cómo intentó Oliver traducir las planchas durante el período de tiempo anterior a ser un testigo? ¿Que instrumento de traducción utilizó? Aunque el intento de traducir de Oliver no cuadra en el caso en el que los intérpretes nefitas fueron utilizados, si cabe perfectamente con el uso de las piedras y el sombrero, con Oliver y José sentados a simple vista y las planchas tapadas. 

En un artículo de la “Ensign” de septiembre de 1977, Richard Lloyd Anderson resaltó ésta inconsistencia con respecto a Oliver y las planchas.
Oliver Cowdery dijo, “Yo… toqué las planchas de oro con mis manos.” Sin embargo otro testigo, David Whitmer, insistió en que él nunca tocó las planchas; sólo las miró en una visión mientras el ángel mostraba las planchas y otros objetos sagrados. Ya que Whitmer y Cowdery estaban juntos en esta impresionante visión, debemos deducir que Cowdery no manipuló las planchas en ese momento. Por lo tanto surge una discrepancia entre el escriba principal y su testigo y cuñado: evidentemente en algún momento durante el proceso de traducción Oliver Cowdery manipuló las planchas.[13]
La conclusión de Anderson es que “Oliver Cowdery perfectamente pudo haber manipulado las planchas durante su intento de traducción.”[14] Ésta se basa en la cotidiana suposición de que el uso de los intérpretes nefitas, como anteojos, requería que el traductor mirara directamente las planchas a través de ellos. Anderson asume que el proceso involucraba “el acto físico de posicionar los instrumentos de traducción directamente sobre las planchas.” Anderson también cita la declaración de otra persona que según él “dice explícitamente que el traductor colocaba el Urim y Tumim sobre los caracteres de las planchas, aunque se debe juzgar con mucha cautela.” La declaración es dada por el miembro de la Iglesia Samuel W. Richards quién visitó a Oliver Cowdery y describió la visita de la siguiente manera:
“Él [Oliver Cowdery] se sentó al igual que José en una mesa con las planchas frente a [José], traduciéndolas por medio del Urim y Tumim, mientras que él se sentaba al lado escribiendo cada palabra tal como José se las decía. Ésto se hizo sujetando los “intérpretes” sobre los jeroglíficos, la traducción aparecía de manera clara en el instrumento, el cual había sido tocado por el dedo de Dios y dedicado y consagrado expresamente con el propósito de traducir lenguas.”[15]
Anderson califica la declaración resaltando que “es improbable que Samuel Richards pudiera citar a Oliver, de manera precisa en 1907, cincuenta y nueve años después de esa visita personal. De hecho, continuó la declaración anterior describiendo a Oliver Cowdery traduciendo correctamente por sí mismo, aprendiendo así como realizó José Smith esa tarea. Pero la revelación contemporánea de Oliver Cowdery dice lo contrario (D. y C. 9), lo que quiere decir que nadie, salvo José Smith, conocía personalmente el proceso exacto de traducción.”[16]

Esta declaración también implicaría que en realidad Oliver sí vio los instrumentos de traducción nefitas y las planchas, antes de convertirse en uno de los tres testigos. Sin embargo, parece más razonable que Oliver hubiera intentado traducir sin tener que ver las planchas, aun pudiendo haber “manipulado” las planchas mientras estaban tapadas.

¿Intentó Oliver traducir usando la piedra clarividente de José? Esta es una posibilidad. Otra posibilidad es que Oliver poseía su propio instrumento de revelación e intentó utilizarlo para traducir. Existe tal conclusión en el texto original de Doctrina y Convenios Sección 8, el cual menciona el “don” de Oliver.[17] Este tema se aclara en la página web oficial de la Iglesia “Historia de la Iglesia,” history.lds.org. En el artículo “Oliver Cowdery´s Gift,” por Jeffrey G. Cannon, aprendemos que Oliver poseía una vara divina, que utilizaba para recibir revelación.
Oliver Cowdery vivió en una cultura inmersa en ideas, lenguaje y prácticas bíblicas. Probablemente la referencia sobre la revelación de Moisés se refería a él. El relato del Antiguo Testamento sobre Moisés y su hermano Aarón contaba con varios casos de uso de varas para manifestar la voluntad de Dios (véase Éxodo 7: 9-12; Números 17:8). En los tiempos de José Smith y Oliver Cowdery muchos cristianos creían de forma similar en las varas divinas como instrumentos de revelación. Cowdery se encontraba entre aquellos que creían  y usaban una vara divina.[18] 
Puesto que anteriormente Oliver había usado su vara divina para recibir revelación, no es descabellado asumir que Oliver pudiera haber intentado usar su propio instrumento profético durante su intento de traducción. Esto podría satisfacer el requerimiento de que no observara las planchas ni los intérpretes nefitas antes de convertirse en uno de los tres testigos.

Menciones del Urim y Tumim en Doctrina y Convenios

En Doctrina y Convenios hay varias referencias al Urim y Tumim. ¿Se podría utilizar alguna de estas para determinar cuándo se empezó a usar el término? Doctrina y Convenios menciona una serie de revelaciones que se recibieron por José Smith mediante el Urim y Tumim. La sección 130 de D. y C., la cual contiene numerosas referencias, se recibió en 1843, mucho después de que el término se usara de forma habitual. De mayor interés son las secciones 10 y 17 de D. y C., que fueron recibidas mientras la traducción estaba en proceso.

Doctrina y Convenios 10 se recibió en el verano de 1828. Al leer el primer versículo parece que el término Urim y Tumim se utilizaba en el momento en que se recibió la revelación.
“He aquí, te digo que por haber entregado en manos de un hombre inicuo esos escritos para lo cual se te dio el poder de traducirlos por medio del Urim y Tumim, ahora los has perdido.”
Sin embargo, el término Urim y Tumim fue añadido en 1835, cuando la revelación fue incluida en la primera edición de Doctrina y Convenios. La misma revelación en el Libro de Mandamientos de 1833 no hace referencias al instrumento utilizado para traducir. “He aquí, ahora te digo que por haber entregado en manos de un hombre inicuo tantos escritos, para lo cual tenías el poder de traducir, los has perdido.”

Más intrigante es D. y C. 17, que fue recibida “por medio del Urim y Tumim” en junio de 1829. El versículo 1 informa a los tres testigos que “veréis las planchas, y también el pectoral, la espada de Labán, el Urim y Tumim que le fue dado al hermano de Jared en el monte, cuando habló cara a cara con el Señor, así como la milagrosa guía que recibió Lehi mientras se hallaba en el desierto, en las inmediaciones del Mar Rojo.”

Los instrumentos de traducción no son sólo el tema principal de la revelación, sino que el término Urim y Tumim está directamente asociado con los intérpretes nefitas, “que le fue dado al hermano de Jared.” El texto original de la sección 17 no formaba parte del Libro de Mandamientos y originalmente fue impreso como sección 42 en la edición de Doctrina y Convenios de 1835.[19] El texto original de esta revelación se puede encontrar en “Revelation, June 1829-E [DyC 17], Joseph Smith Papers [(JSP)].”
He aquí, os digo que tenéis que confiar en mi palabra, y si lo hacéis con íntegro propósito de corazón, veréis las planchas, y también el pectoral, la espada de Labán, el Urim y Tumim que le fue dado al hermano de Jared en el monte, cuando habló cara a cara con el Señor, así como el director milagroso que recibió Lehi mientras se hallaba en el desierto, en las inmediaciones del Mar Rojo.[20]
La introducción histórica a esta sección en JSP declara que “el segundo libro de revelaciones contiene la copia más antigua de esta revelación. No tiene fecha y aparentemente fue copiada por el escriba Frederick G. Williams en algún momento posterior al 25 de noviembre de 1834. No existe una copia anterior. El libro de Doctrina y Convenios de 1835 y documentos posteriores determinan que la fecha era 1829.” Si 1829 es realmente la fecha en que la revelación se plasmó en papel, demostraría que el término Urim y Tumim estaba asociado a los intérpretes nefitas durante el período en el que la traducción estaba en proceso. Desafortunadamente, la versión escrita de esta revelación no puede ser fechada como anterior a 1834.

La piedra y el sombrero

Antes de la aparición del ángel Moroni, José poseía varias piedras que usaba para buscar cosas, siendo el uso más conocido la búsqueda de objetos perdidos o tesoros enterrados. Esta no era una actividad tan inusual como podría parecer desde nuestra perspectiva moderna. En 1825 el “Wayne Sentinel” de Palmyra informó que un tesoro enterrado había sido encontrado “por medio de la ayuda de una piedra mineral, (que se volvía transparente cuando se ponía en un sombrero y se excluía la luz al poner la cara de aquel que miraba dentro).”[21] En relación con la familia Smith y la búsqueda de tesoros, el erudito Santo de los Últimos Días Richard Bushman dijo,
Por lo tanto, en cuanto disipas esa acusación, de modo que José Smith no es una rara versión de la búsqueda del tesoro y que era una práctica muy común, deja de ser una mancha en su carácter personal o familiar. No era más escandaloso que decir hoy en día apostador o jugador de poker. Un poco desacreditado y algo desprestigiado moralmente, pero en realidad nada diabólico; y cuando se descubrió que entre todas las clases de buscadores de tesoros también había cristianos serios, ¿por qué no también los Smith? Así que en vez de ser un rompecabezas o una contradicción, sólo era un aspecto más de la cultura familiar Smith y nada que realmente debiera preocupar demasiado.[22]
Tiene lógica pensar que el Señor eligiera acercarse a alguien que pudiera aceptar de buena gana la idea de que uno pudiera “ver” usando una piedra. José ya creía que la piedra podía usarse para “ver” cosas y la transición, entre estar usando la piedra para recibir información y un medio para recibir revelación de Dios, pudo haber sido directa. Recordad que para José, los anteojos que recibió de Moroni eran simplemente una versión más poderosa de la piedra que él ya poseía.

Élder Dallin H. Oaks habló sobre la cultura de la búsqueda de tesoros de la época, resaltando que “se permitió por hombres honestos y religiosos como Josiah Stowell,” quién dió trabajo a José Smith “a catorce dólares al mes, en parte por causa de la demoledora pobreza de la familia Smith.”[23]

El Manual del Estudiante de la Iglesia nos dice que “durante el día José y sus hermanos ofrecían sus servicios para cualquier trabajo que hubiera disponible. La búsqueda de tesoros o “desenterrar monedas” (“money digging” en inglés), como se decía por aquel entonces, era habitual en los Estados Unidos durante esa época. En octubre de 1825, el granjero, dueño de un aserradero y diácono de una iglesia presbiteriana, Josiah Stowell de South Bainbridge, Nueva York, fue a pedirle a José que le ayudara en tal aventura.”[24] La madre del profeta, Lucy Mack Smith, declaró que “después de haber trabajado sin éxito para el anciano caballero durante apróximadamente un mes, José lo persuadió para que cesara sus actividades.”[25] En marzo del año siguiente, varios de los familiares del Sr. Stowell sentían que José había estado estafando al propio Stowell y lo acusaron ante la justicia. José fué llevado ante un juez y acusado de “glasslooking.” De hecho, la revista Ensign de junio de 1994 menciona el juicio y su absolución por “glasslooking” como algo destacado en la vida del profeta.”
Aspectos destacados de la vida del profeta, 20 de marzo 1826: juzgado y absuelto de la creativa acusación de ser una "persona alborotadora," South Bainbridge, Condado de Chenango, Nueva York. La ley de Nueva York define a una persona alborotadora, entre otras cosas, como un vagabundo o un buscador de “mercancías perdidas.” El profeta fue acusado de ambos casos: La primera acusación era falsa y se hizo simplemente para causar problemas; que José usara una piedra clarividente para ver cosas que otros no podían ver a simple vista causó la segunda acusación. Los que presentaron los cargos estaban aparentemente preocupados de que José hubiera estafado algo de dinero a su empleador, Josiah Stowell. El testimonio del Sr. Stowell decía claramente que no era así y que confiaba en José Smith.[26]
Brant Gardner aclara el papel que José y su piedra protagonizaron dentro de la comunidad de Palmyra:
El Joven José Smith era miembro de una subcomunidad especializada muy ligada a estas antiguas y muy respetadas prácticas, aunque a principios del año 1800 solo era respetada por un marginado sector de la sociedad. Poseía un talento parecido al de otros en comunidades similares. Incluso en Palmyra no era el único. En palabras de D. Michael Quinn: “Hasta que el Libro de Mormón lo convirtió en el centro de atención, el vidente más notable de Palmyra era Sally Chase, quien usaba una piedra de color verde. William Stafford también poseía una piedra y Joshua Stafford tenía una “piedravidente” que parecía de mármol blanco y tenía un agujero que atravesaba el centro.” Richard Bushman añadió a Chauncy Hart y a un hombre sin nombre del condado de Susquehanna, de los cuales ambos poseían piedras con las que encontraron objetos perdidos.[27]
La revista “Ensingn” de agosto de 1987 relata cómo Brigham Young habló de José obteniendo su primera piedra clarividente “escarbando a 15 pies (4,6m) bajo tierra” después de haberlo visto con otra piedra clarividente.”[28] Esto ocurrió mientras José construía un pozo acompañado de Willard Chase, quien en sí mismo era un buscador de tesoros. El propio relato de Chases sobre lo ocurrido señalaba que “después de escarbar casi 20 pies (6m) bajo la superficie de la tierra, descubrimos una piedra con apariencia singular, la cual avivó mi curiosidad. La llevé a lo alto del pozo y mientras la examinábamos, José la puso dentro de su sombrero y seguidamente puso su cara encima.”[29] Al final José terminó quedándose con la piedra y es la misma que pudo haber usado durante la traducción. La declaración de Chase, se realizó varios años después de la publicación del Libro de Mormón, aseguró que era el dueño de la piedra por derecho propio, reclamando que sólo se la prestó a José.

Antes de recibir las planchas, José usó la piedra para “ver” cosas como un vidente. En 1835, Oliver Cowdery describió cómo el ángel Moroni reveló a José Smith donde estaban las planchas doradas, declarando que “la visión de su mente abriéndose al mismo tiempo que fue capaz de verlo de forma concisa; y habiéndose familiarizado previamente con el lugar, después fue capaz de seguir las indicaciones de la visión, de acuerdo con la voz del ángel, y obtener el libro.”[30] Cuando Moroni lo visitó, José estaba muy familiarizado con el uso de la piedra clarividente para “ver” cosas. No es descabellado suponer que José utilizara su piedra para ver la visión del monte en el que se escondían las planchas después de recibir las instrucciones de Moroni con respecto a su localización. Una declaración similar que apoya esta idea se realizó en 1833 por Henry Harris, en la que dijo, “tuve una conversación con [José], y le pregunté donde encontró [las planchas] y cómo llegó a saber donde estaban. Dijo que tuvo una revelación de Dios que le dijo que estaban en cierto monte y miró en su piedra y las vió en el lugar donde estaban.”[31]

Joseph Knight también cuenta que José usó la piedra para identificar a su futura esposa Emma como la persona que debería de acompañarlo para recuperar las planchas, señalando que José “miró en su cristal y descubrió que era Emma Hale, hija del anciano Sr. Hale de Pennsylvania, una chica que ya había visto antes.”[32]

Los anteojos, la piedra y la cortina

La imagen de José traduciendo usando la piedra y el sombrero no cuadra con la típica imagen que tenemos en nuestra mente de José mirando las planchas a través de unos “anteojos,” mientras está sentado detrás de una cortina. Sin embargo, el uso de la piedra y el sombrero nos brinda una clara ventaja que refuerza la afirmación de que José recibió el texto del Libro de Mormón por medio de revelación. La ausencia de una cortina durante la última parte de la traducción, mientras que se producía todo el texto del Libro de Mormón que tenemos hoy, debilita sustancialmente el argumento crítico de que José dictaba el Libro de Mormón por medio del plagio de diferentes obras. En vez de tener a José oculto por una cortina o una sábana, con la que pudiera haber escondido cualquier cantidad de material de consulta, José se sentaba a plena vista, dictando el texto del Libro de Mormón a Oliver, mientras miraba los intérpretes dentro del sombrero. Ahora, en vez de “José el plagiador,” aquellos que desean ofrecer una explicación alternativa sobre la traducción deben asegurar que era “José el plagiador que tenía una memoria fotográfica.” Esto tiene un valor peculiar con respecto a los pasajes bíblicos que aparecen en el Libro de Mormón, los cuales recrean la estructura textual de la versión “King James” de la Biblia. A José nunca se le vió consultando la Biblia mientras dictaba el texto del Libro de Mormón. Uno está obligado a asumir una de dos opciones o consultaba una Biblia cuando otros no lo veían y memorizaba el texto o aceptar el hecho de que el texto le era revelado mientras lo dictaba.

Habiendo dicho esto, hay suficientes evidencias sobre que una cortina o algún tipo de sábana se utilizó durante los inicios de la traducción. A Martin Harris se le cita diciendo tal cosa en un artículo de 1831 del “Palmyra Reflector.” Según “The Reflector,” “Harris declaró que, cuando desempeñó el trabajo de amanuense (escriba) y escribió la traducción, mientras que Smith dictaba, su temor era tal por la desaprobación divina, que un separador (sábana) se suspendía entre el profeta y él mismo.”[33] Esto podría corresponder al período inicial de la traducción, durante el cual Harris desempeñó el trabajo de escriba, antes de la pérdida de las 116 páginas de manuscrito.

[Martin Harris] dice que, mientras José dictaba, él escribió una parte considerable del libro y en una ocasión la presencia del Señor era tan grande, que se colgó un separador entre el profeta y él; en otras ocasiones el profeta se sentaba en otra habitación, o arriba, mientras que el Señor le transmitía el contenido de las planchas. No quiere pretender que vio las maravillosas planchas más que una sola vez, aunque Smith y él estuvieron inmersos en el descifrado de su contenido durante meses.[34] El uso de una cortina para separar al traductor del escriba, sin duda tiene sentido si el instrumento de traducción que se utilizaba eran los intérpretes nefitas. El crítico Eber D. Howe en su libro de 1834 “Mormonism Unvailed” indica que Harris mencionó el uso de un “separador.”
La declaración de Harris sobre que vio las planchas “sólo una vez” concuerda bastante con la etapa del proceso de traducción, durante la cual se utilizó una cortina. Harris sólo las vio una vez cuando se convirtió en uno de los tres testigos. Al parecer, durante la etapa inicial del proceso de traducción, los objetos sagrados eran necesariamente ocultados de la mirada de los demás. Charles Anthon, cuyo único conocimiento sobre el proceso se le transmitió durante una visita por parte de Martin Harris, declaró:
A este joven hombre lo colocó detrás de una cortina, en el desván de una casa de granja y ocultándolo así de la vista, se ponía de vez en cuando los anteojos, o en vez de eso, miraba por uno de los cristales, descifraba el símbolo del libro y habiendo transmitido algunos de ellos en el papel, entregaba copias desde detrás de la cortina a aquellos que esperaban afuera. Sin embargo ni una palabra se decía sobre las planchas, habiendo sido descifradas “por el don de Dios:” Y así, todo se efectuó por medio del gran par de anteojos.[35]
John A. Clark, en el capítulo de un libro de 1834 que criticaba el mormonismo, también asocia el uso de la cortina con la época en la que Harris desempeñó el trabajo de escriba.
El modo en que Smith creó sus transcripciones y traducciones para Harris fue de la siguiente forma: Aunque estaban en la misma habitación, entre ellos colgaba una gruesa cortina o manta, con Smith oculto tras la sábana, haciendo como el que miraba a través de sus anteojos o piedras transparentes, y entonces escribía o repetía lo que veía, lo cual, al repetirse en voz alta, era escrito por Harris, quien se sentaba al otro lado de la manta.[36]
Que Clark mencionase las “transcripciones” tendría sentido con el uso de una cortina, ya que es sabido que José copió los caracteres de las planchas y por aquel entonces hubiera necesitado ocultarlas de la vista. 

Otro documento enfrentado publicado diez años después, en 1844, señala que “por supuesto, el “profeta,” tal como lo llaman ahora, se preocupó de que ni ellos ni nadie más, pudiera ver las planchas, habiendo separado la zona de la habitación donde se sentaban, de la que él ocupaba con una sábana.”[37]

Pomeroy Tucker, un amigo de Martin Harris, el cual se volvió escéptico con la implicación de Harris con el mormonismo, declara que José dictaba “desde detrás de una cortina situada en una esquina oscura de la habitación de su residencia -puesto que en aquel momento todavía la revelación original, dejando únicamente al profeta el derecho de ver las planchas sagradas, no había sido cambiada e incluso mirar con el instrumento utilizado era demasiado brillante para sus ojos espiritualizados para la luz!”[38] Ya que Tucker nunca presenció el proceso de traducción, es probable que oyera la historia por medio del propio Martin Harris.

Hasta ahora, todas las declaraciones que describen el uso de una cortina parecen haber sido originadas por Martin Harris. Sin embargo, durante una entrevista para el “Chicago Tribune” en 1885, el testigo del Libro de Mormón, David Whitmer, también mencionó el uso de una cortina, aunque éste documento en particular contiene algunas inexactitudes obvias.
[José] Smith [hijo], también dijo que se le había ordenado comenzar inmediatamente la traducción de la obra en presencia de tres testigos. Según éste mandamiento, Smith, Cowdery y Whitmer procedieron a ir a la casa de éste último acompañados por la esposa de Smith y llevando consigo las preciosas planchas y los anteojos. La casa del Sr. Whitmer era una estructura primitiva y mal diseñada, pero debido a las amenazas que se habían hecho contra Smith por parte de sus vecinos mercenarios, fue considerada la más segura para la realización de la sagrada tarea. Para poder ofrecer privacidad al proceso se dispuso una manta, la cual servía como cortina, cruzando el salón familiar para proteger a los intérpretes y las planchas de los ojos de cualquiera que pudiera llamar a la casa mientras se realizaba la obra. Esto, dijo el Sr. Whitmer, era la única utilidad de la cortina y su propósito no era ocultar las planchas o al traductor de la vista de los escribas. De hecho, en ningún momento Smith se ocultó de sus colaboradores y la traducción no sólo se llevó a cabo en presencia de las personas mencionadas, sino que también delante de todos los que habitaban la casa de Whitmer, además de varios familiares de Smith.[39]
Hay algunas cosas en este documento que insinúan que el entrevistador mezcló varios aspectos del proceso de traducción. Por ejemplo, no se requería que José realizara la traducción en presencia de tres testigos -evidentemente es una referencia hacia los tres testigos. Sin embargo, es interesante destacar que el entrevistador declara que Whitmer realmente se esforzó por especificar que se utilizó una cortina simplemente para ocultar el proceso de traducción de otros que pudieran pasarse por allí. Ésto podría indicar que, en la casa de Whitmer, se usó una cortina de un modo distinto a cuando Martin Harris desempeñaba la labor de escriba. A Whitmer se le pidió que describiera el propio proceso de traducción.
Cada vez que íbamos a retomar la obra, todos los presentes se arrodillaban en oración e invocaban una bendición divina para lo que se iba a realizar. Después de la oración Smith se sentaba en un lado de la mesa y los escribientes, por turnos según se iban cansando, en el otro. Aquellos que estaban presentes y no involucrados activamente en la obra se sentaban en cualquier lugar de la habitación y empezaba el trabajo. Después de colocar los anteojos mágicos en sus ojos, Smith cogía las planchas y traducía los caracteres de uno en uno.[40]
En este caso, Whitmer parece indicar el uso de los intérpretes nefitas a plena vista de los demás. Ya que a Whitmer no se le habría permitido ver los anteojos o las planchas antes de convertirse en uno de los tres testigos, esta declaración no concuerda con otras, incluso con otras declaraciones que proceden del propio Whitmer. Es posible que Whitmer describiera ambos aspectos de los inicios de la traducción, el uso de los anteojos y la cortina, así como la situación posterior en la que José ponía los instrumentos de traducción dentro de su sombrero y dictaba a simple vista de otras personas. El entrevistador pudo no haber distinguido los diferentes elementos presentes durante los distintos períodos de traducción y simplemente mezclara estos elementos en el único relato que se originó.

En el momento en que se retomó la traducción después de perder las 116 páginas, el modo de traducción parece que cambió de forma significativa. Incluso si se usó una cortina o una manta en la casa Whitmer durante cualquier período de tiempo, parece ser que desapareció de forma repentina. La traducción de todo el texto del Libro de Mormón que tenemos hoy día tuvo lugar principalmente en la casa de David Whitmer. No sólo es inapreciable el uso de una cortina, sino que en realidad existe una negación categórica de que se usara en el proceso. La hija de David Whitmer, Elizabeth Ann Whitmer Cowdery, dijo:
Certifico alegremente que estaba familiarizada con la forma que tenía José Smith de traducir el Libro de Mormón. La mayor parte la tradujo en la casa de mi padre. A menudo me sentaba cerca y les veía y oía traducir y escribir juntos durante horas. Mientras traducía, José nunca tuvo una cortina corrida entre su escriba y él mismo. Depositaba el guía en su sombrero, y después ponía [su cara en] su sombrero, para excluir la luz, y seguidamente [leía] a su escriba las palabras mientras aparecían delante de él.[41] 
Elizabeth asegura que la traducción en la casa Whitmer se realizaba usando el instrumento de traducción del sombrero, eliminando así cualquier necesidad de una cortina para proteger los intérpretes nefitas y las planchas de las miradas. Incluso el anómalo relato, que se informó que procedía de David Whitmer, concerniente al uso de una cortina en su casa incluye la declaración de que la traducción tuvo lugar a simple vista, donde cualquiera pudiera observarla. El simple hecho de que Elizabeth sintiera la necesidad de realizar tal declaración implica que todavía había una historia circulando entre los Santos de los Últimos Días sobre el uso de una cortina durante el proceso de traducción. En 1887, David Whitmer, quien dos años antes, durante una entrevista en el “Chicago Tribune” en 1885, afirmó el uso de los intérpretes nefitas y una cortina, describe también el método de traducción usando la piedra y el sombrero.
Ahora le daré una descripción de la manera por la cual se tradujo el Libro de Mormón. José Smith ponía la piedra clarividente en un sombrero y ponía su cara en el sombrero, ajustándolo cuidadosamente a su cara para excluir la luz; y en la oscuridad la luz espiritual brillaba. Un trozo de algo parecido a un papiro se manifestaba, y en él aparecía la escritura. De uno en uno los caracteres se sucedían, y debajo de ellos la traducción en inglés. El hermano José leía en voz alta a Oliver Cowdery, quien era su escriba principal, lo que estaba en inglés y entonces cuando lo escribía y éste repetía al hermano José, para ver si estaba bien, desaparecía y otro símbolo con su interpretación aparecía. De ese modo el Libro de Mormón fue traducido por el don y poder de Dios y no por otro poder del hombre.[42][43]
¿Qué instrumento usó José para traducir el Libro de Mormón?

En 1886, David Whitmer indicó que José utilizó su propia piedra clarividente para traducir todo el texto del Libro de Mormón que tenemos hoy en día. En esta entrevista, Whitmer señala que los anteojos nunca fueron devueltos a José Smith después de perder las 116 páginas y que se le proporcionó una piedra clarividente para continuar con la traducción; sin embargo, no se puede confirmar que en realidad este fuera el caso.

¿Qué pasó finalmente con la piedra clarividente de José? David Whitmer dijo: “Al terminar la traducción del Libro de Mormón antes del 6 de abril, a principios de la primavera de 1830, José le dió la piedra a Oliver Cowdery y me dijo, así como a los demás, que había terminado con ella y no volvió a usar la piedra nunca más.”[1] Más adelante la piedra fue a parar a Utah. En una ocasión, la piedra estuvo presente en la dedicación del templo de Manti. Wilford Woodruff escribió sobre aquel acontecimiento en su diario: “Antes de marchar, consagré sobre el altar la piedra clarividente que José Smith encontró por revelación, enterrada a unos 30 pies (9 metros), la cual llevó encima durante su vida.”[2] En 1956, élder Joseph Fielding Smith comentó que “ya se mencionó que el Urim y Tumim estuvo sobre el altar del templo de Manti cuando se dedicó el edificio. Sin embargo, el Urim y Tumim del que tanto se ha hablado, era la piedra clarividente que en los primeros días estaba en posesión del profeta José Smith. Actualmente la Iglesia posee la piedra clarividente.”[3] Esto quiere decir que el instrumento con el que pudo haberse traducido de forma completa o parcial el Libro de Mormón continúa estando en posesión de la Iglesia, al contrario que el Urim y Tumim “original” (los intérpretes nefitas), los cuales fueron devueltos al ángel Moroni en algún momento durante o después de la traducción.

Las referencias sobre el uso de la piedra durante la traducción del Libro de Mormón no están confinadas al siglo XIX. Ya hemos podido ver una mención de la misma en la revista “Friend” de septiembre de 1974 y en la cita del élder Russell M. Nelson sobre la descripción de David Whitmer de la piedra y el sombrero en la Liahona de julio 1993. Estos no son los únicos ejemplos. Élder Neal A. Maxwell citó a Martin Harris en la Liahona de enero de 1997, señalando que “Martin Harris habló de la piedra clarividente: “Aparecían frases y eran leídas por el profeta y escritas por Martin.””[4] En 1988, élder Maxwell también mencionó “el sombrero usado por José Smith, que según consta protegía de la luz, durante una parte de la traducción del Libro de Mormón.”[5] En la Liahona de enero de 1988, el director de área del Sistema Educativo de la Iglesia Kenneth Godfrey mencionó que “la traducción involucró vista, poder, traducción de caracteres, el Urim y Tumim o una piedra clarividente, estudio y oración.”[6] El profesor Richard Lloyd Anderson de la Universidad de Brigham Young, en la Liahona de septiembre de 1977, cita a David Whitmer diciendo que “José Smith ponía la piedra clarividente dentro del sombrero e introducía su rostro en el sombrero, ajustandolo muy bien por toda su cara para no dejar pasar la luz.”[7]

Elder Dallin H. Oaks aclaró que “debería de reconocerse que herramientas tales como el Urim y Tumim, la Liahona, las piedras clarividentes y otros objetos, se han usado según convenía en épocas bíblicas, del Libro de Mormón y en tiempos modernos por aquellos quienes tenían el don y autoridad de obtener revelación de Dios vinculados a su uso.”[8]

Los primeros miembros de la iglesia sabían que José recibía revelación por medio del Urim y Tumim, los cuales pudieron ser tanto los intérpretes nefitas como la piedra clarividente. Doctrina y Convenios 28 declara que “Hiram Page, miembro de la Iglesia, tenía cierta piedra y profesaba estar recibiendo, con ayuda de ésta, revelaciones concernientes a la edificación de Sión y el orden de la Iglesia. Estas afirmaciones habían engañado a varios miembros y habían influido erróneamente incluso en Oliver Cowdery.”[9] El hecho de que “habían influido erróneamente aún en Oliver”, indica claramente que Oliver sabía bastante bien que el Urim y Tumim no se limitaba a un sólo instrumento. La solución a esta situación involucró al Señor aclarando que, “nadie será nombrado para recibir mandamientos y revelaciones en esta Iglesia sino mi siervo José Smith, hijo, porque los recibe así como Moisés” (DyC 28:2). La piedra de Page fue destruida y cualquier revelación que recibió por medio de ella fue rechazada. El problema no fue el hecho de que Hiram Page estaba usando una piedra diferente al Urim y Tumim de José para recibir revelación, sino el hecho de que no estaba autorizado a recibir revelación en nombre de la Iglesia.

La piedra y el sombrero se pierden en la historia

Ya sabemos que José Smith era reacio a describir detalladamente el proceso de traducción. El profesor de la Universidad de Brigham Young Stephen Ricks siente que “la reticencia de José estaba probablemente justificada y puede que se debiera al excesivo interés que algunos de los primeros Santos mostraron hacia la piedra clarividente o las reacciones negativas y en ocasiones amargas con las que se encontró cuando compartió algunas de sus sagradas experiencias con otros.”[10] De hecho, José nunca comentó los detalles concerniente al instrumento que utilizó tanto para traducir el Libro de Mormón como para recibir revelación. José simplemente contó a las personas que recibía sus primeras revelaciones por medio del “Urim y Tumim.”

Durante la década de 1930, el Dr. Francis Kirkham se empeñó en “reunir y evaluar todos los artículos de los periódicos que pudiera encontrar sobre el Libro de Mormón.”[11] Muchos de estos artículos se obtuvieron de colecciones de periódicos localizados en la zona de Nueva York y recientemente se han puesto a disposición en una base de datos por internet administrada por el “Neal A. Maxwell Institute for Religious Scholarship.”[12]

Como hemos podido ver, muchos de estos artículos periodísticos hacen referencia al uso de unos anteojos o una piedra junto con un sombrero, en concordancia con las últimas declaraciones de Martin Harris y David Whitmer. En la revista “Improvement Era” de octubre de 1939, Kirkham citó las declaraciones de Martin Harris y David Whitmer sobre la piedra y el sombrero. Sin embargo, Kirkham, no aceptó las declaraciones de los testigos presenciales que aseguraban que José realmente usó una piedra clarividente durante la traducción del Libro de Mormón, determinando que “las declaraciones de estos dos hombres se deben a la predisposición de la edad avanzada por evocar aquellos desvanecedores e inciertos recuerdos para avivar los detalles de hechos que para ellos seguían vivos y ecuánimes.”[13] En su libro de 1951 “A New Witness For Christ in America”, Kirkham creyó que “era posible que para el profeta no fuera oportuno intentar explicar cómo se tradujo, puesto que los que le oyeran no tendrían la capacidad de entender. Al parecer, en aquella época, era suficiente para ellos el saber que la traducción se llevó a cabo por medio del don y poder de Dios.”[14] Kirkham continúa diciendo que, “después de unos 40 años, tanto David Whitmer como Martin Harris intentaron revelar el método de traducción. Evidentemente el profeta no les había contado cómo lo hizo.”[15] A pesar del hecho de que algunos aspectos de las historias de Harris y Whitmer concuerdan entre ellas, Kirkham simplemente se rehúsa a aceptar la idea de que las declaraciones puedan basarse en la verdad.

En 1956, élder Joseph Fielding Smith sabía de la piedra clarividente, pero no creía que José llegase a usarla durante la traducción del Libro de Mormón.
NO SE USÓ UNA PIEDRA CLARIVIDENTE DURANTE LA TRADUCCIÓN DEL LIBRO DE MORMÓN. Desde los tiempos del profeta se nos ha enseñado que el Urim y Tumim fué devuelto, junto con las planchas, al ángel. No tenemos ningún documento que diga que el profeta tenía el Urim y Tumim después de la organización de la Iglesia. Cualquier declaración sobre traducciones hechas por medio del Urim y Tumim después de esa fecha son evidentemente erróneas.[16]
Al igual que Kirkham, Joseph Fielding Smith simplemente rehúsa a aceptar que tengan alguna validez las declaraciones que digan que José hubiera utilizado su piedra clarividente con el propósito de traducir. Bajo su punto de vista, dichas declaraciones eran simplemente erróneas.

Durante el siglo XX, el relato que decía que José traducía detrás de una cortina mientras que usaba como Urim y Tumim los intérpretes nefitas continuaba firmemente asentado y generalmente sin respuesta por parte de los miembros de la Iglesia. Sin embargo, los eruditos Santos de los Últimos Días continuaron investigando las historias que cuentan el uso por parte de José de una piedra clarividente. Dichas referencias nunca llegaron al currículo de la Iglesia ni al conocimiento general de sus miembros. Si eras un estudioso, entonces sabías que José usó una piedra clarividente, si eras un miembro con nociones básicas de la historia de la Iglesia, sabías que José usó los intérpretes nefitas. Las discusiones relativas al uso de las “piedras clarividentes” o la práctica de la “búsqueda del tesoro” por parte de José se mantenían principalmente dentro del ámbito de los eruditos SUD. Mientras Leonard J. Arrington ocupaba el cargo de Historiador de la Iglesia, entre 1972 y 1982, se realizaron algunos intentos para hacer que ciertos elementos de la historia de los Santos de los Últimos Días fueran más accesibles para cualquier miembro. Un libro de 1976, “The Story of the Latter-day Saints” por James B. Allen y Glen M. Leonard, citaba de forma muy directa cómo consiguió José su piedra clarividente y su uso en la traducción del Libro de Mormón.
Alrededor del año 1822, antes de recibir su primera visita del ángel Moroni, José se encontraba cavando un pozo con Willard Chase, no muy lejos de la residencia Smith, y descubrió una piedra suave y oscura, con un tamaño similar al de un huevo, la cual llamó piedra clarividente. Más adelante la usó como ayuda en la traducción del Libro de Mormón y también para recibir ciertas revelaciones.[17]
La visión entre los miembros de la Iglesia con respecto a este asunto empezó a cambiar de manera significativa a principios de la década de 1980 debido a un inesperado y trágico evento: la exposición de las falsificaciones de Mark Hofmann. De repente, los periódicos estaban hablando sobre salamandras y guardianes de tesoros asociados con algunos de los eventos fundadores de la Iglesia.

Mark Hofmann era un miembro de la Iglesia que a principios de la década de 1980 se dedicó a la adquisición y venta de documentos históricos. Parece ser que tenía la habilidad de adquirir documentos perdidos que eran mencionados en otros registros relacionados con la historia de la Iglesia. Por ejemplo: Hofmann proclamaba que había localizado una bendición en la que presuntamente se prometía a José Smith III que se convertiría en el siguiente profeta de la Iglesia. Hofmann también produjo lo que él llamaba “el escrito Anthon”, el cual se identifica con una descripción del documento ofrecida por el propio Charles Anthon. El documento más famoso de la colección de falsificaciones de Hofmann era “la carta salamandra”, la cual fue supuestamente escrita por Martin Harris. Los documentos de Hofmann estaban tan bien confeccionados que engañaron a varios expertos en la materia y fueron considerados genuinos durante un período de tiempo. Durante ese mismo tiempo, se produjo una nueva oleada de documentos históricos SUD, haciendo saber los aspectos “mágicos” destacados en “la carta salamandra”. También se esforzó por conciliar e integrar la información nueva con los registros existentes.[18]

Algunos de los documentos de Hofmann se basaron en las declaraciones existentes de los testigos que hablaban sobre la búsqueda de tesoros, y hasta cierto punto, en conceptos amplificados conocidos por los historiadores. Cuando las falsificaciones salieron a la luz, se hizo necesario volver a estudiar todo lo que fue escrito para sustentar los documentos que perdieron su credibilidad.[19] Aunque las falsificaciones de Hofmann se volvieron irrelevantes, las declaraciones legítimas en las que se basaban empezaron a conocerse entre la membresía de la Iglesia. La temprana implicación en la búsqueda de tesoros por parte de José, más allá de todo lo que se haya documentado en las publicaciones de la Iglesia referente a sus esfuerzos junto con Josiah Stowell, se volvió más conocida. Élder Dallin Oaks resaltó que de ninguna manera todo eso desmerece el alzamiento de José como el profeta de la restauración.
Algunas fuentes cercanas a José Smith declaran que en su juventud, durante su inmadurez espiritual antes de que se le confiaran las planchas del Libro de Mormón, a veces usaba una piedra para buscar tesoros. Sea verdad o no, tenemos que recordar que ningún profeta está libre de las flaquezas humanas, especialmente antes de ser llamado a consagrar su vida a la obra del Señor. Paso a paso, el joven José Smith amplió su fe y entendimiento y maduró sus dones espirituales hasta que se levantó alto y con poder como el profeta de la restauración.[20]
El proceso de traducción fue espiritual, no mecánico

La traducción del Libro de Mormón fue un proceso espiritual, no mecánico. La interacción entre vidente y piedra clarividente es fascinante desde un punto de vista histórico, pero no es el aspecto más importante del proceso. Debemos recordar que José recalcó que el aspecto más importante de la traducción era el hecho de que se llevó a cabo por medio del don y poder de Dios. Los medios concretos por los cuales el Señor cumplió con ese propósito son principalmente de un interés histórico y no edifican la fe. En un principio José recibió revelación por medio del Urim y Tumim (ya fueren los anteojos o la piedra), pero al final aprendió que no necesitaba una ayuda física para actuar como profeta y vidente. Una de las lecciones más importantes que aprendió José durante este proceso fue que el uso de estos instrumentos requerían de él fe y humildad, para conocer la voluntad del Señor. David Whitmer detalla lo siguiente:
A veces, cuando el hermano José intentaba traducir, miraba dentro del sombrero, donde estaba la piedra, se daba cuenta de que estaba espiritualmente ciego y que no podía traducir. Nos decía que su mente se ofuscaba demasiado a causa de las cosas terrenales y que varios motivos le hacían incapaz de proceder con la traducción. Cuando se encontraba en esa situación, se iba a orar, y cuando conseguía ser lo suficientemente humilde delante de Dios, entonces seguía con la traducción. Ahora podemos ver cuán estricto es el Señor, y como requiere que el corazón del hombre sea justo, delante de Él, antes de recibir revelación.[21]
Al final José se dió cuenta de que su habilidad para comunicarse con el Señor no dependía de un objeto sagrado, sino del uso de su fe y humildad. Espiritualmente superó la necesidad de usar los intérpretes nefitas o la piedra clarividente, estableciendo así la base por la cual toda persona tiene la promesa de recibir revelación personal. Los objetos usados para guiarle a esa conclusión finalmente se convirtieron en irrelevantes en comparación con la lección aprendida.

Mirando el proceso de traducción desde una perspectiva del siglo XXI

Sigue siendo conveniente conciliar las diferentes declaraciones que hablan de la traducción para entender cómo algunos consideraron que varios aspectos del proceso eran contradictorios. Desde la perspectiva de este creyente, la historia de la traducción del Libro de Mormón parece haber tomado el siguiente camino:
  • José Smith recibió del ángel Moroni las planchas y los intérpretes nefitas.
  • José empezó el proceso de traducción usando los intérpretes nefitas, con Martin Harris como escriba. Una cortina separaba al traductor del escriba, para evitar que se vieran las planchas y los intérpretes nefitas.
  • Es posible que José colocara los intérpretes nefitas dentro de un sombrero para ocultarlos de la luz, del mismo modo que cuando utilizaba su propia piedra clarividente.
  • De vez en cuando es posible que José pasara a usar su propia piedra clarividente, la cual ponía dentro del sombrero. En una de las ocasiones Martin cambió la piedra, algo que nunca se hubiera atrevido a hacer si José hubiera estado utilizando los intérpretes nefitas.
  • Después de finalizar y posteriormente de perder las 116 páginas de manuscrito, el ángel Moroni se llevó las planchas y los intérpretes nefitas.
  • Cuando pasó el tiempo necesario de arrepentimiento, las planchas fueron devueltas a José junto con los intérpretes nefitas.
  • José empezó a traducir usando una de dos, los intérpretes nefitas o su piedra clarividente, en ambos casos se introducían dentro del sombrero. Los testigos no siempre tenían la posibilidad de determinar qué instrumento estaba utilizando, aunque el hecho de que Martin cambiase la piedra para poner a prueba a José, indica que la piedra clarividente se utilizó en algún momento. Esta parte del proceso de traducción transcurrió ante la mirada de las personas cercanas a José, incluyendo a su escriba Oliver Cowdery. No había ninguna cortina durante esa fase del proceso de traducción.
  • El proceso de traducción en el que se usó una piedra y un sombrero fue observado por David Whitmer, Martin Harris, Oliver Cowdery y Emma Smith, quienes muchos años después, casi al final de sus vidas, compartieron con la prensa lo que observaron.
  • Tan sólo tres años después de la publicación del Libro de Mormón, el término Urim y Tumim se convirtió en definición tanto de intérpretes nefitas como de piedra clarividente. Para los primeros santos eran esencialmente el mismo instrumento utilizándose para el mismo propósito.
  • Como consecuencia, se acabó pensando que el término Urim y Tumim sólo se refería a los intérpretes nefitas y el uso de la piedra clarividente y el sombrero fue expulsado de la historia. La falta de necesidad de usar una cortina para separar al traductor del escriba también se perdió en la historia. El proceso de traducción fue representado por la literatura y el material gráfico como en su primera mención: Los intérpretes nefitas y las planchas separadas por una cortina.
  • Durante gran parte del siglo XX, se descartaron con escepticismo las declaraciones que decían que durante la traducción se usaron la piedra y el sombrero.
  • En parte por culpa de las falsificaciones de Mark Hofmann, nuevas publicaciones hicieron llegar al público documentos relacionados con el uso de la piedra y el sombrero.
  • Con la llegada de Internet, muchos documentos relacionados con el proceso de traducción estaban al alcance de cualquier miembro de la iglesia, una vez más se destacaba el uso de la piedra y el sombrero. Las alusiones a estos objetos llegaron a los medios comunes de comunicación. La presencia de esta información hacía pensar que la historia con la que estamos familiarizados en la Iglesia es contradictoria con aquella proporcionada por testigos presenciales como Martin Harris, David Whitmer y Emma Smith.
  • La Iglesia empezó a esforzarse por facilitar el acceso a documentos originales, tales como “The Joseph Smith Papers” (los papeles de José Smith) e incluso apoyando estos antiguos documentos.
Las aparentes contradicciones entre los registros sobre la traducción en realidad no son contradicciones sino que principalmente son el resultado del menosprecio o incluso obviedad de ciertos elementos del proceso de traducción durante ciertas épocas del último siglo y medio. El uso de los intérpretes nefitas como Urim y Tumim, el uso de la piedra clarividente como Urim y Tumim y el uso del sombrero con ambos instrumentos, así como la aparición y desaparición de la cortina, encajan en los escenarios de varias etapas del proceso.

Conclusión

Hoy en día cualquier miembro tiene acceso a una gran cantidad de información concerniente al proceso de traducción del Libro de Mormón. Internet ha permitido que cientos de documentos estén al alcance de cualquier persona interesada en verlos, en vez de restringirlos exclusivamente a los eruditos que toman de su tiempo para acceder a los archivos. El proyecto “The Joseph Smith Papers” beneficia a los historiadores e investigadores que desean ver y examinar los documentos originales asociados con la restauración. Un nuevo producto significativo que procede de este esfuerzo es la página de Internet “Church History” (historia de la Iglesia) history.lds.org, la cual contiene “Revelations in Context” (revelaciones dentro de contexto).[22] En esta página, la Iglesia ofrece detalles sin precedentes concerniente a la producción y evolución de las revelaciones recibidas por parte del profeta José Smith.

Con respecto a los procedimientos específicos que se llevaron a cabo durante la traducción, el libro de Brant A. Gardner de 2011 llamado “The Gift and the Power: Translating the Book of Mormon”, ofrece un análisis detallado del proceso.

El uso de la piedra clarividente no debería sorprender demasiado a ningún Santo de los Últimos Días que acepte que José recibió un conjunto de piedras sagradas consagradas para recibir revelación y traducción. Después de todo, ¿qué diferencia concreta hay en usar una piedra clarividente de otra? Uno puede suponer que José continuara usando los intérpretes nefitas, puesto que eran los instrumentos que estaban específicamente consagrados para traducir. Sin embargo, es totalmente razonable suponer que Dios pudiera consagrar cualquier otro instrumento que hubiera deseado que también sirviera para el mismo propósito.

A partir de los registros contemporáneos está claro que el objeto que se colocaba dentro del sombrero podría ser tanto la piedra clarividente como los anteojos. Ambos fueron denominados “Urim y Tumim” por los primeros Santos de los Últimos Días. Por lo tanto se podría decir sin temor, dejando a un lado que instrumento hubiera usando realmente José en cualquier momento en particular, que verdaderamente tradujo el Libro de Mormón por completo usando el Urim y Tumim.

La cuestión principal que parece preocupar a algunas personas es la idea de que José tradujera a simple vista, delante de otras personas, colocando el instrumento de traducción dentro de un sombrero y dictando el texto sin tener que observar directamente las planchas. ¿Por qué el Señor permitiría a José alterar el modo de traducir? La edición de 1830 del Libro de Mormón contiene más de 580 páginas, las cuales fueron dictadas sin repeticiones a una velocidad de siete a once páginas y media por día.[23]Éste es un logro significativo, independientemente del método concreto utilizado durante la traducción. Una conclusión razonable sería que al permitir que José dictara todo el texto del Libro de Mormón ante la atenta mirada de testigos evitando que se ocultara el proceso en cualquier sentido, podría fortalecer significativamente la opinión de que verdaderamente José estaba recibiendo revelación en vez de consultar otros materiales.

Por último, ¿qué pasó con las planchas? Si José realmente no necesitaba mirarlas directamente durante la traducción, ¿para qué servían entonces? Hay que recordar que el Urim y Tumim era un instrumento de revelación. Esto significa que más que “traducir” las planchas en un sentido tradicional, José recibía revelación que le inspiraba el conocimiento de lo que había escrito en ellas. Posteriormente dictaba con sus propias palabras aquellos conceptos.[24] Por lo tanto, el Libro de Mormón constituye la revelación más grande y extensa de José. A pesar de todo las planchas tuvieron un propósito importante. Los tres testigos y los ocho testigos confirmaron que el registro nefita realmente existía y testificaron de ello al mundo, incluso después de que algunos de ellos dejaran la Iglesia. El testimonio de los testigos ha perdurado a pesar de los intentos de desacreditarlo. El hecho de que las planchas existieran y que José tuviera que esforzarse mucho para recuperarlas y protegerlas, ayudaron a formar el carácter del profeta durante los cruciales primeros años. La existencia literal de un conjunto de planchas dejó muy claro que la declaración de José era una historia real: un pueblo antiguo genuino aprendió sobre Cristo y verdaderamente habían visto al Señor resucitado. La revelación de José no era una novela romántica, ni tampoco ficción religiosa.

Un análisis del método de traducción bajo el foco de la información que hay disponible hoy en día, no debería usarse como cimiento de la fe, ni tampoco debería contribuir a la destrucción de la fe de uno mismo. Simplemente es historia y como tal, ofrece un entendimiento más rico y profundo de lo que en realidad ocurrió, así como un complemento de las piezas que aparentemente faltan en el relato que conocemos. Élder Neal A. Maxwell ofrece un sabio consejo para no volverse demasiado obsesionado con el cómo fue, en vez de en el resultado de la traducción:
Hoy en día miramos más allá de la línea, es decir, estamos más interesados en las dimensiones físicas de la cruz que en lo que Jesús consiguió en ella, o pasamos por alto las palabras de Alma sobre la fe porque estamos demasiado fascinados con el sombrero para ocultarse de la luz que usó José Smith durante parte de la traducción del Libro de Mormón. El rechazar la esencia al fijarnos en el proceso es otra forma insumisa de mirar más allá de la línea.[25][26]
Notas:
  1. John Quincy Adams, The Birth of Mormonism (Boston: Gorham Press, 1916), 36.
  2. Temporada 7 de South Park, Capítulo 12, “All About Mormons” (todo sobre los mormones) emitido originalmente el 19 de noviembre de 2003. http://www.southparkstudios.com/full-episodes/s07e12-all-about-mormons.
  3. Artículo de Wikipedia “Seer Stone (Latter Day Saints).”(Piedra clarividente Santo de los Últimos Días) http://en.wikipedia.org/wiki/Seer_stone_(Latter_Day_Saints).
  4. Por ejemplo, las historias ilustradas del Libro de Mormón (1978) muestran a José y su escriba separados por una cortina. José mira las planchas directamente sin usar un instrumento para traducir. Tanto en ”The Book of Mormon Reader” (“El lector del Libro de Mormón”) de 1985, cómo “Book of Mormon Stories” (“Relatos del Libro de Mormón”) de 1997, se reemplaza esta escena con una de José y su escriba sentados en una mesa a la intemperie, con las planchas claramente visibles. Sin ningún intento por parte del artista de representar el Urim y Tumim. Existe una imagen que se puede encontrar en internet que representa a José Smith usando la pechera y los anteojos, la cual se asegura procede de una edición de la década de “1970” de “the Book of Mormon Reader.” una colección de imágenes representativas de los diferentes caminos del proceso de traducción que se han representado, pueden verse en “Blair Hodges’ Life on Gold Plates blog, “The ‘Stone-In-Hat’ Translation Method in Art,”” posteado el 27 de octubre de 2009. http://www.lifeongoldplates.com/2009/10/stone-in-hat-translation-method-in-art.html.
  5. Church History in the Fulness of Times Student Manual (Salt Lake City: The Church of Jesus Christ of Latter-day Saints, 2003), 58.
  6. Brant A. Gardner, The Gift and the Power: Translating the Book of Mormon(Draper, UT: Greg Kofford Books, 2011), 8.
  7. Church History in the Fulness of Times, 58.
  8. “Entrevista de Emma Smith Bidamon con José Smith III, febrero de 1879,” in Early Mormon Documents, ed. Dan Vogel (Salt Lake City: Signature Books, 1996), 1:541.
  9. David Whitmer, citado por Zenas H. Gurley, citado en Richard van Wagoner and Steven Walker, “Joseph Smith: ‘The Gift of Seeing’,” Diálogo 15/2 (verano de 1982), 54.
  10. Russell M. Nelson, “A Treasured Testament,” Ensign, julio de 1993. http://www.lds.org/ensign/1993/07/a-treasured-testament.
  11. “A Peaceful Heart,” Friend, septiembre de 1974, 7. http://www.lds.org/friend/1974/09/a-peaceful-heart.
  12. “Entrevista de Martin Harris con Joel Tiffany, 1859,” in Early Mormon Documents, 2:305.
  13. “Golden Bible,” Rochester Advertiser and Daily Telegraph (Nueva York, 31 de agosto de 1829). Reimpreso por “Palmyra Freeman”, el 11 de agosto de 1829. http://contentdm.lib.byu.edu/cdm/compoundobject/collection/BOMP/id/176.
  14. “Golden Bible,” The Gem: A Semi-Monthly Literary and Miscellaneous Journal (Rochester, Nueva York: 5 de septiembre de 1829), 70. http://contentdm.lib.byu.edu/cdm/compoundobject/collection/BOMP/id/161.
  15. C. C. Blatchley, “Caution Against the Golden Bible,” New-York Telescope 6/38 (20 de febrero de 1830), 150. http://contentdm.lib.byu.edu/cdm/compoundobject/collection/BOMP/id/4211.
  16. Cincinnati Advertiser and Ohio Phoenix,  2 de junio de 1830. Reimpreso por Wayne County Inquirer, Pennsylvania, ca. mayo de 1830. http://contentdm.lib.byu.edu/cdm/compoundobject/collection/BOMP/id/201.
  17. Daily Albany Argus VI/1866, 15 de octubre de 1831. http://www.sidneyrigdon.com/dbroadhu/NY/miscNYSe.htm#040931.
  18. Morning Star VII/45, 7 de marzo de 1833. http://www.sidneyrigdon.com/dbroadhu/NE/miscMe01.htm#030733.
  19. “Mormonism,” Protestant Sentinel (Schenectady, Nueva York) n.s. 5/1 (4 de junio de 1834): 4–5. Reimpreso por New England Review, ca. mayo de 1834.
  20. “Mormonism,” New York Weekly Messenger and Young Men’s Advocate (29 de abril de 1835). Reimpreso por The Pioneer (Rock Springs, IL), marzo de 1835.
  21. “William Smith, On Mormonism, 1883,” in Early Mormon Documents, 1:497.
  22. “Joseph Knight Sr., Reminiscence, Circa 1835–1847,” in Early Mormon Documents, 4, 17–18. La ortografía y puntuación se ha modernizado para facilitar la lectura. La ortografía original es la siguiente:   “Now the way he translated was he put the urim and thummim into his hat and Darkned his Eyes than he would take a sentance and it would apper in Brite Roman Letters then he would tell the writer and he would write it[.] Then the next sentance would Come and so on But if it was not Spelt rite it would not go away till it was rite[,] so we see it was marvelous[.] thus was the hol [whole] translated.” Lo interesante que podemos hallar aquí es el uso del término Urim y Tumim por parte de Joseph Knight para describir la “gafas”. La pregunta es si la declaración de Knight fue documentada en 1827 o si se registró después de 1833, cuando el término Urim y Tumim se usaba de forma habitual. Según Dean Jessee, la declaración de Knight no está “fechada ni firmada,” con las palabras “22 de septiembre de 1827” habiendo sido incluidas por Thomas Bullock, un clérigo de la iglesia durante los años 1843 a 1847.” Por tanto, la declaración de Knight no puede usarse para establecer de forma clara que el término Urim y Tumim se aplicara a los intérpretes nefitas (las gafas) en 1827. Vease Dean Jessee en “Joseph Knight’s Recollection of Early Mormon History,” BYU Studies 17/1 (1976), 2.
  23. W. W. Phelps, The Evening and The Morning Star, 1/8 (enero de 1833), 57.
  24. The True Latter Day Saints’ Herald, 26/22 (15 de noviembre de 1879).
  25. D. Michael Quinn, Early Mormonism and the Magic World View, Revisado y alargado (Salt Lake City: Signature Books, 1998), 174–75.
  26. Quinn, Early Mormonism and the Magic World View, 175.
  27. “Truman Coe Account, 1836,” in Early Mormon Documents, 1:47. impreso originalmente en Ohio Observer (Hudson, Ohio), 11 de agosto de 1836.
  28. Gardner, The Gift and the Power, 7.
  29. A Letter to Those Who Have Attended Mormonite Preaching (London: J. B. Bateman, 1840), 1–4.
  30. “William Smith interview by J. W. Peterson and W. S. Pender, 1890,” en Early Mormon Documents, 1:508.
  31. “A Peaceful Heart,” Friend, septiembre de 1974, 7.http://www.lds.org/friend/1974/09/a-peaceful-heart.
  32. Deseret News, 28 de diciembre de 1881.
  33. Kenneth W. Godfrey, “A New Prophet and a New Scripture: The Coming Forth of the Book of Mormon,” Ensign de enero de 1988. http://www.lds.org/ensign/1988/01/a-new-prophet-and-a-new-scripture-the-coming-forth-of-the-book-of-mormon.
  34. “Emma Smith Bidamon to Emma Pilgrim, 27 de marzo de 1870,” en Early Mormon Documents, 1:532. El texto se ha modificado para facilitar la lectura. Originalmente era como sigue: “Now the first that my translated, [the book] was translated by use of the Urim, and Thummim, and that was the part that Martin Harris lost, after that he used a small stone, not exactly, black, but was rather a dark color.”
  35. The True Latter Day Saints’ Herald 26/22 (15 de noviembre de 1879). http://www.sidneyrigdon.com/dbroadhu/IL/sain1872.htm#111579.
  36. Zenas H. Gurley, citando al “Dr. Robinson,” fuente: Zenas H. Gurley, “The Book of Mormon,” Autumn Leaves 5 (1892): 451-54, located on the Book of Abraham Project. http://www.boap.org/LDS/Early-Saints/BOM-Witn.html.
  37. “Mormon Relics,” The Sunday Inter-Ocean, Vol. 15, No. 207 (Chicago, Illinois, 17 de octubre de 1886). Así mismo el Saints’ Herald 33 (13 de noviembre de 1886): 706, citado en Van Wagoner and Walker, “The Gift of Seeing,” 53–54.
  38. Matthew B. Brown, Plates of Gold (American Fork, Utah: Covenant Communications, 2003), 167.
  39. Brown, Plates of Gold, 167.
  40. “Joseph Knight Sr., Reminiscence, Circa 1835-1847,” in Early Mormon Documents, 4:15. La ortografía se ha modernizado y organizado para facilitar la lectura. La ortografía y organización original es como sigue: “After Brackfist Joseph Cald me in to the other Room and he set his foot on the Bed and leaned his head on his hand and says well I am Dissop[o]inted. well, say I[,] I am sorrey[.] Well, says he[,] I am grateley Dissop[o]inted, it is ten times Better then I expected. Then he went on to tell the length and width and thickness of the plates[,] and[,] said he[,] they appear to be Gold But he seamed to think more of the glasses or the urim and thummem then [than] he Did of the Plates for[,] says he[,] I can see any thing[.] They are Marvelus[.] Now they are written in Caracters and I want them translated[.]“
  41. Smith, Doctrinas de salvación, 3:225–26.
  42. “William Smith interview by J. W. Peterson and W. S. Pender, 1890,” in Early Mormon Documents, 1:508.
  43. “Charles Anthon to E. D. Howe, 17 de febrero de 1834,” en Early Mormon Documents, 4:378.
  44. John Corrill, A Brief History of the Church of Christ of Latter Day Saints (1839), 12. http://contentdm.lib.byu.edu/cdm/fullbrowser/collection/BOMP/id/4577/rv/compoundobject/cpd/4592.
  45. B. H. Roberts, Defense of the Faith and the Saints (Salt Lake City: Deseret News, 1907), 1:257.
  46. Gerrit Dirkmaat, “Great and Marvelous Are the Revelations of God,” Ensign de enero de 2013, 45–46. http://www.lds.org/ensign/2013/01/great-and-marvelous-are-the-revelations-of-god.
  47. Elder’s Journal, julio de 1838, 1:43.
  48. “Church History,” Times and Seasons, 1 de marzo de 1842. Véase también “The Wentworth Letter,” por José Smith hijo. (1805–44), Ensign de julio de 2002. https://www.lds.org/ensign/2002/07/the-wentworth-letter.
  49. Enseñanzas de los presidentes de la Iglesia: José Smith, (2007), 71. Citado por Lucy Mack Smith, “The History of Lucy Smith, Mother of the Prophet,” manuscrito 1844–1845, libro 7, p. 11, Archivos de la Iglesia.
  50. “Lucy Smith History, 1845,” en Early Mormon Documents, 1:370–71. La ortografía y puntuación se ha modernizado para facilitar la lectura. La ortografía original, descartes y adiciones indicados por  el editor Vogel son los siguientes: I then continued[,] Joseph[,] my supplications to God without cessation that his mercy might again be exercised towards me and on the 22 of September I had the joy and satisfaction of again receiving the record into my possession and I have commenced translating and Emma writes for me now but the angel said that if I get the plates again that the Lord woul[d] send some one to write for me and I trust that it will be so-he also said that the ange seemed rejoiced when he gave him back the plates and said that he was pleased with his faithfulness and humility also that the Lord was pleased with him and loved him for his penitence and diligence in prayer in the which he had performed his duty so well as to receive the record and he able to enter upon the work of translation again.
  51. “Lucy Smith History, 1845.” La ortografía original, descartes y adiciones indicados por  el editor Vogel son los siguientes: I then continued[,] Joseph[,] my supplications to God without cessation that his mercy might again be exercised towards me and on the 22 of September I had the joy and satisfaction of again receiving the record into my possession and I have commenced translating and Emma writes for me now but the angel said that if I get the plates again that the Lord woul[d] send some one to write for me and I trust that it will be so-he also said that the ange seemed rejoiced when he gave him back the plates and said that he was pleased with his faithfulness and humility also that the Lord was pleased with him and loved him for his penitence and diligence in prayer in the which he had performed his duty so well as to receive the record and he able to enter upon the work of translation again.
  52. “Lucy Smith History, 1845,” 370–71.
  53. W. W. Phelps, “Letter No. 4,” Latter Day Saints’ Messenger and Advocate 1/5 (Feb. 1835), 65. http://en.fairmormon.org/Messenger_and_Advocate/1/5.
  54. Oliver Cowdery, Latter Day Saint’s Messenger and Advocate 1/14. Emphasis in original. http://en.fairmormon.org/Messenger_and_Advocate/1/1.
  55. Oliver Cowdery, Defence in a rehearsal of my grounds for separating myself from the Latter Day Saints, (1839), 5. Éste documento es una falsificación histórica. http://books.google.com/books?id=imVVAAAAYAAJ&printsec=frontcover&source=gbs_ge_summary_r&cad=0#v=onepage&q&f=false.
  56. Las frases de  Cowdery fueron extraidas del “Messenger and Advocate” 1/1; 2/1; 1/ 5; 1/7 y 1/10 . El material de  Whitmer se sacó de “An Address to All Believers in Christ,” 27, 31, 35, 42, 45, 61, 62, y 95.
  57. Richard Lloyd Anderson, “I Have a Question,” Revista Ensign de abril de 1987. https://www.lds.org/ensign/1987/04/i-have-a-question.
  58. Richard G. Scott, “Using the Supernal Gift of Prayer,” Revista Ensign de mayo de 2007. http://www.lds.org/ensign/2007/05/using-the-supernal-gift-of-prayer.
  59. Richard Lloyd Anderson, “‘By the Gift and Power of God’,”revista Ensign de septiembre de 1977, 79. http://www.lds.org/ensign/1977/09/by-the-gift-and-power-of-god.
  60. Anderson, “By the Gift and Power,” 79.
  61. Declaración personal de S. W. Richards, 25 de mayo de 1907, en la biblioteca Harold B. Lee, BYU, Colecciones especiales, citado en Anderson, “By the Gift and Power,” 79.
  62. Anderson, “By the Gift and Power,” 79.
  63. Una práctica común de José era editar y supervisar a otros en la edición de los textos de las revelaciones. La Iglesia ha publicado recientemente los textos originales de las revelaciones que comprenden DyC, sección 8, en la que el Señor le dice a Óliver, “[R]ecuerda que éste es tu don, ahora, ésto no es todo, porque tienes otro don, el cual es el don de trabajar con lo que empieza a crecer. He aquí, te ha manifestado muchas cosas; he aquí, no hay otro poder, sino el de Dios, que haga que una cosa de esta naturaleza funcione en tus manos.” Revelación de abril de 1829–B [D&C 8], en Robin Scott Jensen, Robert J. Woodford,y Stephen C. Harper, eds., Manuscript Revelation Books, vol. 1 de las series the Revelations and Translations of The Joseph Smith Papers, ed. Dean C. Jessee, Ronald K. Esplin y Richard Lyman Bushman (Salt Lake City: Church Historian’s Press, 2009), 17. Las frases encontradas en el libro de revelaciones “trabajar con lo que empieza a crecer” y “cosa de esta naturaleza funcione en tus manos” fueron editadas primeramente por Sidney Rigdon y subsecuentemente por José Smith, Oliver Cowdery y Frederick G. Williams para incluirlo en el Libro de los mandamientos como sigue: “trabajando con la vara” y “vara natural, para trabajar con tus manos.” Este texto ha guiado a algunos a especular sobre si Óliver tenía en su poder algún instrumento de revelación y lo usó durante su intento de traducción. Durante la preparación de la publicación de ésta revelación como parte de Doctrina y Convenios de 1835, estas frases fueron editadas a última hora tal como sigue: “el don de Aarón” y “don de Aarón esté contigo.
  64. Jeffery G. Cannon, “Oliver Cowdery’s Gift,” Revelations in Context (The Church of Jesus Christ of Latter-day Saints, 15 de diciembre de 2012). https://history.lds.org/article/doctrine-and-covenants-oliver-cowdery.
  65. Doctrina y Convenios, 1835. P. 171. Joseph Smith Papers, Church Historians Press. http://josephsmithpapers.org/paperSummary/doctrine-and-covenants-1835#179.
  66. Revelación de junio de 1829-E [DyC 17], situado en la página web de “the Joseph Smith Papers”. La ortografía y puntuación ha sido modernizada y las marcas de inserciones y tachones se han quitado para facilitar la lectura. El texto original es el siguiente: “Behold I say unto you that you must rely upon my word which if you do with full purpose of heart you shall have a view of the plate and also the brestplate the sword Urim, and Thumim of Laban the Urim and Thumim given to the brother of Jared upon the mount when he talked with the Lord face to face and the marveelus directors which was given to Lehi while in the wilderness on the borders of the red sea . . .” http://josephsmithpapers.org/paperSummary/revelation-june-1829%e2%80%93e-dc-17.
  67. “Wonderful Discovery,” Wayne Sentinel, Palmyra, Nueva York (27 de diciembre de 1825).
  68. Richard L. Bushman, “Joseph Smith Miscellany” (Mesa, Arizona: FAIR, 2005 FAIR Conference). http://www.fairlds.org/fair-conferences/2005-fair-conference/2005-a-joseph-smith-miscellany.
  69. Dallin H. Oaks, “Recent Events Involving Church History and Forged Documents,” revista Ensign de octubre de 1987, 63. El nombre “Stowel” a veces se escribía “Stowell” o “Stoal.” http://www.lds.org/ensign/1987/10/recent-events-involving-church-history-and-forged-documents.
  70. Church History in the Fulness of Times Student Manual, 42.
  71. Lucy Mack Smith, in Scott Facer Proctor and Maurine Jensen Proctor, The Revised and Enhanced History of Joseph Smith by His Mother, (Salt Lake City: Bookcraft), 124. Citado también en “Lucy Smith History, 1845,” en Early Mormon Documents, 1:310. La declaración de Lucy con respecto al trabajo de José para Stowell (escrito “Stoal” en su manuscrito) sólo aparece en la versión de 1853 y no aparece en el manuscrito original de 1845.
  72. “Highlights in the Prophet’s Life,” revista Ensign de junio de 1994, 24.
  73. Brant A. Gardner, en “Joseph the Seer” o “Why Did He Translate With a Rock in His Hat?” 2009 FAIR Conference presentation. Las referencias de Gardner [9] D. Michael Quinn, Early Mormonism and the Magic World View (Salt Lake City: Signature Books, 1987), 38. y [10] Richard L. Bushman, Joseph Smith and the Beginnings of Mormonism (Urbana and Chicago: University of Illinois Press, 1984), 70. http://www.fairlds.org/fair-conferences/2009-fair-conference/2009-joseph-the-seer-or-why-did-he-translate-with-a-rock-in-his-hat.
  74. Wilford Woodruff journal, 11 de septiembre de 1859, citado en Richard Lloyd Anderson, “The Alvin Smith Story: Fact and Fiction,” revista Ensign de agosto de 1987. http://www.lds.org/ensign/1987/08/the-alvin-smith-story-fact-and-fiction.
  75. “Willard Chase Statement, Circa 11de diciembre de 1833,” en Early Mormon Documents, 2:65–66. Publicado en Eber Dudley Howe, Mormonism Unvailed (Painesville, OH: Telegraph Press, 1834), 240-8. Chase proclamó, “Se ha dicho por parte de Smith que trajo la piedra de un pozo; pero es falso. No había nadie en el pozo salvo mi persona. A la mañana siguiente vino a mi y deseó recibir la piedra, alegando que podía ver en ella; pero le dije que no quería desprenderme de ella porque se trataba de una curiosidad, pero la podría prestar.”
  76. Oliver Cowdery, Latter Day Saints’ Messenger and Advocate 1/5 (febrero de 1835), 80.
  77. Henry Harris, declarado en Howe, Mormonism Unvailed, 252.
  78. Dean Jessee, “Joseph Knight’s Recollection of Early Mormon History,” BYU Studies17/1 (1976), 2. Texto original: “looked in his glass and found it was Emma Hale, Daughter of old Mr. Hail of Pensylvany, a girl that he had seen Before.”
  79. Palmyra Reflector, 1829–1831, “Gold Bible, No. 6,” (19 de marzo de 1831) in Early Mormon Documents, 2:248.
  80. Howe, Mormonism Unvailed, 14.
  81. “Charles Anthon to E. D. Howe, 17 de febrero de 1834,” in Early Mormon Documents, 4:379.
  82. John A. Clark, “Gleanings by the Way” (Philadelphia, 1842), 230. Disponible en Google Books: http://books.google.com/books/about/Gleanings_by_the_way.html?id=Q-sQAAAAIAAJ.
  83. Robert Baird, Religion in the United States of America (Glasgow: Blackie and Son, 1844), 647–49.
  84. Pomeroy Tucker, Origin, Rise, and Progress of Mormonism (Nueva York: D. Appleton and Co., 1867), 36. Disponible en Google Books: http://books.google.com/books/about/Origin_rise_and_progress_of_Mormonism.html?id=1SPym5-HSN4C.
  85. “Entrevista a David Whitmer en el Chicago Tribune, 15 de diciembre de 1885,” in Early Mormon Documents, 5:153. También reimpreso en the Deseret News, 6 de enero de 1886.
  86. “Entrevista a David Whitmer en el Chicago Tribune,” in Early Mormon Documents, 5:153–54.
  87. Elizabeth Ann Whitmer Cowdery, “Elizabeth Ann Whitmer Cowdery Affidavit, 15 de febrero de 1870,” en Early Mormon Documents, 5:260.
  88. David Whitmer, An Address to All Believers in Christ (1887), 12.
  89. Whitmer, An Address, 32. Que José Smith declaró que ya no necesitaba la piedra clarividente para recibir revelación fue una de las causa que propició la desilusión final de Whitmer con José.
  90. Wilford Woodruff’s journal, 18 de mayo de 1888, citado en “Temples to Dot the Earth” de Richard O. Cowan (Springville, UT: Cedar Fort, 1997).
  91. “Doctrines of Salvation” de Joseph Fielding Smith (Salt Lake City: Bookcraft, 1956), 3:225.
  92. Neal A. Maxwell, “‘By the Gift and Power of God’,” revista Ensign de enero de 1997, 36. http://www.lds.org/ensign/1997/01/by-the-gift-and-power-of-god.
  93. Neal A. Maxwell, Not My Will, But Thine (Salt Lake City: Bookcraft, 1988), 26.
  94. Kenneth W. Godfrey, “A New Prophet and a New Scripture: The Coming Forth of the Book of Mormon,” revista Ensign de enero de 1988. http://www.lds.org/ensign/1988/01/a-new-prophet-and-a-new-scripture-the-coming-forth-of-the-book-of-mormon.
  95. Anderson, “By the Gift and Power,” 79.
  96. Dallin H. Oaks, “Recent Events Involving Church History and Forged Documents,” revista Ensign de octubre de 1987, 63. http://www.lds.org/ensign/1987/10/recent-events-involving-church-history-and-forged-documents.
  97. Encabezamiento de Doctrina y Convenios 28.
  98. Stephen D. Ricks, Joseph Smith’s Translation of the Book of Mormon (Provo, UT: Maxwell Institute, n.d.), http://maxwellinstitute.byu.edu/publications/transcripts/?id=10
  99. Keith W. Perkins, “Francis W. Kirkham: A ‘New Witness’ for the Book of Mormon,” revista Ensign de julio de 1984. https://www.lds.org/ensign/1984/07/francis-w-kirkham-a-new-witness-for-the-book-of-mormon.
  100. Este esfuerzo por parte de “the Maxwell Institute” se denominó the “Kirkham Project.” Véase “Early Book of Mormon Writings Now Online,” Insights 30:2 (Provo, UT: Maxwell Institute), en el que resalta que “durante más de 10 años Matthew Roper, académico de investigación en el Neal A. Maxwell Institute for Religious Scholarship y encargado del proyecto, ha estado coleccionando esta bibliografía. La colección se basa en los primeros esfuerzos de Francis W. Kirkham, un educador de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Según Roper, durante los años de 1930 Kirkham empezó a coleccionar extraños periódicos relacionados con los inicios de la historia SUD. Subsecuentemente algunos investigadores e historiadores descubrieron varios objetos adicionales, los cuales han sido todos incluidos en esta nueva colección.”
  101. Francis W. Kirkham, “The Manner of Translating the Book of Mormon,”revista Improvement Era, octubre de 1939, 632.
  102. Francis W. Kirkham, A New Witness for Christ in America (Independence, MO: Press of Zion’s Printing and Publishing Co., 1951), 194.
  103. Kirkham, A New Witness, 196.
  104. Smith, Doctrines of Salvation, 3:225. Emphasis in original.
  105. James. B. Allen and Glen M. Leonard, The Story of the Latter-day Saints, 2nd ed., rev. and enl. (Salt Lake City: Deseret Book, 1992), 40–41.
  106. A list of known Hofmann forgeries related to Church history appeared in “Fraudulent Documents from Forger Mark Hofmann Noted,” revista Ensign de octubre de 1987.
  107. Richard Lloyd Anderson, “The Alvin Smith Story: Fact and Fiction,” revista Ensign de agosto de 1987. Anderson declara que “los intentos por reponer los cimientos de la Iglesia en base a  los documentos relacionados con Mark Hofmann ahora están obsoletos, puesto que fue declarado culpable en un juicio público por vender documentos falsos. Por consiguiente, los relatos revisados basados en estos documentos, ahora deben volverse a revisar.”
  108. Oaks, “Recent Events.”
  109. Whitmer, An Address to All Believers, 30.
  110. Revelations in Context. https://history.lds.org/series/doctrine-and-covenants-revelations-in-context?lang=eng#/date/10/1.
  111. John W. Welch and Tim Rathbone, “How Long Did It Take to Translate the Book of Mormon?” (Provo, UT: Maxwell Institute).http://maxwellinstitute.byu.edu/publications/books/?bookid=71&chapid=767.
  112. Hay varias formas de pensar entre los estudiosos del Libro de Mormón en relación a si el texto del Libro de Mormón representa una “vaga traducción” o una “traducción precisa” del significado de los caracteres de las planchas. Dicho esto, yo no soy un académico, no es mi intención extraer ninguna conclusión sobre los aspectos  de la traducción. Simplemente afirmar que se hubo algún tipo de revelación.
  113. Maxwell, Not My Will, 26.
Artículo Original: www.mormoninterpreter.com
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Dastin Cruz

Soy de Perú y miembro de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Servi como misionero en el estado de Oaxaca, México. En este blog trato de dar a conocer nuestras creencias y la doctrina de la iglesia, a su vez aclararando temas que en ocasiones son malinterpretados. Hoy debido a toda la información que circula en la red es importante estar informado sobre nuestras creencias, doctrinas e historia a fin de explicarlas con mayor claridad. Agradezco en especial por su apoyo al amor de mi vida, Ana Rosa Lopez Cruz

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1 Comentarios:

  1. Muy interesante! Aunque hay partes un poco repetitivas

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