Por Cindia Escalante Mattsson

Filóloga de la Universidad de Gotemburgo

Muchos son los estudios que se han realizado sobre El Libro de Mormón, sacado a la luz por José Smith en el siglo XIX. Estos estudios intentan o bien corroborar la posible autenticidad del libro, es decir, que se trate verdaderamente de una recopilación de escritos de autores hebreos del año 600 A.C. que Smith tradujo de planchas de oro, o bien detractar su posible veracidad y demostrar que José Smith inventó el libro.

En 1950 Hugh Nibley publicó Lehi in the desert [Lehi en el Desierto], un estudio analítico de las características de la expedición de Lehi y sus hijos desde Jerusalén, que es también el punto de partida del libro de Mormón, en el año en que Nabucodonosor invadiría la capital judía. Nibley hizo, entre otros, un estudio de los orígenes de los nombres extraños o inusuales de El Libro de Mormón. Tema que trataremos en este artículo.

La Critica:

Algunos críticos han afirmado que Smith pudo haber copiado los nombres que aparecen en El Libro de Mormón de la Biblia. En ese caso, no sería peculiar que existiese una gran cantidad de nombres hebreos y griegos en El Libro de Mormón. Si, por el contrario, los inventó, deberían ser nombres totalmente desconocidos. Coincidimos con Nibley en que si el libro es auténtico sus nombres también deberían reflejar las carasterísticas del pueblo israelita del 600 A.C. con influencias egipcias y retazos culturales árabes y babilonios.
El profesor Hugh Nibley



Nombres Hebreos y Egipcios

La crítica ha sostenido que El Libro de Mormón estaba escrito en hebreo con caracteres egipcios. Sin embargo, Moroni (Mormón 9:32-34) observa que los nefitas habían alterado su egipcio escrito según su forma de hablar y que el hebreo había sido también alterado:

Hemos escrito estos anales según nuestro conocimiento, en los caracteres que entre nosotros se llaman egipcio reformado; y los hemos transmitido y alterado conforme a nuestra manera de hablar. Y si nuestras planchas hubiesen sido suficientemente amplias, habríamos escrito en hebreo; pero también hemos alterado el hebreo.

Como consecuencia, ningún otro pueblo conocía su idioma. No era ni egipcio ni hebreo. Moroni afirma que en caso de haber usado hebreo antiguo, que no es hablado por su pueblo, no hubiese habido imperfección en sus anales (Mormón 9:33) pero escribe "en los caracteres que entre nosotros se llaman egipcio reformado”. Simplemente porque tomaba menos espacio al escribir. El egipcio se podía ecribir en menos espacio que el hebreo y, como además era la segunda lengua de Lehi -judío adinerado y orgulloso de su educación egipcia- no es de extrañar que Lehi no sólo escribiera y hablara egipcio sino que insitiera en que sus hijos hablasen también esta lengua. Sin embargo, la lengua de sus descendientes no sería ni hebreo ni egipcio sino una mezcla de los dos, siendo las dos lenguas corrompidas en el proceso hasta el punto de que ningún otro pueblo la conocía. Siendo así, los nombres hebreos y egipcios en El Libro de Mormón deberían componer a partes iguales la mayoría de los nombres del libro (además, encontraríamos elementos hititas, árabes y jónicos). Al menos, es lo que lo que deberíamos esperar encontrar según la información que recibimos de uno de los escritores, Moroni, cuando afirma que las dos lenguas se usaban igualmente entre ellos. Así pues, los nombres de los personajes de El Libro de Mormón deberían reflejar esta procedencia egipcia.

Lo extraño y la cuestión es cómo pudo Smith, un campesino sin estudios, tener conocimiento de estos nombres, ya que, sorprendentemente y, de hecho, coinciden con nombres egipcios.

He aquí algunos ejemplos :

Aha: nombre del primer Faraón y que significa "guerrero”.

Aminadab: jefe de una ciudad cananea bajo domino egipcio.

Ammón: el dios universal del imperio.

Giddonah: el nombre egipcio de Sidón

Hem: hermano de Ammón

Helamán: "en presencia de Ammón"

Korihor: sumo sacerdote de Ammón en Tebas, hacia el 1085 A.C.

Mantí: príncipe del Alto Imperio hacia el 650 A.C.

Paanchi: gobernador del sur de Egipto

Sam: título egipcio que significaba "unificador de la tierra”

Zenoc: nombre propio egipcio, antiguo dios serpiente. (Nibley,1950)




Paiankh, hijo de Kherihor y Sumo Sacerdote Jefe de Ammón. Este nombre, en su forma ”Paankhi”, era el de dos gobernadores del sur, en el primero y quinto reinados de la Dinastía XXV. Es absolutamente idéntico al Paanchi de Helamán 13

(Hugh NIBLEY, 1950)


La forma egipcia del nombre "Sidón” se pronuncia aproximadamente Djidonah (la ”d” muy fuerte), sugiriendo el nombre propio del Libro de Mormón ”Giddona”. La forma hebrea es muy común en el Libro (Max BURCHARDT, ”Altkanaanaischen Fremdworte”)

El título completo de Kherihor antes de ser rey en Tebas. En el Libro de Mormón (Alma 30), Korihor es enviado por Ammón, cuyo oficio de Sumo Sacerdote sobre el pueblo de Ammón tenía importantes funciones judiciales y políticas, para comparecer ante ”el sumo sacerdote y juez superior de la tierra”. Justamente esa autoridad combinada era ostentada por Kherihor en Egipto como Servidor Jefe (Hem) de Ammón. El Ammón del Libro de Mormón tenía un hermano llamado Hem.



Nombres Acabados en–íah

Como hemos indicado anteriormente, Smith tenía acceso al Antiguo Testamento y obviamente, los nombres hebreos de la Biblia podrían haber sido plagiados en el Libro de Mormón. Sin embargo, la abundancia de nombres propios acabados en -íah que el Libro de Mormón contiene, Moroníah, Nefíah, Zemnaríah, por ejemplo, no pudo ser deducida por José Smith de la Biblia. Las llamadas Cartas de Laquis, investigadas mucho después de su muerte (Torczyner 1938), revelan una especie de moda en poner nombres acabados en -íah entre los hebreos del tiempo de Lehi, en el año 600 A.C. Smith podía haber insertado en su libro, sin levantar sospecha alguna, nombres hebreos más comunes como, por ejemplo: Herzron, Menahem, Efer, Ezer, Lecah, Amnon, etc. (Nibley 1950). Curiosamente, el Libro de Mormón menciona el tipo correcto de nombres hebreos, a saber, los que eran modernos en aquella época.

Dos Nombres Griegos

Al haberse escrito el Nuevo Testamento en griego podría Smith también haber plagiado los nombres griegos de esta parte de la Biblia. Sin embargo, los únicos nombres griegos que aparecen en el Libro de Mormón son Timoteo y Laconeo. Timoteo es un nombre jonio, y los griegos de la Palestina del 600 A.C. eran justamente jonios (el nombre hebreo para los griegos entonces era “hijos de Javanim”). Laconeo significa simplemente “procedente de Laconia”, y los laconios, que tenían colonias en Chipre, llevaban comerciando con los hebreos desde mucho antes de los tiempos de Lehi. Los contactos entre Palestina y el Egeo se iniciaron en el 1300 A.C., y proliferaban los mercenarios y los mercaderes griegos en Egipto desde el año 650 A.C. Justamente los mercernarios egipcios eran griegos (Nibley, 1950). Consecuentemente, el pueblo de Lehi no pudo evitar tener contactos con estos pueblos. Sobre todo, teniendo en cuenta que Lehi estaba educado según la cultura y tradición egipcia.

Debemos destacar que en El Libro de Mormón, todo lo que concierne a Egipto es estrictamente cultural. No se hace referencia ninguna del Faraón o del gobierno egipcio. Sólo de la cultura egipcia y especialmente de la lengua. Lehi, uno de los personajes principales de El Libro de Mormón, es un judío egiptófilo como debían de existir muchos en la época. El interrogante es cómo pudo José Smith, sin conocimientos de la cultura egipcia, inventar un personaje cuya educación y lenguas coincide precisamente con algo de lo que se tienen pruebas gracias a estudios realizados posteriormente a la publicación de su libro.

Ausencia de Nombres acabados en - bell o –ball

Como Nibley indica, no encontramos nombres en El Libro de Mormón con la partícula –baal, cuya transcripción biblíca es –bel. Existen nombres como Isaías, Benjamín, Aarón, Jacob, Ismael, etc., que también existen en la Biblia. Sin embargo, no existen nombres como Belsasar, Jezabel, Zorobabel, Asbel, Bela, Es-baal, Merib-baal, etc. (NIBLEY, 1950). Nombres que son biblícos de personajes hebreos. Para José Smith hubiese sido fácil, en caso de plagio, tomar alguno de estos nombres terminados en -bel. Sin embargo, no aparecen por ninguna parte de El Libro de Mormón. Curiosamente, en estudios posteriores a la publicación de dicho libro, se ha esclarecido el sentido del versículo 17 de Oseas 2, en el año 700 A. C., en el que el profeta Oseas había prohibido la continuación de los nombres con la partícula –baal (Oseas 2: 17). Además en el Papiro Elefantino, del 650 A. C. (OFFORD, 1917), podemos encontrar unos 400 nombres propios y ninguno con la partícula –bel. Estos documentos eran totalmente desconocidos por Smith y aún así, en El Libro de Mormón se cumple esta ley, una prohibición que data del siglo VII A. C.

La Pronunciación de los Nombres

Un dato que Nibley destaca y que no deberíamos pasar por alto y que tiene mucha importancia a la hora de utilizar los nombres de El libro de Mormón con miras filológicas es la forma en la que están escritos. José Smith tradujo el libro de planchas de oro y lo redactó a su escribiente, Oliverio Cowdery. ¿Cómo pudo José Smith saber cómo se pronunciaban estos nombres? Y si es que su escribiente los oyó, ¿cómo pudo saber transcribirlos fonéticamente? Debemos recordar que los nombres no fueron traducidos al inglés, como el resto del libro, sino que se mantuvieron como partes auténticas y originales en lengua nefita. De acuerdo con los registros que se conservan de entrevistas con personas allegadas a José Smith y Oliverio Cowdery, Smith nunca pronunció los nombres durante la traducción del libro ni Cowdery tuvo nunca que adivinar cómo se escribían. Los nombres fueron siempre deletreados por José Smith. Es por esta razón que no fueron alterados en la traducción.

Figuras Poéticas y Expresiones Arábicas

No podemos dejar de considerar en esta reseña la existencia de figuras poéticas arábicas en El Libro de Mormón, figuras que no están en la Biblia, y que se explican por la proximidad cultural del grupo de Lehi con los árabes del desierto. La expresión “vapor de tinieblas”, que describe un fenómeno del desierto (1 Nefi 8:23), aparece en uno de los tempranos poetas árabes del desierto, al-Ajajj (AHLWARDT 1903), así como “un campo grande y espacioso, a semejanza de un mundo”, presente en la poesía árabe como maydân, que significa justamente “el mundo como campo grande y espacioso”; o la expresión “río de aguas”, que sólo emplearía un hombre del desierto, o la “fuente de aguas sucias”, que tiene su equivalente en el sayl árabe. Aparte hay otras figuras más sutiles, pero demasiado semejantes para ser consideradas casuales a la ligera: el vocativo “mormónico” “Oh, que tú...”, traduccíon literal del típico vocativo árabe Yâ laytaka; el juramento “Como vive el Señor...”, equivalente al juramento árabe wa hayat Allah, etc. etc.

No sólo nombres de personas, sino los nombres de lugares designados por la expedición de Lehi y sus descendientes presentan una exactitud etimológica difícil de inventar: Irreántum, que el mismo Libro de Mormón dice que significa “muchas aguas” (1 Nefi 17:5), es, en egipcio y en copto, justamente eso, “gran lugar que contiene agua” (SPIEGELBERG); Shazer, donde se muda el grupo de Lehi (1 Nefi 16:13-14), es una palabra común entre los árabes palestinos, que transcribiríamos como shajer, y que los árabes egipcios pronuncian shazher, lo cual significa “arboleda” (CONDER, 1876); Nahom, donde es enterrado Ismael (1 Nefi 16:34), presenta la raíz árabe NHM, con el significado básico de “suspirar, lamentarse”, cuando, casualmente, las hijas de Ismael “se lamentaron sobremanera a causa de la muerte de su padre” (1 Nefi 16:35; JAUSSEN, 1901).

El Soporte: Planchas de Oro

Por último, José Smith indicó que El Libro de Mormón estaba originalmente escrito en planchas de oro. Si hubiese sido una invención suya, podía haber fácilmente afirmado que el libro había sido traducido de papiros egipcios, de tablillas de madera (como en algunos registros romanos) o de tablillas de arcilla, que eran los métodos de transcripción antigua más conocidos en aquella época. No obstante, Smith siempre sostuvo que los anales estaban escritos en planchas de oro. Aun habiendo testimonios escritos por testigos que afirmaban haber visto las susodichas planchas, la crítica se mostró escéptica a creer que planchas de ese tipo se hubiesen utilizado alguna vez para conservar y escribir registros. No fue hasta el siglo XX que se hicieron descubrimientos arqueológicos revolucionarios que apoyarían las afirmaciones de José Smith sobre las planchas de oro. Más de un siglo después de la publicación de El Libro de Mormón, publicado en el año 1830, se desterraron, entre otras, planchas de cobre hebreas del siglo XII A.C., planchas de oro con el registro real de Darío, planchas de bronce con textos en egipcio reformado en Byblos, planchas de metal con la Crónica Demótica de Egipto, sarcófagos con tablas de oro escritas en una lengua desconocida, etc. (ALBRIGTH 1939).

Como conclusión, apoyamos la parte de la crítica que sostiene que José Smith no pudo ni plagiar ni copiar los nombres de El Libro de Mormón . No existe la posibilidad de que, como hemos mencionado anteriormente, este joven sin estudios ni conocimientos de lenguas antiguas ni arqueología, pudiese haber inventado o plagiado estos nombres inusuales. Tampoco consideramos creíble que los hubiese podido escribir casualmente, por cuanto justamente estos nombres poco comunes siguen las leyes y modas que datan de muchos siglos A.C., conocimientos que no estaban ni al alcance de Smith ni de ninguna persona contemporánea a él, ya que se descubrieron gracias a estudios realizado muchos años después.

Bibliografía:
· W. AHLWARDT, Sammlungen alter arabischer Dichter. Berlín, Reuther & Reichard, 1903
· William ALBRIGHT, “A Hebrew Letter of the Twelfth Century”, Bulletin of the American Schools of Oriental Research, febrero 1939.
· Claude R. CONDER, “Notes on the Language of the Native Peasantry in Palestine”, Palestine Exploration Fund Quaterly, 1876
· Antonin JAUSSEN, “Chronique”, Revue Biblique 10, 1901:607
· Joseph OFFORD, “Further Illustrations of the Elephantine Aramaic Jewish Papyri”, Palestine Exploration Fund Quaterly, 1917.
· Hugh NIBLEY, Lehi in the desert, 1950.
· Hugh NIBLEY, Collected Works, Vol.5.
· Wilhelm SPIEGELBERG, Koptisches Handwörterbuch, 204, 258.
· Harry TORCZYNER, The Lachish Letters. Londres, Oxford University Press, 1938.

Fuente: www.evidencias-ellibrodemormon.blogspot.comAqui parte del Libro Hugh Nibley
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Dastin Cruz

Soy de Perú y miembro de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Servi como misionero en el estado de Oaxaca, México. En este blog trato de dar a conocer nuestras creencias y la doctrina de la iglesia, a su vez aclararando temas que en ocasiones son malinterpretados. Hoy debido a toda la información que circula en la red es importante estar informado sobre nuestras creencias, doctrinas e historia a fin de explicarlas con mayor claridad. Agradezco en especial por su apoyo al amor de mi vida, Ana Rosa Lopez Cruz

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