Por Roy W. Doxey

Ensign Julio 1976
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Cuando el Señor reveló a Moisés el gran propósito de la vida, Él mismo lo explicó en las siguientes palabras: “Porque, he aquí, ésta es mi obra y mi gloria:  Llevar a cabo la inmortalidad y la vida eterna del hombre” (Moisés 1:39.)
En otras palabras, la obra del Señor es dar la resurección (inmortalidad) a todos los hijos del Padre y hacer posible para ellos el que puedan recibir la exaltación o vida eterna. Cuando uno entiende estos propósitos, el corazón se regocija bajo el conocimiento de las grandes bendiciones que existen para el hombre – la divinidad- y que pueden ser logradas por aquellos que lo desean con todo su corazón. En un glorioso sermón predicado por el profeta José Smith, este mismo principio fundamental de la vida en la tierra fue enunciado – a excepción por esa vez del otro lado de este tema, la responsabilidad de la humanidad, haciendo énfasis en que “Vosotros mismos tenéis que aprender a ser dioses , y a ser reyes y sacerdotes de Dios….. ” (Enseñanzas del Profeta José Smith, p.428).

Fundamental para nuestro entendimiento de la razón de la existencia en la mortalidad es nuestro conocimiento de que hombres y mujeres nacen como hijos espirituales del Padre Eterno y que Jesucristo es nuestro hermano mayor en el espíritu.  Debido a que sus estado es transcendentalmente más grande que el nuestro, nosotros nos atemorizamos al pensar que algún día podemos llegar a ser como ellos son. Sin embargo, nosotros hemos sido engendrados como hijos espirituales del Padre Eterno, nacidos en el linaje de los dioses, y tenemos dentro de nosotros el poder, por medio de la expiación de Jesucristo, para elevarnos a las alturas de la divinidad.

La vida en la tierra, una parte necesaria del progreso eterno, provee la base para convertirse en un ser exaltado, es un estado en el cual estamos en un periodo de ensayo y probación para ver si haremos la voluntad del Señor (ver Abr. 3:22-26). Una revelación moderna habla de aquellos que fueron valientes en el servicio al Señor durante este periodo de tiempo: “Entonces serán dioses, porque no tendrán fin, por consiguiente, existirán de eternidad en eternidad, porque continuarán; entonces estarán sobre todo, porque todas las cosas les estarán sujetas. Entonces serán dioses, porque tendrán todo poder, y los ángeles estarán sujetos a ellos” (D & C 132:20).”.

¿Qué es necesario hacer para recibir esta inestimable bendición?  El profeta José dijo que uno debe comenzar en el comienzo con los primeros principios del evangelio.
“Cuando subís por una escalera, tenéis que empezar desde abajo y ascender paso por paso hasta que llegáis a la cima; y así es con los principios del evangelio: tenéis que empezar por el primero, y seguir adelante hasta aprender todos los principios que atañen a la exaltación. Pero no los aprenderéis sino hasta mucho después que hayáis pasado por el velo. No todo se va a entender en este mundo; la obra de aprender nuestra salvación y exaltación aun más allá de la tumba será grande.” (Enseñanzas, pág 430.)
Aun cuando el proceso para obtener la exaltación continúa aun dentro del mundo de los espíritus, el conocimiento de que uno será exaltado con todos los privilegios para llegar a la vida eterna puede ser obtenido en esta vida. Esto es hacer nuestro llamamiento y elección seguros.

Pedro amonestó a los santos antiguos a “hacer de su vocación y elección segura” y el apóstol Pablo también dio gracias al Señor por proveerle esto como un sellamiento (2 Pe 1:10-11, Efe 1:13-14).  En adición, el profeta José Smith usó esta misma expresión en su disertación acerca de la exposición de Pedro y las enseñanzas de Pablo (ver Enseñanzas, págs. 176,372).

Pedro dejó claro que un testimonio de Jesucristo no es en sí mismo evidencia de que el llamamiento y elección de uno han sido hechos seguros. Mencionando la manifestación en el monte de la transfiguración con el Salvador y sus compañeros apostólicos Santiago y Juan (Mateo 17:1-8), él dijo que aunque ellos habían escuchado la voz del Padre declarando que Jesús era su Hijo, esto no fue suficiente para obtener la bendición -había una “más segura palabra de profecía”, el llamamiento y la elección hecha segura (ver 2 Pe 1:16-19).

Concerniente a esta instrucción y el testimonio de Pedro, José Smith djo “Aunque oyesen la voz de Dios y supiesen que Jesús era el Hijo de Dios, esto no sería evidencia de que su elección y vocación había sido hecha firme, ni que tendrían parte con Cristo y serían coherederos con Él.  Así pues, buscarían esa palabra profética más segura de que habían sido ligados en los cielos y que tenían la promesa de vida eterna en el reino de Dios. Y habiéndoles sido confirmada esta promesa, era como un ancla para el alma, firme y segura. Aunque retumbaran los truenos, y deslumbraran los relámpagos, y rugieran los terremotos, y los rodearan las guerras, aún así, esta esperanza y conocimiento sostendrían sus almas en toda ocasión de prueba, angustias y tribulación “(Enseñanzas, pág 363.)
Entonces, ¿qué es el llamamiento y elección hecha segura?  La siguiente escritura nos da una definición: La palabra profética más segura significa que un hombre sepa, por revelación y el espíritu de profecía, que esta sellado para vida eterna, mediante el poder del Santo Sacerdocio.” (D & C 131:5.)

Como fue expresado por el élder Bruce R. Mcconkie:
“Tener el llamamiento y elección hechos seguros es ser sellado para la vida eterna; es tener la garantía incondicional para la exaltación en el cielo más alto del reino celestial; es recibir la seguridad de la divinidad; es, en efecto, tener el día del juicio adelantado, de forma que se asegure la herencia de toda la gloria y honor del reino del Padre antes del día en el que realmente los fieles entrarán en la presencia divina para sentarse con Cristo en su trono, aun como Él está “sentado” con su “Padre en su trono”” (Apo. 3:21 (Doctrinal New Testament Commentary, Bookcraft, 1973, 3:330-31.)
Así como élder Mcconkie lo indica, la “garantía incondicional’ significa que las acciones de una persona han sido completamente aprobadas, que “no hay más condiciones a ser cumplidas por la persona obediente” (pág. 335). Cuando uno ha sido sellado para la vida eterna, es ser “sellados contra toda clase de pecado y blasfemia, con excepción de la blasfemia contra el Espíritu Santo y la de derramar sangre inocente.” (Doctrinas de Salvación, 2:46.)

Elprofeta José Smith exhortó a seguir adelante con la meta de asegurar la exaltación de la siguiente forma:
“Quisiera, pues, exhortaros a que continuaseis invocando a Dios hasta que hagáis firme vuestra vocación y elección, obteniendo la palabra profética más segura, y esperando pacientemente la promesa hasta que podáis obtenerla” (Enseñanzas, pág. 363)
“Esperando pacientemente la promesa hasta que podáis obtenerla” implica que todos los esfuerzos deben ser hechos por los miembros de la Iglesia para obtenerlo. En el mundo premortal se hizo un convenio según el cual los hijos e hijas de Dios podrían recibir una exaltación eterna si ellos eran fieles y verdaderos a los convenios hechos en esta vida (ver Tito 1:1-2). Teniendo en mente lo que Pablo requería de los santos en su dispensación, José Smith dijo:
“Nuestro pacto eterno ningún derecho nos da a las cosas eternas, a menos que nuestros hechos, contratos y todas las cosas tiendan a tal fin. Pero después de todo esto, se hace necesario confirmar nuestra vocación y elección. Si este mandamiento fue tan apremiante para aquellos a quienes se dio, cuanto más para los de la generación actual.»(Enseñanzas, pág 373.)
Entonces, ¿qué es necesario para hacer el llamamiento y elección  seguros para uno?. En la base de todas las bendiciones se encuentra la aceptación de la expiación de Jesucristo, por medio de la obediencia a los primeros principios y ordenanzas del evangelio (fe, arrepentimiento, bautismo, y recibir el don del Espíritu Santo).  Luego, tras la entrada en el reino de Dios por el bautismo en el agua y el Espíritu, viene a ser necesario tener el nivel de fe para entrar en ciertos convenios sagrados por el poder del sacerdocio y ser “sellado por el Espíritu Santo de la promesa, que el Padre derrama sobre todos los que son justos y fieles.” (D&C 76:53)”,  y seguir hasta el fin con fe en estos convenios.
Superados por medio de la fe en la justicia de Dios y Jesús, uno llega a ser “partícipe de la naturaleza divina”, así como Pedro testificó (ver 2 Pe 1:1-4). La vía para esta bendición, es como él dijo “mediante el conocimiento de aquel que nos llamó por su gloria y excelencia.” (2 Pe. 1: 3)

El conocimiento de Cristo en este contexto es la emulación de su vida y enseñanzas. ¿Y cuáles son las virtudes que se encuentran en la vida de Jesús a las quePedro se refiere?.  Después de que uno ha escapado de las corrupciones del mundo por arrepentimiento sincero siendo miembro de la iglesia verdadera, debe adherirse  a los principios y ordenanzas que lo admiten en el reino de Dios, siendo diligente en su obediencia. Uno agrega a “vuestra fe virtud; a la virtud, conocimiento; al conocimiento, dominio propio; al dominio propio, paciencia; a la paciencia, piedad; a la piedad, afecto fraternal; y al efecto fraternal, amor.” (2 Pe. 1: 5-7 véase también Enseñanzas, pág 372.)”

Obediencia y la gradual adquisición de este impresionante conjunto de virtudes le llevan a uno más y más cerca de la estatura de Cristo (ver Efe 4:13).

Sin embargo, además de estas cualidades de carácter necesarias, aquellos que podrían tener esperanza en el llamamiento y vocación hechos seguros deben también recibir las ordenanzas de salvación (exaltación) en el templo de Dios.

El profeta José Smith dio una definición final de salvación como tener el poder para vencer todos los enemigos en este mundo (en el sentido de los vicios que son contrarios a las virtudes del evangelio) y “el conocimiento para triunfar sobre los espíritus malignos en el mundo por venir” (Enseñanzas, pag 361). Señaló también que el triunfo sobre los enemigos vendría solo por medio del conocimiento del sacerdocio (Enseñanzas,  pág. 372-73, 367).
Si vamos a triunfar sobre todos nuestros enemigos en este mundo como preparación para la exaltación, ¿cómo el sacerdocio lo hace posible? Obediencia a “los misterios del reino” – las más altas ordenanzas del evangelio-  es la respuesta.  Altas ordenanzas del evangelio sugieren que hay otras ordenanzas menores, estas son las primeras ordenanzas y todas aquellas hechas fueras del templo.

Jesús enseñó a sus discípulos que ellos iban a recibir los “misterios del reino” pero que otros no iban a recibirlos porque no estaban preparados para ello (ver Mateo 13:10-13).  En forma similar, el profeta Alma dijo que estos misterios fueron conocidos por algunos, pero otros recibían solo “aquella porción de su palabra que él concede a los hijos de los hombres, conforme a la atención y la diligencia que le rinden. “(Alma 12:9.)
Debido a que José recibió las “llaves de los misterios de las cosas que han sido selladas” (DyC 35:18),  y debido a que estas llaves se mantienen con el profeta de la Iglesia hoy en día, los miembros que guardan los mandamientos pueden recibir “los misterios de Mi reino, y lo mismo se hará de él un pozo de agua viva, hasta que salta hasta la vida eterna. “(D & C 63:23; véase también D & C 42:65).

Solo através del sacerdocio pueden dichas bendiciones llegar a los miembros de la Iglesia. Un miembro varón digno debe recibir el sacerdocio de Melquisedec, el cual “tiene la clave de los misterios del reino, incluso la llave del conocimiento de Dios” (D & C 84:19; véase también el D & C 107:18-19), con el fin de recibir estos “misterios”.  Ahí está la llave del propósito principal del sacerdocio mayor – el revelar los principios de exaltación en la causa del Señor a través de ordenanzas, consistentes en lavamientos, unciones, la investidura del templo y el matrimonio por la eternidad. (Ver DyC 124:37-42).  El matrimonio por la eternidad es un orden del sacerdocio, en el que a los participantes se les prometen reinos y tronos si son verídicos y fieles a sus obligaciones.” (Joseph Fielding Smith, Ensign, diciembre de 1971, Pág 98)  Estas bendiciones incluyen el poder de engendrar hijos espirituales después de la resurrección.  En este sentido, José Smith dijo:
“La pregunta es con frecuencia, ‘¿No podemos ser salvos sin pasar a través de todas esas ordenanzas?’ Quisiera responder, No, no la plenitud de la salvación…”
“Si un hombre ha de recibir la plenitud del sacerdocio de Dios, debe obtenerla de la misma manera que Jesucristo la alcanzó, que fue por guardar todos los mandamientos y obedecer todas las ordenanzas de la casa del Señor.” (Enseñanzas, pág. 376.)
Ambos, hombres y mujeres reciben las bendiciones de la “plenitud del sacerdocio” en el templo, aun cuando las mujeres no son ordenadas al sacerdocio; por ello el presidente Joseph Fielding Smith dijo:
“Las mujeres no poseen el sacerdocio, pero si son fieles y leales, llegarán a ser sacerdotisas y reinas en el reino de Dios, y esto supone que les será dada autoridad. Las mujeres no poseen el sacerdocio con sus maridos, pero sí reciben los beneficios que provienen de ese sacerdocio. ” (Doctrinas de la Salvación, Bookcraft, 1956, 3:168.
La base de participar en las ordenanzas y poseer el sacerdocio es el realizar convenios. Los convenios divinos deben contraerse y ser honrados antes que una persona pueda tener su llamamiento y elección hechos seguros. Para asegurarse de que los que reciben las bendiciones de los convenios han sido rectos, el Señor ha establecido un medio por el cual las ordenanzas y convenios pueden ser aprobadas. Esto sucede a través del poder sellador del Santo Espíritu de la Promesa.  Cuando el Santo Espíritu de la Promesa (el cual es el Espíritu Santo) justifica la actuación de una persona respecto a los convenios que ha hecho, tal comportamiento es ratificado, haciendo el convenio efectivo para la salvación.
La influencia del Espíritu Santo recibida al guardar los mandamientos, también lleva a uno a la santificación, o a llegar a ser santos y puros de corazón, lo cual implica la renuncia a todo mal y aprender a “amar y servir a Dios con toda [nuestra] alma, mente y fuerza” (DyC 20:31). El proceso de santificación viene gradualmente, sobre un largo periodo de tiempo, “superando todo pecado y llevándonos en todo a sujetarnos en la ley de Cristo” (BY, JD10:173).  Esto significa una sumisión de nuestro corazón a Dios, transformándonos en uno con el Salvador en la construcción de su reino, y trabajando para el eventual establecimiento de Sion (Ver Hel 3:35). El miembro de la iglesia ha de prepararse a sí mismo por medio de la búsqueda de santificación; y cuando se ha hecho justo a través de la ratificación de sus convenios por el Espíritu Santo, y ante los ojos del Señor ha santificado su vida, es candidato para tener su llamamiento y elección hecha segura.

Del profeta José podemos aprender que la fe necesaria para ser santificado y hacer de nuestro llamamiento y elección hecha segura se gana a través de una estricta obediencia a la ley de sacrificio.
“Porque desde la primera etapa del hombre, la fe necesaria para gozar de vida y salvación jamás pudo ser obtenida sin el sacrificio absoluto de todo la terrenal. Es por medio de ese sacrificio y de ninguna otra manera, que Dios ha ordenado que los hombres gocen de vida eterna. Y es por medio del sacrificio de todo lo terrenal, que el hombre llegan a saber que están haciendo lo que es aceptable a la vista de Dios. Cuando el hombre ha sacrificado todo lo que posee en pos de la verdad, ni siquiera escatimando su vida misma, y creyendo ante Dios que se le ha llamado a hacer tal sacrificio porque busca hacer la voluntad de Dios, ese hombre sabe, por seguro, que Dios acepta, y aceptará, su sacrificio y ofrenda, y que su búsqueda de Dios no ha sido en vano. Entonces, bajo tales circunstancias, ese hombre puede obtener la fe necesaria para obtener la vida eterna.. “(Discursos sobre la Fe, 6:7, véase también D & C 98:11-15.)
Cuando la fe es suficiente para sacrificar todas las cosas, aun la vida misma si fuese necesario, es posible para una persona saber que es aceptada por el Señor por aquello que ha hecho, y que con esa fuerte fe puede finalmente recibir la vida eterna.
Asé el profeta José dijo:
“Después que una persona tiene Fe en cristo, se arrepiente de sus pecados, se bautiza para la remisión de ellos y recibe el espíritu santo (por la imposición de manos), que es el primer Consolador, entonces si continua humillándose ante Dios, teniendo hambre y sed de justicia y viviendo de acuerdo con todas las palabras de Dios, el Señor le dirá dentro de poco: “Hijo, serás exaltado.”. Cuando el Señor lo haya probado en todas las cosas, y haya visto que aquel hombre está resuelto a servirlo, pase lo que pase, ese hombre verá que su vocación y elección han sido confirmadas….. “(Enseñanzas, pág 178.)
Aquella persona finalmente recibirá la divinidad y sera un miembro de “La Iglesia del Primogénito” (DyC 76:54).

¿Quiénes son aquellos de los santos que han sido aceptados por el Señor a través de sus sacrificios?.  El profeta José Smith indicó que cuando una persona ha sido probada por el Señor “hambriento y sediento de justicia, y viviendo cada palabra del Señor”, podría tener el privilegio de recibir el Segundo Consolador. Este consolador es la presencia del Señor Jesucristo, “y las visiones de los cielos se abrieron a Jesús, y el Señor le enseñará a él cara a cara.” José Smith continuó diciendo que esta era la condición de una serie de antiguos santos, como Isaías, Ezequiel, Juan el Revelador, Pablo, y “todos los santos que estuvieron en comunion con la asamblea general y la Iglesia del Primogénito” (Véase Enseñanzas del Profeta José Smith, págs. 177-179.)

La seguridad de ser aceptado por el Señor también fue conocida para muchos de los nefitas: Enós (véase Enós 1:27), Alma padre (véase Mosíah 26:20), los Tres nefitas (véase 3 Ne. 28:4-11 ), y otros (véase 3 Nefi 28: 1-3)

La promesa de convertirse en un miembro de la Iglesia del Primogénito también ha sido dada a los santos de los últimos días (ver DyC 76:50-60). En nuestra dispensación muchos santos han hecho su llamamiento y elección seguros (er por ejemplo DyC 124:19). Entre ellos estuvo William Clayton, a quien el profeta dijo:
Tu vida es oculta con Cristo en Dios, y así con muchos otros. Nada excepto el pecado imperdonable puede impedirte heredar la vida eterna porque has sido sellado por el poder del Sacerdocio a la vida eterna, habiendo dado los pasos necesarios para tal proposito” (History of the Church 5:391).
A José Smith mismo el Señor le dijo que había sido sellado para la exaltación y que el Señor había preparado un trono para él en “el reino de mi Padre, con Abraham, tu padre” (DyC 132:49).

El presidente Marion G. Romney, como miembro del Consejo de los Doce, amonestó a los santos en la conferencia general a hacer su vocación y elección seguras y dijo:
“La plenitud de la vida eterna no es controlable en la mortalidad, pero la paz que es su precursora y que viene como resultado de hacer un llamamiento y elección seguras es alcanzable en esta vida.  El Señor ha prometido que ‘… el que hace las obras de la justicia recibirá su recompensa, incluso la paz en este mundo, y la vida eterna en el mundo por venir. “(D & C 59:23).
Creo que la paz a la que acá se refiere está implícita en la declaración del Profeta “Voy como cordero al matadero, pero voy tranquilo como una mañana de verano. Tengo la conciencia limpia de ofensas a Dios o a los hombres” (DHC6:555)
También pienso que está implicita en la declaración del apóstol Alonzo A. Hinckley (tío de GBH) quien escribió una carta a la Primera Presidencia después de haber sido informado por sus medicos de que su enfermedad podría ser mortal: “Quiero asegurarles que no estoy profundamente perturbado por estos resultados finales.  Estoy reconciliado y en sus manos para lo que mi Padre tenga para mí, sea esta vida o muerte… En cuanto al futuro, no tengo dudas. Es su invitación y es gloriosa, y tengo la clara sensación de lo que significa ser salvo por la sangre redentora de Jesucristo y ser exaltado por su poder y estar con Él nuevamente”(The Deseret News Church Section, March 27, 1949, p. 24.)” (Conference Report, October 1965, p. 20.)
En vista de que el llamamiento y elección hechos seguros es la más grande de todas las bendiciones recibidas en esta tierra, qué otro consejo más importante pueden recibir los santos de los últimos días que el siguiente del profeta José Smith:
“Quisiera, pues, exhortaros a que continuaseis invocando a Dios hasta que hagáis firme vuestra vocación y elección, obteniendo la palabra profética más segura, y esperando pacientemente la promesa hasta que podáis obtenerla…” (Enseñanzas, P.363.)
Ensign Julio 1976, por Roy W. Doxey, dean emeritus of Religious Instruction at Brigham Young University, serves as a Regional Representative of the Council of the Twelve. 
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Dastin Cruz

Soy de Perú y miembro de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Servi como misionero en el estado de Oaxaca, México. En este blog trato de dar a conocer nuestras creencias y la doctrina de la iglesia, a su vez aclararando temas que en ocasiones son malinterpretados. Hoy debido a toda la información que circula en la red es importante estar informado sobre nuestras creencias, doctrinas e historia a fin de explicarlas con mayor claridad. Agradezco en especial por su apoyo al amor de mi vida, Ana Rosa Lopez Cruz

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