La Crítica:

La historia sobre el censo que ordenó Herodes, en la ciudad natal de cada habitante, y que llevó a José y María a Belén, no encuentra respaldo en los documentos romanos. Con esta historia, el autor del evangelio buscaba convencer a los judíos que Jesús era el Mesías, ya que las profecías judías dicen que el Mesías nacería en Belén. Aunque se sabe que hubo un censo ordenado por Quirino en el 6 d.C. dicho censo, como todos los censos romanos, exigía que los habitantes se empadronaran en la comarca donde habitaban, no donde nacieron. Además, tal censo ocurrió demasiado tarde como para estar asociada al nacimiento de Jesús. En este caso, parece que el autor del evangelio anexó de forma descuidada un dato histórico que no podría haberse dado en la época del nacimiento de Jesús.

La Respuesta:


Por Alfred Erdsheim


... No puede imaginarse nada más directamente contrario a los pensamientos y sentimientos judíos que las circunstancias que, según el relato del Evangelio, dieron como resultado el nacimiento del Mesías en Belén, por lo que no hay la menor probabilidad de que se tratara de una patraña judaica. 1 Un censo de la población; y este censo tomado por orden del emperador pagano, y puesto en vigor por alguien tan odiado por todos como Herodes, representaría el punto de vista de todo lo que era repugnante al sentimiento Judío.2
Si el relato de las circunstancias que trajeron a José y a María a Belén no tiene base en los hechos, sino que es una leyenda inventada para localizar el nacimiento del Nazareno en la ciudad real de David, tiene que decirse que fue un plan muy torpe. No hay absolutamente nada para explicar su origen, sea como sucesos paralelos en el pasado o de lo que podía esperarse en el presente. ¿Por qué, pues, relacionar el nacimiento de su Mesías con lo que era más repugnante a Israel, especialmente si, como los abogados de la hipótesis legendaria sostienen, no ocurrió al tiempo en que se tomó algún censo judío, sino diez años antes?

Pero si es imposible racionalmente explicar por medio de un origen legendario el relato del viaje de José y María a Belén, la base histórica que ha servido de impugnación a su exactitud es igualmente insuficiente. Razonan de este modo: que (aparte del relato del Evangelio) no tenemos evidencia sólida de que Cirenio estaba en aquel tiempo ocupando el cargo oficial necesario en el Oriente que le permitiera dar orden de que este empadronamiento fuera realizado por Herodes. Pero incluso esta débil objeción no es en modo alguno inexpugnable históricamente.3

En todo caso, hay dos hechos que hacen muy difícil creer que Lucas incurriera en algún error histórico en este punto. Primero, se daba perfecta cuenta de que hubo un Censo bajo Cirenio, diez años más tarde (comp. Hechos 5:37); segundo, tradúzcase como se quiera Lucas 2:2, por lo menos hay que admitir que la frase intercalada sobre Cirenio no era necesaria para el relato, y que el escritor tiene que haber intentado con ella poner énfasis para precisar un determinado Suceso.4 Pero un autor no es probable que llame la atención especialmente sobre un hecho del cual sólo tiene un conocimiento impreciso; más bien, si tiene que mencionarlo, lo hará en términos indefinidos. Esta presunción en favor de la afirmación de Lucas es reforzada por la consideración de que un suceso como la tributación de Judea podía ser fácilmente averiguado por él.

Sin embargo, no nos quedamos con el razonamiento presuntivo indicado. El hecho de que el emperador Augusto hizo censos del Imperio Romano, y de los territorios sometidos y tributarios, es algo admitido de modo general. Este registro, para el propósito de una tributación futura, tenía que abarcar a Palestina. Aun cuando no hubiera sido dada una orden real en este sentido durante la vida de Herodes, podemos entender que Herodes consideraría muy conveniente, tanto por el tipo de sus relaciones con el emperador, como por tener en cuenta la probable agitación que un censo pagano podría causar en Palestina, el dar pasos para hacer una registración, y que ésta fuera hecha en conformidad con la costumbre judía en vez de la romana. Este censo, pues, dispuesto por Augusto y tomado por Herodes a su manera, fue, según san Lucas, «primero (realmente) llevado a cabo cuando Cirenio era gobernador de Siria», algunos años después de la muerte de Herodes y cuando Judea había pasado a ser una provincia romana.

Ahora estamos preparados para seguir el curso del relato del Evangelio. Como consecuencia del «decreto de César Augusto», Herodes ordenó la registración general que había de ser hecha a modo judaico, en vez de romano. Prácticamente, en este caso, las dos habrían sido realmente muy similares. Según la ley romana, todo el pueblo tenía que ser registrado en su «propia ciudad», significando con ello la ciudad a la cual estaba adherido el pueblo o lugar en que el individuo había nacido. Al hacerla así, se registraba la «casa y linaje» (nomen y cognomen) de cada uno.5

Según el modo judío de registración, el pueblo tenía que ser empadronado según las tribus, familias o clanes y la casa de sus padres. Pero como las diez tribus no habían regresado a Palestina, esto sólo podía tener lugar en forma limitada, en tanto que sería fácil para cada uno registrarse en «su propia ciudad». En el caso de José y María, cuyo linaje de David no sólo era conocido sino que, además, por amor del Mesías no nacido, era muy importante que el hecho quedara anotado de modo muy claro, es natural que, en conformidad con la ley judaica, fueran a Belén. Quizá también, por muchas razones que se sugieren por sí mismas, José y María podían estar contentos de dejar Nazaret y buscar, si fuera posible, un hogar en Belén. En realidad, tan fuerte era este sentimiento, que después se requirió una instrucción especial divina para inducir a José a que saliera de este lugar escogido como residencia y regresara a Galilea (Mateo 2:22). En estas circunstancias, María, ahora la «esposa» de José, aunque manteniendo sólo para él, en los hechos, la relación de «desposada» (Lucas 2:5), acompañaría, naturalmente, a su marido a Belén. Al margen de esto, todo sentimiento y esperanza tiene que haberla inducido a seguir este curso, y no hay necesidad de discutir si un censo romano o judío hacía necesaria su presencia; una pregunta que, si se pone, tiene que contestarse de forma negativa.

Notas:

1. Los abogados de la teoría mítica no han contestado, ni aun hecho frente o comprendido, lo que nos parece ser, en esta hipótesis, una dificultad insuperable. Concediendo que la expectación judaica sugiriera el nacimiento de Jesús en Belén, ¿por qué inventar circunstancias tales para llevar a María a Belén? Keim puede tener razón al decir: {( La creencia en el nacimiento en Belén se originó muy simplemente(Leben Jesu i. 2, p. 393); pero mucho más complicado e inexplicable es el origen de la leyenda que da cuenta del viaje allí de María y José.»
2. Como evidencia de estos sentimientos tenemos el relato de Josefo de las consecuencias de la taxación de Cirenio (Ant. xviii. 1. 1. Comp. Hechos 5:37).
3. Los argumentos sobre lo que podemos llamar el lado ortodoxo han sido presentados, con frecuencia y bien, últimamente por Wieseler, Huschke, Zumpt y Steinmeyer; y sobre el otro lado, casi ad nauseam, por críticos negativos de toda clase de escuelas, de modo que parece innecesarío repetirlos. El lector hallará todo el tema presentado por el Canon Cook (cuyos puntos de vista adoptamos en lo sustancial), en el «Speaker's Commentary» (N. T. i., pp. 326-329). El razonamiento de Mommsen (Res gestae D. Aug., pp. 175, 176) no me parece afectar el modo de ver adoptado en el texto.
4. Para la explicación textual nos referimos de nuevo al Canon Cook, y sólo quisieramos indicar, con Steinmeyer, que el significado de la expresión xxxxxxx, en Lucas 2:2 es determinado por el uso similar del mismo en Hechos 11:28, donde lo que Se predice se dice como si ya hubiera tenido lugar (lyiJ'ETO) en el tiempo de Claudio César.
5. Comp. Huschke, Ueber d. z. Zeit d. Geb. J.c. gehalt. Census, pp. 119, 120. Muchos críticos han escrito de modo confuso sobre este punto.
Axact

Dastin Cruz

Soy de Perú y miembro de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Servi como misionero en el estado de Oaxaca, México. En este blog trato de dar a conocer nuestras creencias y la doctrina de la iglesia, a su vez aclararando temas que en ocasiones son malinterpretados. Hoy debido a toda la información que circula en la red es importante estar informado sobre nuestras creencias, doctrinas e historia a fin de explicarlas con mayor claridad. Agradezco en especial por su apoyo al amor de mi vida, Ana Rosa Lopez Cruz

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