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Hace 150 años sucedía uno de los más catastróficos acontecimientos en la historia de la iglesia y de Utah. Un grupo de Santos de los Últimos Días asesinaba a sangre fría a unas 120 personas. Muchas historias se han escuchado al respecto hasta que hace un par de semanas se estrenaba en EEUU una película ( September Down ) narrando esta historia, aunque debo de añadir que algo alejada de la realidad.Es por esto que la Iglesia, después de los comentarios y críticas, han publicado lo que verdaderamente sucedió, demostrando una vez más ser una iglesia de orden e integra al narrar la historia sin la intención, en ningún momento, de disculpar a ninguna de las personas que cometieron las atrocidades ni acontecimientos sucedidos.

La masacre de Mountain Meadows


Por Richard E. Turley Jr.
Director del departamento de la Historia de la iglesia y la Familia.

Ensign, Sep 2007, 14–21

Este mes se celebra el 150 aniversario de un episodio terrible en la historia de la iglesia de Jesucristo de los Santos del Último días. El 11 de septiembre de 1857, unos 50 o 60 hombres de la milicia local del sur de Utah, ayudados por los aliados indios americanos, masacraron a cerca de 120 emigrantes que viajaban en carros a California. El horrible crimen, que no incluye los 17 niños de tan solo seis años o menos que se salvaron, ocurrió en un valle de la montaña llamado Mountain Meadows (los prados de la montaña), aproximadamente a unas 35 millas al sudoeste de la ciudad del Cedar. Las víctimas, la mayor parte de ellas de Arkansas, iban de camino a California con sueños de un futuro brillante. Durante un siglo y medio la masacre de Mountain Meadows ha afectado y apenado a los que han sabido de ella. La tragedia ha afligido profundamente a los parientes de las víctimas, ha sobrecogido a los descendientes de los autores de los crímenes y a los miembros de la iglesia en general con dolor y sentimientos de culpabilidad colectiva. Comentarios de crítica en la iglesia, ha planteado preguntas dolorosas, difíciles. ¿Cómo pudo suceder esto? ¿Cómo pudieron los miembros de la iglesia participar en tal crimen? Dos hechos hacen el caso aún más difícil de entender. Primero, nada que los emigrantes pudieran presumiblemente haber dicho o hecho, aunque todo eso fuera verdad, está cerca de justificar sus muertes. En segundo lugar, la gran mayoría de los autores llevaron vidas decentes, no violentas antes y después de la masacre. Al igual que con cualquier episodio histórico, para comprender los acontecimientos del 11 de septiembre de 1857, se requiere entender las condiciones en aquel tiempo. Esto es sólo un breve resumen el cual se puede compartir en las pocas páginas de este artículo de la revista. Para uno relato documentado, más completo, del acontecimiento, los lectores pueden dirigirse a la próxima edición Massacre at Mountain Meadows.
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Antecedentes históricos

En 1857 un ejército de aproximadamente 1.500 reclutados de Estados Unidos marchaba hacia el territorio de Utah, con expectativas de ser seguidos por más. Sobre los años precedentes, los desacuerdos, la falta de entendimiento, los prejuicios, y el discutir político en ambos lados habían creado una creciente división entre el territorio y el gobierno federal. Retrocediendo en el tiempo es fácil ver que ambos grupos sobreactuaron. El gobierno envió un ejército para eliminar la traición percibida en Utah, y los santos creyeron que venía el ejército para oprimirles, dividirlos, o aún destruirlos.

En 1858 este conflicto, más tarde llamado la guerra de UTA, fue resuelto con una conferencia y una negociación de la paz. Porque los militantes de Utah y las tropas de E.E.U.U. nunca se enfrentaros, la guerra de Utah se han caracterizado como “sin sangre.” Aunque la atrocidad en Mountain Meadow la situó lejos de ser una guerra sin sangre.
Mientras que las tropas hacían su viaje hacían el oeste durante el verano de 1857, también lo hacían miles de emigrantes de todos los estados. Algunos de estos emigrantes eran convertidos Santos de los Últimos días en el camino a Utah, pero la mayoría al final se dirigieron hacia el oeste, hacia California, muchas con grandes manadas de ganado. La temporada de emigración trajo muchas compañías de carro a Utah., mientras que los Santos del los Últimos días se preparaban para lo que creyeron serían una invasión militar hostil. Los Santos ya habían sido echados violentamente de Missouri y de Illinois en las dos décadas anteriores, y temieron que la historia pudiera repetirse.

El presidente de la iglesia y gobernador territorial Brigham Young y sus consejeros planearon algo en caso de que esto pudiera volver a suceder. Mandaron a la gente almacenar su grano y prepararse para depositarlo en las montañas en caso de que necesitaran huir allí cuando llegaron las tropas. Ni un gramo debía ser perdido o ser vendido a los comerciantes o los emigrantes al pasar. La gente debía conservar también su munición y tener sus armas de fuego en perfecto estado, y los militantes del territorio fueron puestos en alerta para defender elterritorio contra las tropas que se acercaban en caso de necesidad.

Estas órdenes e instrucciones se hicieron llegar a todos los líderes en el territorio. Elder George A. Smith del Quórum de los doce Apostes hizo llegar estas instrucciones a la gente del sur de Utah. Él, Brigham Young, y otros líderes advirtieron ardientemente sobre el enemigo, que intuían podría ser el batallón que se acercaba, y buscaron la ayuda de indios para oponerse a las tropas.

Estas guerras políticas aumentaron sobremanera las tensiones y conflictos entre emigrantes con destino a California y colonos Santos de los Últimos Días por el trafico de carros que pasaban por los comercios de Utah. Los emigrantes se frustraron cuando no podían aprovisionar de nuevo en el territorio como esperaban hacer. Lo pasaron mal al no poderse hacer de grano y municiones, y sus manadas, algunas de las cuales eran de más de un centenar de ganado, tuvieron que competir con ganado de colonos locales para conseguir limitada alimentación y agua para el resto del viaje.

Algunas historias tradicionales de Utah sobre lo que ocurrió en Mountain Meadows dicen que el envenenamiento también contribuyó a este conflicto, que los emigrantes de Arkansas envenenaron deliberadamente un manantial de agua con un cadáver de buey cerca de Fillmore, ciudad central de Utah, causando enfermedad y muerte entre indios locales. Según esta historia, los indios enfurecidos siguieron a los emigrantes hasta Mountain Meadows, en donde efectuaron tales atrocidades y forzaron a colonos Santos de los Últimos Días temerosos unirse a ellos para el ataque. La investigación histórica demuestra que estas historias no son exactas. Mientras que es verdad que algunos ganados de los emigrantes morían a lo largo de su trayecto, incluyendo el trayecto cerca de Fillmore, las muertes parece ser el resultado de una enfermedad que afectaba al ganado por aquello años (1850 ) por toda aquella zona. Los seres humanos contrajeron la enfermedad de animales infectados a través de cortes o heridas, o al comer carne contaminada. Sin esta comprensión moderna, la gente sospechó que el problema fue causado por el envenenamiento.

Aumentan las tensiones.

El plan para atacar a la compañía del emigrante, surgió por los líderes locales de la iglesia en la ciudad de Cedar, que había sido alertada recientemente que las tropas de los E.E.U.U. podrían entrar en cualquier momento a través de los pasos del sur de Utah. La ciudad del Cedar era el último lugar de paso en la ruta a California para moler grano y comprar provisiones, pero aquí los emigrantes eran otra vez rechazados. Las mercancías gravemente necesarias no estaban disponibles en el almacén de la ciudad, y el molinero pedía toda una vaca, un precio excesivo, por moler algunas docenas de fanegas de grano. Semanas de frustración iban cada vez a más y en la más absoluta tensión un emigrante dijo tener un arma de las que mataron a José Smith. Otros amenazaron con unirse a las tropas que se acercaban para ir contra los Santos. Alexander Fancher, capitán de la compañía de emigrante amonestó a estos hombres por ese comentario.





Las declaraciones de los hombres eran amenazas ociosas más probablemente hechas en el calor del momento, pero en el ambiente cargado de 1857, los líderes de la ciudad del Cedar tomaron la palabra de algunos hombres en serio. El mariscal de la ciudad intentó arrestar a algunos de los emigrantes con cargos de intoxicación y de blasfemia pública pero fue forzado a echarse atrás. La compañía de carro hizo su salida de la ciudad solamente una hora después, pero los líderes de la agitada ciudad de Cerdar no estaban dispuesto dejarlos marchar sin más. En lugar de eso, planearon c
ongregar a los militantes locales para persuadirlos a perseguir y arrestar a los hombres que les ofendieron y a ser posible cobrarles, con ganado, alguna multa. Lacarne de vaca y el grano eran alimentos previstos por los Santos en el caso que tuvieran que huir a las montañas cuando llegaron las tropas.

El alcalde de la ciudad del Cedar, comandante de la milicia, y presidente de estaca,Isaac Haight, describieron los agravios contra los hombres emigrantes y solicitaron el permiso para pedir ayuda al comandante de la milicia del distrito, William Dame, que vivía cerca de Parowan. Dame era también el presidente de la estaca de Parowan. Después de convocar un consejo para discutir el tema, Dame negó la petición. “No hacer caso de sus amenazas,” Su mensaje fue devuelto a la ciudad de Cedar decíendo “ Las palabras son solo viento y no dañan a nadie; pero si ellos (los emigrantes) cometen actos de violencia contra los ciudadanos me informan inmediatamente y tales medidas serán adoptadas para proporcionarles tranquilidad.” 2
Todavía con intenciones de castigar a los emigrantes, líderes de la ciudad del Cedar formularon un nuevo plan. Si no podían utilizar a la milicia para arrestar a los delincuentes, persuadirían a indios locales del Paiute dar a la compañía de Arkansas “una lección,” matando a alguno o a todos los hombres y robando su ganado.3


Haight asintio, y los dos previnieron que toda la culpa de la matanza recayera sobre los pies de los indios.Los Paiutes generalmente pacíficos, estaban en contra cuando en un principio se les informa del plan. Aunque los Paiutes cogían de vez en cuando alimentos de los emigrantes, no tenían la costumbre de grandes ataques. Pero los líderes de la ciudad de Cedar les prometieron provisiones y les convencieron de que los emigrantes estaban aliados con las tropas “enemigas” quienes matarían a los indios junto con los colonos mormones.
El domingo 6 de septiembre, Haight presentó el plan a un consejo con los líderes locales que ocupaban cargos eclesiásticos, cívicos, y posiciones militares. El plan no se acepto por el consejo en un principio, respondiendo con enojo ante tales planes. Finalmente, los miembros de consejo preguntaron a Haight si él había consultado con presidente Young sobre el tema. Diciendo que no lo había hecho, Haight acordó que mandaría un jinete rápidamente a Salt Lake City con una carta que explicara la situación y preguntara que se debía de hacer

Ahora los conspiradores fueron cogidos en su engaño. Su ataque contra los emigrantes había fallado. Su comandante militar pronto sabría que evidentemente habían desobedecido sus órdenes. Ya de camino a Salt Lake City, pronto llegarían las noticias a Brigham Young. Para entonces un testigo contó todo a la gente del fuerte. Si los emigrantes que aun sobrevivían se marchaban y continuaban su marcha a California, pronto se esparciría la noticia de la participación de los mormones en el ataque. Un ejército ya se estaba acercando a la zona, y si la noticia de su papel en el ataque se supiera, esto daría lugar a una acción militar que amenazaría sus vidas y las vidas de su gente. Además, se esperaba que otro grupo de emigrantes hacia California llegaran a la ciudad de Cedar y por consiguiente a Mountain Meadow.

Ignorando la decisión del consejo.

El 9 de septiembre Haight viajó a Parowan con Elias Morris, que era uno de dos capitanes de la milicia de Haight así como su consejero en la presidencia de la estaca. Buscaron otra vez el permiso de Dame para disponer de la milicia, pero Dame lo llevo a concilio en Parowan, donde dicidieron que debían enviarse hombres para ayudar a los emigrantes a continuar su marcha en paz. Haight más tarde se lamento diciendo, “yo daría el mundo si lo tuviera, si hubiéramos hecho caso del consejo.” 5
Pero, cuando la reunión terminó, Haight y su consejero consiguieron hablar con Dame en privado para compartir con él información que no habían compartido con todos los miembros del consejo: los emigrantes acorralados sabían probablemente que los hombres blancos habían estado implicados en los ataques iniciales. También dijeron a Dame que la mayor parte de estos emigrantes ya habían sido asesinados en el ataque. Esta información causó a Dame, ahora sin los miembros del consejo presentes, repensar su decisión anterior. Desafortunadamente, él dio su brazo a torcer, y cuando la conversación terminó, Haight se marchó con el consentimiento para disponer de la milicia.

Al llegar a la ciudad del Cedar, Haight organizó dos docenas de militares, la mayoría de ellos oficiales, para unirse a otros que ya esperaban cerca de el círculo de carros de Mountain Meadows. Todos los que deploraban la violencia contra su propia gente en Missouri e Illinois, ahora se preparaban para seguir el mismo patrón de violencia contra otros, pero a una escala de mayor mortandad.


Según lo planeado, los niños más jóvenes y herido dejaron el circulo de carros primero, conducidos en dos carros, seguidos por la mujeres y los niños a pie. Los hombres y jóvenes iban de los últimos, cada uno escoltado por un militar armado. La marcha continuó durante una milla o así, y a la señal que ya habían acordado, cada hombre de la milicia se dio la vuelta y disparó al que tenía a su lado, mientras que los indios salieron del lugar donde se ocultaban para atacar a las aterrorizadas mujeres y niños. Los militantes, con los dos primeros carros en marcha, mataron a los heridos. A pesar de los planes de culpar a los indios Paiutes y de todo lo hecho para conseguirlo, Nephi Jonson mantuvo mas adelantes que sus compañeros militantes llevaron a efecto la mayor parte de los asesinatos.

Demasiado tarde

Mensaje de presidente Young en respuesta a Haight con fecha de 10 de septiembre, llegado a la ciudad de Cedar dos días después de la masacre. Su carta informaba de las nuevas noticias sobre que ninguna tropa de los E.E.U.U. alcanzaría el territorio antes de invierno. “Ves como el Señor ha contestado a nuestras oraciones y ha evitado otra vez una preocupación más para nuestras cabezas” escribió.


Los 17 niños restantes, considerados “demasiado jóvenes para contarles nada,” fueron adoptados por familias locales.8 Oficiales del gobierno, recuperando los niños en 1859, los enviaron con miembros de su familia a Arkansas. La masacre se cobro unas 120 vidas y de forma indescriptible afectó las vidas de los niños que sobrevivieron y de otros parientes de las víctimas. Un siglo y medio más tarde, la masacre sigue siendo un tema profundamente doloroso para sus descendientes y otros parientes.Aunque Brigham Young y otros líderes de la iglesia en Salt Lake City aprendieron de la masacre pronto después de ella, su comprensión del grado de implicación de los colonos y los detalles terribles del crimen fueron incrementando con el tiempo. En 1859 relevaron de todos sus llamamiento a presidente Isaac Haight junto con otros líderes prominentes de la iglesia en Cedar que tomaron parte en la masacre. En 1870 excomulgaron a Isaac Haight y a John D. Lee de la Iglesia.

En 1874 un jurado territorial procesó a nueve hombres por su papel en la masacre. La mayor parte de estos fueron eventualmente arrestados, aunque solamente Lee fue juzgado, condenado y ejecutado por el crimen. Las evidencias en el proceso de otro militante dio un giro a las evidencias, y otros se pasaron muchos años huyendo de la ley. Otros de los militantes que participaron en la masacre pasaron el resto de sus vidas bajo un terrible sentido de culpabilidad recordando todos sus dias en pesadillas todo lo que hicieron y vieron.

Las familias de los hombres que dirigieron el crimen sufrieron como gente cercana les condenaban y eran maldecidos. Por décadas, los Paiutes también sufrieron injustamente como otros les culparon por el crimen, llamándoles a ellos y a sus descendientes “hornillas del carro,” “salvajes,” y “hostiles.” La masacre se convirtió en una mancha indeleble en la historia de la región.

Hoy, algunos descendientes de las víctimas de la masacre y allegados son Santos de los Últimos Días. Estos individuos se encuentran en posiciones poco frecuente porque saben lo que se siente al ser un miembro de la igl
esia y un pariente de las victimas. James Sanders es un bisnieto de Nancy Saphrona , una de las niñas que vivieron a la masacre. “Todavía siento dolor; Todavía siento cólera y tristeza por lo que sucedió en la masacre,” dije el hermano Sanders. “Solamente sé que la gente que hizo esto será responsable ante el señor, y eso me trae paz.” El hermano Sanders, que sirve como consultor de historia familiar en su barrio de Arizona, dijo que eso de aprender que sus antepasado había sido matada en la masacre “no afectó mi fe porque esta está basada en Jesucristo, no en cualquier persona en la iglesia.” Sharon Chambers de Salt Lake City es una bisnieta de Rebecca Dunlap, que vivió a la masacre. “La gente que hizo esto había perdido su rumbo. No sé lo que habría en sus mentes o corazones.” dijo. “Siento lo que sucedió a mis antepasados. También siento dolor por haberse culpado, por unos pocos, a un grupo entero, o a una religión entera.”


La masacre de Mountain Meadows ha continuado causando dolor y controversia durante 150 años. Durante las últimas dos décadas, los descendientes y otros parientes de los emigrantes y de los autores han trabajado ocasionalmente juntos en memoria de las víctimas. A estos esfuerzos han colaborado el presidente G
ordon B. Hinckley, funcionarios del estado de Utah, y otras instituciones e individuos. Entre lo aportado a esta causa se encuentra la construcción de dos monumentos en el sitio de la masacre y la colocación de las placas que conmemoraban a los emigrantes de Arkansas. Los descendientes, los líderes y los miembros de la iglesia, y los funcionarios cívicos continúan trabajando por una reconciliación y asistirán, en Mountain Meadows, a varios servicios en memoria de los fallecidos.


1. The book, authored by Latter-day Saint historians Ronald W. Walker, Richard E. Turley Jr., and Glen M. Leonard, will soon be published by Oxford University Press.
2. James H. Martineau, “The Mountain Meadow Catastrophy,” July 23, 1907, Church Archives, The Church of Jesus Christ of Latter-day Saints.
3. John D. Lee, Mormonism Unveiled: The Life and Confessions of the Late Mormon Bishop, John D. Lee (1877), 219.
4. Mormonism Unveiled, 220.
5. Andrew Jenson, notes of discussion with William Barton, Jan. 1892, Mountain Meadows file, Jenson Collection, Church Archives.
6. Brigham Young to Isaac C. Haight, Sept. 10, 1857, Letterpress Copybook 3:827–28, Brigham Young Office Files, Church Archives.
7. James H. Haslam, interview by S. A. Kenner, reported by JosiahRogerson, Dec. 4, 1884, typescript, 11, in Josiah Rogerson, Transcripts and Notes of John D. Lee Trials, Church Archives.
8. John D. Lee, “Lee’s Last Confession,” San Francisco Daily Bulletin Supplement, Mar. 24, 1877.
Axact

Dastin Cruz

Soy de Perú y miembro de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Servi como misionero en el estado de Oaxaca, México. En este blog trato de dar a conocer nuestras creencias y la doctrina de la iglesia, a su vez aclararando temas que en ocasiones son malinterpretados. Hoy debido a toda la información que circula en la red es importante estar informado sobre nuestras creencias, doctrinas e historia a fin de explicarlas con mayor claridad. Agradezco en especial por su apoyo al amor de mi vida, Ana Rosa Lopez Cruz

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