Crítica No Mormona:

En Ezequiel 37:17, donde el Señor habla de jutar el palo de Judá (sur) con el de Israel (norte). Los mormones dicen que es una clara profecía de que la Biblia iba a ser unida con el Libro de Mormón a los efectos de compactar la revelación de Dios. Por supuesto que ignoran el contexto totalmente. La Biblia no habla de dos libros sino dos reinos. Los palos son usados metafóricamente para representar la nación de Israel unida en una, no dos como hasta entonces. El contexto mismo da la interpretación de lo que representan los dos palos, y es claro que no tiene nada que ver con el Libro de Mormón.

Respuesta SUD:


Examinando el contenido del Libro de Mormón

Por Michael S. Chanddler

Ezequiel 37:16-23

La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días (restaurada por José Smith en 1830) ha afirmado, desde su origen, que Ezequiel 37:16-23 es una profecía sobre el Libro de Mormón. Esta afirmación se basa en la información contenida en el mismo Libro de Mormón. A continuación examinaremos la profecía misma, tal como se halla en la Santa Biblia, y luego veremos lo que dice el Libro de Mormón al respecto:

“Y tú, hijo de hombre, toma ahora un palo y escribe en él: Para Judá, y para los hijos de Israel, sus compañeros. Toma después otro palo y escribe en él: Para José, palo de Efraín, y para toda la casa de Israel, sus compañeros. Júntalos luego el uno con el otro, para que sean uno solo, y serán uno solo en tu mano. Y cuando te hablen los hijos de tu pueblo, diciendo: ¿No nos explicarás qué quieres decir con eso? Diles: Así ha dicho Jehová el Señor: He aquí, yo tomo el palo de José que está en la mano de Efraín, y a las tribus de Israel, sus compañeros, y los pondré con él, con el palo de Judá, y los haré un solo palo, y serán uno en mi mano. Y los palos sobre los que escribas estarán en tu mano delante de sus ojos; y les dirás: Así ha dicho Jehová el Señor: He aquí, yo tomo a los hijos de Israel de entre las naciones a las cuales fueron, y los recogeré de todas partes y los traeré a su propia tierra. Y haré de ellos una sola nación en la tierra, en los montes de Israel; y un mismo rey será el rey de todos ellos; y nunca más serán dos naciones, ni nunca más estarán divididos en dos reinos. Y no se contaminarán ya más con sus ídolos, ni con sus abominaciones ni con todas sus transgresiones; y los salvaré de todos los lugares en los cuales han pecado, y los purificaré; y serán mi pueblo, y yo seré su Dios”. (Ezequiel 37:16-23).

El mensaje y el tema de Ezequiel 37 es el gran recogimiento final del pueblo del Señor en una nación santa, unidos para siempre bajo el cetro del rey legítimo, el Cristo, con el santuario del Señor para siempre en su seno (v. 21 -28). En la primera mitad del capítulo, los huesos secos representan a Israel que nunca ha perdido la esperanza de convertirse de nuevo en una nación. El libro "Interpreter's Bible" señala que "... nada se opone a nuestra manera de pensar en este valle de huesos secos como un verdadero campo de batalla. En este mismo lugar ineficaz resistencia se ha ofrecido al invasor y las esperanzas de las naciones se han desvanecido."(Vol. 6, p. 267).

Curiosamente, también se observa que los huesos son realmente el alma de Israel. Los huesos están secos y no son fuertes, por lo tanto, la nación - y el alma - de Israel están muertas. Así mismo, en la obra "Wycliffe Bible Commentary”, se señala que estos huesos son toda la casa de Israel (Israel y Judá), cuyos sobrevivientes dicen “nuestra esperanza se ha perdido” (p. 754).


El profesor Driver observa correctamente que Dios puede restaurar a la nación muerta a la vida y plantarla de nuevo en su antigua casa. Y de hecho señala que la unificación de los palos (versos 20-22) representa la reunificación de la nación como parte necesaria del mensaje de Ezequiel en este capítulo. (S.R. Driver, "Einleitung in die Litteratur des Alten Testaments, trs. Rothstein” [Berlin, 1896, p. 311]).

El Rabino Fisch confirma esta interpretación básica: "La predicción de la resurrección nacional, simbolizado en la visión de los huesos secos, es seguida por la acción simbólica de la reunión de los dos reinos para indicar que la unidad es un factor esencial en la preservación de la vida de la nación.” (Fisch - "Ezequiel", p. 249, citado por Nibley" Ibíd ").

Esta reunión de la nación israelita dispersa por el mundo es precedida por una ceremonia; la unión de dos “palos”. La lectura rápida de estos versículos hace que el estudiante común de la Biblia relacione estos "palos" con “cetros reales”. Siguiendo esta línea de interpretación, algunos ven cierta relación entre estos “palos” y la “vara de Aarón”. Esta percepción se ve reforzada por el relato contenido en el capítulo 17 de Números, veamos:

“Y habló Jehová a Moisés, diciendo: Habla a los hijos de Israel y toma de ellos una vara por cada casa paterna, de todos los príncipes de ellos, doce varas conforme a las casas paternas; y escribirás el nombre de cada uno sobre su vara. Y escribirás el nombre de Aarón sobre la vara de Leví, porque cada jefe de familia paterna tendrá una vara. Y las pondrás en el tabernáculo de reunión delante del testimonio, donde yo me reuniré con vosotros. Y acontecerá que la vara del hombre que yo escoja florecerá; y haré cesar delante de mí las quejas de los hijos de Israel con que murmuran contra vosotros”. (Números 17:1-5).

Es claro que existen numerosos puntos en común entre este pasaje y Ezequiel 37:16-23. Las frases “toma de ellos una vara de cada uno” y “escribirás el nombre de cada uno en su vara” de Números no dejan de tener una gran similitud con las de Ezequiel: “Toma ahora un palo y escribe en él para Judá”. No obstante, existen dos elementos claves que impiden considerar absolutamente análogos estos dos pasajes (Ezequiel 37:16-23 y Números 17:1-5). La primera de ellas es la distancia en el tiempo de estas dos frases (aproximadamente 1000 años). Las frases similares más próximas al tiempo de Ezequiel (que se hallan en la Biblia) no se refieren a “varas” o “cetros” sino a “registros”, veamos:

”Y aconteció en el cuarto año de Joacim hijo de Josías, rey de Judá, que vino esta palabra a Jeremías de parte de Jehová, diciendo: Toma un rollo en blanco y escribe en él todas las palabras que te he hablado contra Israel, y contra Judá y contra todas las naciones, desde el día en que comencé a hablarte, desde los días de Josías hasta el día de hoy”. (Jeremías 36:1-2)

Puesto que Jeremías es muchísimo más cercano a Ezequiel que Moisés, Esta es la referencia que más se debería tomar en cuenta al momento de hacer el análisis de la profecía de Ezequiel. Esta premisa se ve reforzada por el hecho de que, en la tradición judía, Jeremías era el padre de Ezequiel. Por lo tanto, es más que probable que Ezequiel haya adoptado y usado el estilo de su padre (Jeremías) en sus escritos. Por lo cual, resulta de suma importancia el comprobar que Jeremías se refiere a un “registro” o “libro” y no a una “vara” o “cetro”:

“Vuelve a tomar otro rollo y escribe en él todas las palabras primeras que estaban en el primer rollo que quemó Joacim, rey de Judá. Y dirás a Joacim, rey de Judá: Así ha dicho Jehová: Tú quemaste este rollo, diciendo: ¿Por qué escribiste en él, diciendo: De cierto vendrá el rey de Babilonia, y destruirá esta tierra y hará que no queden en ella ni hombres ni animales? Por tanto, así ha dicho Jehová acerca de Joacim, rey de Judá: No tendrá quien se siente sobre el trono de David, y su cadáver será echado al calor del día y a la escarcha de la noche. Y lo castigaré a él, y a su descendencia y a sus siervos por su iniquidad; y traeré sobre ellos, y sobre los moradores de Jerusalén y sobre los varones de Judá todo el mal que les he anunciado y que no quisieron escuchar. Y tomó Jeremías otro rollo y lo dio a Baruc hijo de Nerías, el escriba; y escribió en él de boca de Jeremías todas las palabras del libro que quemó en el fuego Joacim, rey de Judá; y aun fueron añadidas sobre ellas muchas otras palabras semejantes”. (Jeremías 36:28-32)

Los rollos de libro (que menciona Jeremías) se escribían en pieles de animales tratadas. Esta técnica se desarrolló en la ciudad de Pérgamo (de allí el nombre pergamino). Sobre la piel del animal, ya tratada, se escribía con tinta. Veamos como Baruc, escriba de Jeremías, explica el proceso de escribir en un rollo de libro:

“Y preguntaron a Baruc, diciendo: Cuéntanos ahora cómo escribiste de boca de Jeremías todas estas palabras. Y Baruc les dijo: Él me dictaba de su boca todas estas palabras, y yo escribía con tinta en el libro”. (Jeremías 36:17-18).

Un examen minucioso de la profecía de Ezequiel revela detallas que al principio no resultan muy claros. Por ejemplo, El señor le dice a Ezequiel: "escribe en él para Judá” y no “escribe en él el nombre Judá”. Este simple hecho desecha la posibilidad de analogía con Números 17:1-5, pues claramente se ve que no se trata de “grabar una palabra en un cetro que luego se guardaría en una caja” sino de “escribir algo dirigido a un pueblo".

Además de lo anterior, la profecía de Ezequiel es precisamente eso: "una profecía". Es decir, lo que se le dice a Ezequiel no se va a realizar en su época sino en una época posterior. Los casos de Números 17:1-5 y de Jeremías 36:1-2 son muy distintos, pues en ellos las instrucciones del Señor se cumplirían rápidamente y de manera bastante literal. Moisés cogió una vara y escribió un nombre en ella y luego la colocó en el tabernáculo de reunión. En el caso de Ezequiel, sin embargo, se expresan cosas que no podían cumplirse en ese momento. De hecho, la profecía de Ezequiel es de tan largo alcance que sólo terminará de cumplirse cuando el Señor venga y reine personalmente sobre la tierra, veamos:

“Y tú, hijo de hombre, toma ahora un palo y escribe en él: Para Judá, y para los hijos de Israel, sus compañeros. Toma después otro palo y escribe en él: Para José, palo de Efraín, y para toda la casa de Israel, sus compañeros. Júntalos luego el uno con el otro, para que sean uno solo, y serán uno solo en tu mano. Y cuando te hablen los hijos de tu pueblo, diciendo: ¿No nos explicarás qué quieres decir con eso? Diles: Así ha dicho Jehová el Señor: He aquí, yo tomo el palo de José que está en la mano de Efraín, y a las tribus de Israel, sus compañeros, y los pondré con él, con el palo de Judá, y los haré un solo palo, y serán uno en mi mano. Y los palos sobre los que escribas estarán en tu mano delante de sus ojos; y les dirás: Así ha dicho Jehová el Señor: He aquí, yo tomo a los hijos de Israel de entre las naciones a las cuales fueron, y los recogeré de todas partes y los traeré a su propia tierra. Y haré de ellos una sola nación en la tierra, en los montes de Israel; y un mismo rey será el rey de todos ellos; y nunca más serán dos naciones, ni nunca más estarán divididos en dos reinos. Y no se contaminarán ya más con sus ídolos, ni con sus abominaciones ni con todas sus transgresiones; y los salvaré de todos los lugares en los cuales han pecado, y los purificaré; y serán mi pueblo, y yo seré su Dios. Y mi siervo David será rey sobre ellos, y para todos ellos habrá un solo pastor; y andarán en mis juicios, y guardarán mis estatutos y los pondrán por obra. Y habitarán en la tierra que di a mi siervo Jacob, en la cual habitaron vuestros padres; en ella habitarán ellos, y sus hijos y los hijos de sus hijos para siempre; y mi siervo David será su príncipe para siempre. Y haré con ellos un convenio de paz; será un convenio sempiterno con ellos; y los estableceré y los multiplicaré, y pondré mi santuario entre ellos para siempre. Y estará en medio de ellos mi tabernáculo; yo seré su Dios, y ellos serán mi pueblo. Y sabrán las naciones que yo, Jehová, santifico a Israel, cuando esté mi santuario en medio de ellos para siempre”. (Ezequiel 37:16-28).

En el tiempo de Ezequiel sólo quedaba en pie uno de los dos reinos en que se había dividido Israel luego de la muerte de Salomón. Las diez tribus del reino del Norte habían sido llevadas cautivas por Salmanzar rey de Asiria y se habían perdido para siempre. Este hecho le da a la profecía de Ezequiel un carácter evidentemente simbólico, Pues no había manera de “tomar el palo de José que estaba en las manos de Efraín” y mucho menos que los pusiera “delante de sus ojos”.

Además la mención de que el Señor reuniría a los esparcidos de Israel de entre las naciones no podía referirse al retorno de Babilonia, el cual se produjo 70 años después de la toma de Jerusalén por Nabucodonosor, puesto que el Señor claramente dice: “los juntaré de todas partes, y los traeré á su tierra: y los haré una nación en la tierra, en los montes de Israel; y un rey será á todos ellos por rey: y NUNCA MÁS SERÁN DOS NACIONES, ni nunca más serán divididos en dos reinos".

Es cierto que los judíos volvieron, pero fueron dispersados nuevamente en el año 70 d.C. Además, nada se ha vuelto a saber de las 10 tribus perdidas. Por lo tanto, ni siquiera hoy que los judíos han regresado a su tierra otra vez (Israel declaró su independencia en 1948) se puede decir que se han unido las dos naciones. Sólo los judíos se han congregado en Jerusalén, nada de José y nada de Efraín tiene relación con la historia reciente del estado hebreo.


Finalmente el Señor dice: “y mi siervo David les será príncipe para siempre. y concertaré con ellos pacto de paz, perpetuo pacto será con ellos: y los asentaré, y los multiplicaré, y pondré mi santuario entre ellos para siempre. Y estará en ellos mi tabernáculo, y seré á ellos por Dios, y ellos me serán por pueblo. Y sabrán las gentes que yo Jehová santifico a Israel, estando mi santuario entre ellos para siempre”. Es evidente que el “siervo David”, a quien hace referencia esta profecía, no es otro que Jesucristo, el salvador, que era del linaje de David. Sin embargo, la condición descrita en la profecía (es decir, el hecho de que Cristo sea el rey perpetuo de las dos naciones reunidas) no se dará sino hasta después de la segunda venida. Por lo tanto, en estos pasajes el señor le revela a Ezequiel que la reunión de estos dos registros escritos (tanto para los judíos como para los descendientes de José) será el preludio al recogimiento final de la casa de Israel y a la segunda venida del Mesías.

Veamos ahora lo que dice el Libro de Mormón respecto de la profecía de Ezequiel. El comentario más importante respecto de esta profecía se encuentra en el capitulo tres del segundo libro de Nefi. En este capítulo Lehí (el primer profeta del libro de Mormón, que salió de Jerusalén con su familia 600 a.C.) se dirige a su hijo menor, José, y le menciona una profecía de José (el hijo de Jacob) que ya no se encuentra en nuestra Biblia, veamos:

“Y ahora bien, José, mi último hijo, a quien he traído del desierto de mis aflicciones, el Señor te bendiga para siempre, porque tu posteridad no será enteramente destruida. Porque he aquí, tú eres el fruto de mis lomos; y yo soy descendiente de José que fue llevado cautivo a Egipto. Y grandes fueron los convenios que el Señor hizo con José. Por lo tanto, José realmente vio nuestro día. Y recibió del Señor la promesa de que del fruto de sus lomos el Señor Dios levantaría una rama justa a la casa de Israel; no el Mesías, sino una rama que iba a ser desgajada, mas no obstante, sería recordada en los convenios del Señor de que el Mesías sería manifestado a ellos en los últimos días, con el espíritu de poder, para sacarlos de las tinieblas a la luz; sí, de la obscuridad oculta y del cautiverio a la libertad. Porque José en verdad testificó diciendo: El Señor mi Dios levantará a un vidente, el cual será un vidente escogido para los del fruto de mis lomos. Sí, José verdaderamente dijo: Así me dice el Señor: Levantaré a un vidente escogido del fruto de tus lomos, y será altamente estimado entre los de tu simiente. Y a él daré el mandamiento de que efectúe una obra para el fruto de tus lomos, sus hermanos, la cual será de mucho valor para ellos, aun para llevarlos al conocimiento de los convenios que yo he hecho con tus padres. Y le daré el mandamiento de que no haga ninguna otra obra, sino la que yo le mande. Y lo haré grande a mis ojos, porque ejecutará mi obra. Y será grande como Moisés, de quien dije que os lo levantaría para librar a mi pueblo, ¡oh casa de Israel! Y levantaré a Moisés para librar a tu pueblo de la tierra de Egipto. Pero del fruto de tus lomos levantaré a un vidente, y a él daré poder para llevar mi palabra a los de tu descendencia; y no solamente para llevarles mi palabra, dice el Señor, sino para convencerlos de mi palabra que ya se habrá declarado entre ellos. Por lo tanto, el fruto de tus lomos escribirá, y el fruto de los lomos de Judá escribirá; y lo que escriba el fruto de tus lomos, y también lo que escriba el fruto de los lomos de Judá, crecerán juntamente para confundir las falsas doctrinas, y poner fin a las contenciones, y establecer la paz entre los del fruto de tus lomos, y llevarlos al conocimiento de sus padres en los postreros días, y también al conocimiento de mis convenios, dice el Señor. Y de la debilidad él será hecho fuerte, el día en que mi obra empiece entre todo mi pueblo para restaurarte, oh casa de Israel, dice el Señor. Y así profetizó José, diciendo: He aquí, el Señor bendecirá a ese vidente, y los que traten de destruirlo serán confundidos; porque se cumplirá esta promesa que he recibido del Señor tocante al fruto de mis lomos. He aquí, estoy seguro del cumplimiento de esta promesa; y su nombre será igual que el mío; y será igual que el nombre de su padre. Y será semejante a mí, porque aquello que el Señor lleve a efecto por su mano, por el poder del Señor, guiará a mi pueblo a la salvación. Sí, José así profetizó: Estoy seguro de esto, así como estoy seguro de la promesa de Moisés; porque el Señor me ha dicho: Preservaré a tu descendencia para siempre. Y ha dicho el Señor: Levantaré a un Moisés; y le daré poder en una vara, y le daré prudencia para escribir. Mas no desataré su lengua para que hable mucho, porque no lo haré grande en cuanto a la palabra. Pero le escribiré mi ley, con el dedo de mi propia mano, y prepararé a un portavoz para él. Y también me dijo el Señor: Levantaré a uno para el fruto de tus lomos, y prepararé para él un portavoz. Y he aquí, le concederé que escriba la escritura del fruto de tus lomos, para el fruto de tus lomos; y el portavoz de tus lomos la declarará. Y las palabras que él escriba serán las que yo en mi sabiduría juzgue conveniente que lleguen al fruto de tus lomos; y será como si los del fruto de tus lomos les hubiesen clamado desde el polvo, porque conozco su fe. Y clamarán desde el polvo; sí, el arrepentimiento a sus hermanos, sí, aun después de haber pasado sobre ellos muchas generaciones. Y sucederá que su clamor saldrá, sí, según la sencillez de sus palabras. A causa de su fe sus palabras saldrán de mi boca a sus hermanos, que son el fruto de tus lomos; y la debilidad de sus palabras yo fortaleceré en su fe, a fin de que recuerden mi convenio que hice con tus padres. Y ahora bien, he aquí, mi hijo José, así fue como profetizó mi padre de antaño. Por lo tanto, bendito eres por causa de este convenio; porque tus descendientes no serán destruidos, pues escucharán las palabras del libro. Y se levantará entre ellos uno poderoso que efectuará mucho bien, tanto en palabras como en obras, siendo un instrumento en las manos de Dios, con gran fe, para obrar potentes maravillas y realizar aquello que es grande a la vista de Dios, para efectuar mucha restauración a la casa de Israel y a la posteridad de tus hermanos”. (2 Nefi 3:3-24)

Lo que acabamos de leer es el comentario interpretativo que aparece en el Libro de Mormón respecto de una profecía hecha por José, hijo de Jacob, el mismo que fue vendido a Egipto. Dicha profecía habla acerca de que se escribirían dos registros sagrados: uno de ellos sería una historia de los judíos y el otro sería una historia de los descendientes de José.

Es importante notar que si el libro de Mormón fuese sólo un invento; es decir, la mera creación de un muchacho granjero común y corriente como José Smith, sería realmente digna de elogio. Evidentemente, la capacidad de éste (José Smith) de sacar provecho de una información tan poco clara como la que se encontraba en Ezequiel 37:16-28, es más que admirable. Más aun, si tomamos en cuenta que la interpretación tradicional que se le daba al pasaje en la época de José Smith era de dos simples varas que se unían para simbolizar el recogimiento de la Casa de Israel. La evolución de la interpretación tradicional (que se le daba a este pasaje) a la interpretación moderna compartida por muchos eruditos de nuestros días (incluyendo judíos de gran renombre) se ha desarrollado en épocas recientes gracias, básicamente, a algunos notables descubrimientos en el campo de la arqueología.

Uno de los hechos innegables de la profecía contenida en Ezequiel 37 es el uso de la palabra “etz” que es el término hebreo que se ha traducido como “palo” en la santa Biblia. Esta palabra hebrea puede significar casi cualquier cosa en el Antiguo Testamento. Puede ser traducido como “árbol” si el contexto así lo requiere (por ejemplo, Etz Jaím ["Árbol de Vida”]), o rama, imagen, instrumento musical, marco, ídolo, casa, hacha, arado, etc. Pero la pregunta es: ¿cuál es el sentido que le da Ezequiel? Ezequiel ciertamente no está hablando de un árbol o de un marco, sino de un escrito, mejor dicho de dos registros.

Escritura Cuneiforme Y Tablillas De Madera

La forma más antigua conocida de expresión escrita es la escritura cuneiforme. De ella que se han encontrado innumerables restos arqueológicos. Se cree que fueron los sumerios los que la crearon a finales del cuarto milenio a.C. Este tipo de escritura aparece primero como un sistema de pictogramas. Conforme el tiempo transcurrió, las representaciones pictóricas se simplificaron y se hicieron más abstractas, dando lugar a lo que se conoce como escritura cuneiforme.

Los pictogramas más antiguos que se conocen fueron grabados sobre tablillas de arcilla en columnas verticales, con un punzón o estilo afilado, fabricado a partir de un cáñamo. Poco a poco la gente comenzó a escribir de izquierda a derecha en filas horizontales (rotando en sentido levógiro 90º a todos los pictogramas en el proceso), e hizo su aparición un nuevo estilo de punta de cuña que fue usado introduciéndolo en la arcilla, dando lugar a caracteres en forma de cuña (cuneiformes). Mediante el ajuste de la posición relativa de la tabla frente al estilo, el escriba podía usar una única herramienta para una amplia variedad de signos.

Ahora bien, cuando los estudiosos lograron descifrar los grabados cuneiformes en las tablas de arcilla, descubrieron que en estas había información respecto de otro tipo de materiales en los que también se escribía: pieles de animales tratadas (un tipo primitivo de pergamino) y tablillas de madera. Los arqueólogos ya conocían los primeros, sin embargo, no se sabía nada respecto de las tablillas de madera. ¿Qué eran las tablillas de madera? Los eruditos concordaban en que no podían haberse tratado de simples pedazos de madera a manera de tablas sobre las cuales se habrían escrito usando un punzón. Pues los grabados cuneiformes desaparecerían con el tiempo. Otro tipo de grabados en relieve habría hecho el proceso muy trabajoso y nada práctico.

De esta manera, las tablillas de madera de las cuales se hacía mención en las tablas de arcilla caldeo-asirías se constituiría en uno de los grandes misterios sin resolver de la historia. Esta situación permaneció inalterable hasta mediados del siglo XX. A comienzos de los 50 se llevaron a cabo en el actual Irak algunas excavaciones arqueológicas que aumentaría considerablemente el conocimiento que los estudiosos tenían sobre las tablillas de madera Babilónicas.

El fruto más importante de estas excavaciones fue el descubrimiento de un "libro" hecho de “tablillas de madera”. Max Mallowan, uno de los arqueólogos involucrados en estas excavaciones, señaló que el descubrimiento del "libro más antiguo del mundo" fue un asunto impensado. El equipo de arqueólogos estaba trabajando en un lugar que se encontraba a 75 pies por debajo de la superficie, y el agua se encontraba a la altura de su cintura, cuando descubrió dos juegos de tablillas de madera. En ese momento las paredes del pozo comenzaron a venirse abajo. Mallowan fue sacado del pozo justo cuando este colapsó con un rugido, y por lo tanto, las tablillas y él se salvaron por cuestión de segundos. ("Excavaciones en Nimrud [Kalhu], 1953", "Iraq" XVI [1956], ap. 1, 99).

La pregunta obvia es, ¿en que contribuye esto a aclarar la interpretación de Ezequiel 37:16-28? Aunque es posible que para un seminarista o estudiante de la Biblia este descubrimiento no signifique mucho, sin embargo, para los arqueólogos es de gran importancia porque confirma que los escritos en tablillas de madera era una forma común de llevar registros en la antigua Babilonia (lugar donde Ezequiel escribió sus profecías).

Los dos juegos de tablillas encontrados por el equipo de Max Mallowan no estaban completos. Sin embargo los fragmentos que encontraron eran suficientes para reconstruir lo que originalmente habían sido dos juegos completos de tablillas, uno de marfil y el otro de madera de Nogal, cada uno compuesto por dieciséis tablillas.

La superficie de las tablillas había sido cortada de tal manera que dejaban un reborde de poco más de un centímetro sobresaliendo en todo el perímetro de cada una. La superficie hundida, que quedaba a unos tres milímetros por debajo del reborde, servía de base para una capa de cera, de la cual había todavía adheridos algunos trozos, en tanto que otros se encontraban mezclados con el cieno.

Tablillas de Madera encontradas por Max Mallowan en Irak


Las tablillas que servían como tapas tenían en ambos lados marcas como de bisagras, dando evidencia de que las dieciséis tablillas de cada juego originalmente habían estado unidas como si fuese un biombo. Todo el conjunto suponía un registro tan extenso que Mallowan pudo anunciar su descubrimiento como el ejemplar más antiguo de un libro.

Teniendo presente estos antecedentes, podemos ver como podríamos traducir correctamente los versículos 15 al 17 del capítulo 37 de Ezequiel:

“Y tú, hijo de hombre, toma ahora un palo y escribe en él: Para Judá, y para los hijos de Israel, sus compañeros. Toma después otro palo y escribe en él: Para José, palo de Efraín, y para toda la casa de Israel, sus compañeros. Júntalos luego el uno con el otro, para que sean uno solo, y serán uno solo en tu mano.”

Esta traducción es correcta en lo que respecta al lenguaje y cultura de Ezequiel según la información que conocemos ahora. Esto aplicado a la realidad de nuestros días tendría una interpretación como ésta:

“Y tú, hijo de hombre, toma ahora un palo y escribe en él: Para Judá, y para los hijos de Israel, sus compañeros (la Biblia).. Toma después otro palo y escribe en él: Para José, palo de Efraín, y para toda la casa de Israel, sus compañeros (el Libro de Mormón). Júntalos luego el uno con el otro, para que sean uno solo, y serán uno solo en tu mano.”

Nota: Textualmente el Libro enseña que el simbolismo del Palo de Juda y el Palo de Efrain, son la reunion de los integrantes dispersos de Juda y Efrain. Es claro que los palos son los pueblos. Recordemos que son los pueblos con sus anales: no la gente sin sus anales. El Libro de Mormón no reclama ser el palo de Efrain sino "los anales del palo de Efrain". Una pequeña pero gran diferencia.

"He aquí, así me parece sabio; por tanto, no os maravilléis, porque la hora viene cuando beberé del fruto de la vid con vosotros en la tierra; y con Moroni, a quien he enviado para revelaros el Libro de Mormón, que contiene la plenitud de mi evangelio eterno, y a quien he encomendado las llaves de los anales del palo de Efraín" (DyC 27: 5)

El Señor al rescatar a Lehi un descendiente directo de Jose, rescata a un remanente de Efrain, conservando sus convenios y sacerdocio en ellos (la familia de Lehi). Este remanente semita de Efrain recibe las Americas por heredad y en la historia del Libro de Mormon se relata que generacion tras generacion reciben el mandato de compilar anales de escrituras que testificasen de Cristo para un tiempo muy futuro: nuestro tiempo. Esos anales son los que hoy conocemos como el Libro de Mormon.

Descargar el Libro "El Juicio del Palo de Jose" de Jack H. West

Fuente: www.evidencias-ellibrodemormon.blogspot.com
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Dastin Cruz

Soy de Perú y miembro de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Servi como misionero en el estado de Oaxaca, México. En este blog trato de dar a conocer nuestras creencias y la doctrina de la iglesia, a su vez aclararando temas que en ocasiones son malinterpretados. Hoy debido a toda la información que circula en la red es importante estar informado sobre nuestras creencias, doctrinas e historia a fin de explicarlas con mayor claridad. Agradezco en especial por su apoyo al amor de mi vida, Ana Rosa Lopez Cruz

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1 Comentarios:

  1. 1 Tesalonicenses 5:21. Sin duda en este artículo hay muy buen material. Que Dios te bendiga.

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